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Y en eso vino la muerte

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La operación estuvo muy bien planeada. Se acusa a un enfermero del hospital de Mazorra de torturador y con la patraña se consiguen tres objetivos.

Primero. Desacreditar al gobierno cubano ante el mundo acusándolo falsamente de emplear torturas diabólicas por medio de electroshock a indefensos presos políticos. Segundo: Poner en duda el prestigio bien ganado ante el mundo del hospital Psiquiátrico de Mazorra que dirige desde hace años el Dr. Bernabé Ordáz, centro médico modelo en su especialidad que ganó recientemente un merecido premio de la Organización Panamericana de la Salud como ejemplo de su clase en todo él continente. Y tercero, y este era el objetivo fundamental, presentar una demanda judicial por daños y perjuicios ante una Corte norteamericana a nombre de los supuestos torturados a fin de reclamar los millones de dólares que quedan de los fondos que el gobierno de Estados Unidos tiene congelados del Estado Cubano.

El expreso político que inició el proceso acusador contra el enfermero Heriberto Mederos fue Eugenio de Sosa Chabau quien dijo haber reconocido al señor Mederos en un asilo de ancianos aquí en la ciudad de Miami. En esa historia había dos verdades. Que Sosa Chabau había conocido a Mederos en Mazorra y que este le había aplicado tratamientos de electroshock. Pero faltaba la tercera verdad. Que el señor Sosa sufría ciertamente de trastornos mentales y que fueron médicos de la cárcel los que ordenaron su traslado al hospital de Mazorra y el tratamiento adecuado. Esta tercera verdad la conocen todos los presos que estuvieron en la cárcel junto al señor Sosa Chabau. ¿Por qué hicieron silencio esos presos ante tamaña injusticia como la de acusar falsamente a una persona inocente de haber cometido un crimen? ¡Allá ellos con su conciencia!

¿Y los otros acusadores? ¿Eran tan importantes como para que se les aplicaran torturas tan crueles? Sin embargo a mas ninguno de los otros prisioneros - muchos de reconocida jerarquía política - que han pasado por las cárceles cubanas han dicho que se le había torturado con electroshock en Mazorra por el enfermero Mederos. Eugenio de Sosa y Chabau no pudo presentar personalmente su acusación contra Mederos ante el Tribunal de Justicia de Miami. Antes se lo llevó la muerte.

Entonces otros ex-presos políticos - todos perfectamente desconocidos - fueron en su lugar ante la Corte y un Jurado encontró culpable al enfermero Mederos. Y querían que este fuera a la cárcel aún a sabiendas de que Mederos estaba enfermo de muerte. No había compasión. ¿Y saben por qué? Porque ya estaba preparado por los abogados de los acusadores el caso civil para reclamar los millones congelados del gobierno cubano como se hizo antes por los familiares de los pilotos de Hermanos al Rescate y de la ex esposa del aviador Roque acusado de espía que se fue para Cuba. Todavía quedaba parte del botín sin repartir.

El destino quiso que Sosa no llegara al juicio para acusar al anciano enfermero. Se interpuso la muerte. Sin embargo de todas formas el acusado fue juzgado y condenado. Pero Mederos no llegó a la cárcel. También se interpuso la muerte.

No podrá haber reclamación de millones posibles. Eso tiene un nombre: ¡Justicia divina!

Max Lesnik

Max Lesnik Periodista cubano sus notas aparecen en La columna de Max. Residente en Estados Unidos desde hace muchos años. Gran conocedor de las relaciones cubano-estadounidenses, dirige un programa en Radio Miami.

 
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