No es muy alto y en su figura, un poco regordeta, es notoria la rigidez, esa actitud de quienes ahorran hasta el más mínimo ademán para no parecer personas banales. Su cara redonda, de ojos pequeños y achinados, con cejas algo separadas, demuestra toda la severeridad de la que es capaz. Así se presenta el «Virrey» Manuel Rocha frente a los medios, en cualquier acto público. Los últimos dos años, y él dice que son los últimos de su carrera diplomática, ha participado activamente de la vida política boliviana... como hizo en la argentina, la cubana y la centroamericana.

Recordando al vuelo trozos de su «brillante» carrera, podemos verlo como agregado político militar de la embajada estadounidense en Honduras la segunda mitad de los años ochenta... financiando la guerra de la Contra desde ahí y promoviendo los desplazamientos forzosos de campesinos hondureños (que costaron bastantes vidas, de acuerdo a los informes de derechos humanos): todo un señor de la Guerra de Baja Intensidad. O en Cuba en 1992, a cargo de la Oficina de Intereses de EEUU pagando a los anticastristas para diversas acciones de desestabilización del gobierno de Fidel Castro en lo peor del Periodo Especial.

Y más recientemente, en Argentina, donde se hizo cargo de la embajada tres años como Encargado de Negocios... dedicándose a minar el sistema productivo y comercial de ese país y promoviendo rupturas en las medidas de protección nacional argentinas a la industria ("abriendo mercados", diría él), por lo que seguramente debe tener mucho qué decir sobre la actual crisis económica en ese país, de donde salió afirmando cínicamente: «Soy extremadamente optimista con respecto al futuro de la Argentina...», unos meses antes de que comenzara la debacle.

Las listas negras del señor Rocha

Bueno, amables lectores, éste es el singular personaje que vino a Bolivia a continuar su misión. Desde que llegó se ha comportado con prepotencia y ha amenazado a cualquiera que se le oponga. Pero por ahora nos ocuparemos de él por lo que hace a sus peculiar visión sobre los líderes populares bolivianos: el 2 de diciembre de 2001, durante su participación en una conferencia sobre seguridad organizada por la Presidencia de Bolivia, el Virrey Rocha dijo que Felipe Quispe, el Mallku, y Evo Morales eran terroristas y estaban dentro de la famosa lista negra de los Estados Unidos (la que se hizo luego del 11 de septiembre). Luego, en febrero pasado, estuvo detrás de las operaciones con las que los políticos tradicionales expulsaron a Evo del Parlamento (¿recuerdan los sucesos de Sacaba?).

Con todo, esa expulsión fue más una ayuda que un castigo para el líder cocalero, su popularidad creció... pues ser perseguido por el gobierno gringo siempre deja algún prestigio. Pero el «Virrey» no mantuvo la boca cerrada... y cada vez que decía alguna cosa los puntos porcentuales de intención de voto para el MAS crecían.

Dos cosas notables hizo sin querer Manuel Rocha por el MAS. La primera, claro, presionar para la expulsión de Evo. La segunda fue una serie de declaraciones de marzo a junio, como la del 26 de marzo, cuando declaró ante los medios bolivianos que ellos (y se refería al gobierno de Estados Unidos) no iban a apoyar a una persona que no quería ayuda (hablando sobre el próximo Presidente de Bolivia). «Nunca fuerzo a una dama a bailar tango si no quiere bailar conmigo», terminó enfático el Virrey. Todