Red Voltaire
Historia de la masacre de octubre en Bolivia

Movilización popular echó a Gonzalo Sanchez de Lozada

El viernes 17 de octubre, al final de la tarde, Gonzalo Sánchez de Lozada huía de Bolivia dejando tras de sí más de 70 muertos y centenares de heridos y mutilados. Al no tener valor para enfrentar a la población y presentar su renuncia en el Congreso, a tiempo de escapar mandó una carta que fue leída en medio de silbatinas y feroces discusiones en el Palacio Legislativo. Posteriormente, asumió la presidencia Carlos D. Mesa, quien hasta ese día fuera su vicepresidente. Así se cerró uno de los episodios más trágicos que tuvo que vivir Bolivia desde su retorno a la democracia en 1982.

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Foto : Sebastian Hacher

El fin del mandato de Gonzalo Sánchez de Lozada, quien debía gobernar hasta agosto de 2007, fue precipitado por un paro cívico-vecinal organizado en la ciudad de El Alto (muy próxima a La Paz, la sede de gobierno), que comenzó el 8 de octubre, en rechazo a las intenciones del gobierno de vender el gas natural a EEUU y México. Sánchez de Lozada, lejos de atender esta demanda popular, ordenó al ejército reprimir duramente todas estas movilizaciones.

La brutalidad con que el gobierno reprimía en El Alto devino en una masacre cuya cifra de muertos y heridos se incrementaba día tras día de manera escalofriante. Para el 15 de octubre, lo que había comenzado como una movilización vecinal en la ciudad más joven y más pobre de Bolivia, se convirtió en una rebelión nacional que exigía la renuncia inmediata del presidente. Bloqueos de caminos, manifestaciones y huelgas convulsionaban al país que comenzaba a sufrir los rigores de la movilización. Los mercados desabastecidos dejaron en zozobra a una población que poco a poco se fue sumando a las movilizaciones. Las organizaciones que salían a las calles eran la Central Obrera Boliviana, la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia, las Coordinadoras del Agua y del Gas, el movimiento cocalero, estudiantes universitarios, pero sobre todo el pueblo en general, los vecinos que salían a luchar organizándose en sus barrios.

Por toda respuesta, el gobierno intentaba confundir a la población declarando que todavía no existía proyecto para vender el recurso natural, mientras sumía al país en una escalada de terror que sólo se había visto en las más cruentas dictaduras : Atentados contra radioemisoras que difundían información sobre la masacre ; secuestros indiscriminados ; amenazas de muerte a periodistas y activistas de derechos humanos ; periódicos confiscados ; calles militarizadas ; masacres. Así vivió Bolivia los últimos días del régimen Sánchez de Lozada.

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Foto : Sebastian Hacher

Lejos de controlar la situación, la violencia gubernamental despertó la indignación de todos los sectores sociales del país. El jueves 17 las clases medias, los intelectuales y artistas de las ciudades iniciaron piquetes de huelga de hambre, sumándose a la movilización general. Al mismo tiempo, campesinos y mineros se acercaban a la ciudad de La Paz enfrentándose al ejército de manera decidida aunque en condiciones desiguales. Salvo los empresarios privados, todo el país exigía la renuncia del presidente.

El poder y la caída

Pese a todo, Sánchez de Lozada seguía empeñado en no renunciar. En declaraciones realizadas a CNN calificó al movimiento nacional como un golpe de estado del «narco sindicalismo», minimizó los hechos llegando a afirmar que en los últimos días no hubo muertos ni héridos. Pero ya eran pataleos de ahogado. A esas alturas, incluso su vice presidente, Carlos Mesa, anunció públicamente que le quitaba apoyo.

El viernes 17 el país se encontraba totalmente paralizado e incomunicado. En la ciudad de La Paz una manifestación de aproximadamente 50 mil personas cercaba el Palacio de Gobierno todavía resguardado por tanques militares. Según el relato de periodistas de la radio Erbol, no se había visto una movilización tan grande ni siquiera en la Revolución de 1952. Arrinconado y abandonado decidió emprender la huída a EEUU mientras en el Congreso alistaban la sucesión presidencial en la persona de Carlos Mesa. Al igual que Fujimori, Sánchez de Lozada envió su renuncia por carta para que fuera leída en el Congreso, ya que no tuvo el valor de asumir la responsabilidad por los más de 70 muertos que dejaba en las calles de El Alto. Las multitudes que dominaban las calles de La Paz comentaban enfurecidas: "el gringo se fue a su patria".

¿Por qué le dicen gringo?

A Gonzalo Sánchez de Lozada le gusta ser llamado por el apócope de Goni (diminutivo de su nombre de pila), pero para la mayoría de los movilizados en las jornadas de octubre sólo era "El gringo", este denominativo se debe a su español deformado por el inglés que aprendió en EEUU, donde creció y vivió gran parte de su vida.

El ex presidente nació en 1930, en el seno de una acaudalada familia, propietaria de extensas plantaciones y vinculada al Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), que en 1952 impulsó la llamada Revolución del 52. Esta revolución tuvo entre sus principales logros a la Reforma Agraria, que devolvió las tierras expropiadas a los campesinos y la Nacionalización de las Minas.

Gonzalo Sánchez de Lozada debuta en la vida política como diputado del MNR de 1979 a 1980. Vuelve al parlamento de 1982 a 1985 y luego es elegido senador y Presidente de la Cámara Alta del Congreso boliviano. Al año siguiente, en el gobierno de Víctor Paz Estenssoro (MNR) ejerció el cargo de ministro de Planeamiento y Coordinación, desde dónde diseñó el decreto 21060, que paró la inflación, pero que acabó con todos los principios por los cuales había luchado su partido en 1952. Ese año de 1986 Bolivia entró a la economía neoliberal.

En 1993 asume por primera vez la presidencia, logrando un histórico 32 por ciento de los votos. Gracias a una alianza con otros partidos políticos logra lo que luego se conocería como "gobernabilidad" es decir la suficiente cantidad de parlamentarios como para no tener ninguna oposición que pueda frenar sus medidas. Gracias a esa mayoría es que pudo aprobar las, así llamadas por el pueblo "Tres leyes malditas" : Ley de Participación Popular, Reforma Educativa y la Ley de Capitalización. Por medio de esta última entregó al capital transnacional las empresas más importantes que poseía el Estado : ENDE (electricidad), ENFE (ferrocarriles), YPFB (hidrocarburos), ENAF (siderurgia), ENTEL (telecomunicaciones) y LAB (aerolínea). Los debilitados sindicatos de entonces intentaron oponerse, pero Goni Sánchez utilizó la fuerza militar para ahogar cualquier oposición.

De la silla presidencial al exilio dorado

El 2002 retorna al poder, esta vez con un 22 por ciento de votos, seguido muy de cerca por el Movimiento Al Socialismo, del dirigente cocalero Evo Morales. Para llegar a la silla presidencial nuevamente tuvo que recurrir a las alianzas pero esta vez no logró armar la misma mayoría parlamentaria y su accionar se vio limitado ; en parte también a que la fuerza opositora del parlamento estaba integrada por los movimientos sociales que el año 2000 protagonizaron algunas exitosas luchas en contra del modelo neoliberal.

Siguiendo el mandato del FMI, en febrero lanzó un impuesto a los ciudadanos. La medida fue rechazada por diversos sectores de la población y finalmente fue abortada por un motín policial y la acción de movimientos sociales organizados. Esta oposición fue violentamente reprimida y es conocida como "La masacre del 12 y 13 de febrero", en ella perdieron la vida al rededor de 30 personas.

La "masacre de febrero" puso en evidencia la debilidad del gobierno. Ya en esa época se comentaba que Sánchez de Lozada no llegaría al final de su mandato, sobre todo porque todavía le faltaba intentar llevar adelante una medida más, la más sensible de todas : la venta del gas natural. Este fue un proyecto secreto por el cual se cedía a la transnacional Pacific LNG la explotación del gas para exportarlo a EEUU y México.

Los desastrosos resultados que presentaron las empresas capitalizadas en su anterior gobierno, sumado a un despertar de la conciencia nacional en torno a la conservación de los recursos naturales crearon una fuerte oposición a esta medida. Meses de infructuosos intentos de diálogo y la soberbia con que el gobierno ocultaba la información y seguía adelante con esta venta provocaron que el 19 de septiembre comenzara la primera gran movilización contra la venta del gas. El resto es historia conocida. Ahora, el ex presidente ha fijado su residencia en EEUU donde recibió la solidaridad del Departamento de Estado.

El sucesor de Goni

Carlos Mesa, antes de asumir la vice presidencia el 6 de agosto de 2002, era un conocido y respetado periodista e historiador. Documentales y recuentos históricos como la serie «Detrás de las noticias» han marcado época en la televisión nacional. Junto a otros periodistas creó PAT (Periodistas Asociados Televisión), donde en más de una ocasión utilizó su tribuna para defender las «bondades» de la capitalización y las reformas que llevó adelante Gonzalo Sánchez de Lozada, a quien también decía admirar.

El 17 de octubre fue posesionado presidente de la República. En su discurso anunció realizar un referendum para que la población defina el destino del gas, así como una revisión a la Ley de Hidrocarburos. Se comprometió en trabajar para llevar adelante una Asamblea Constituyente, mediante la cual todos los sectores sociales del país trabajen en el rediseño de la República y pidió al Congreso que su gobierno sea transitorio y que en poco tiempo se llame a nuevas elecciones para asegurar la transparencia y legitimidad de la presidencia. Por su parte, dirigentes de los movimientos sociales como Evo Morales y Jaime Solares (máximo ejecutivo de la Central Obrera Boliviana) respaldaron plenamente al nuevo presidente, aclararon que no van a formar parte del gobierno, pero enfatizaron que vigilarán el cumplimiento de las demandas que llevaron a la población a movilizarse y por las cuales han perdido la vida más de 70 ciudadanos.

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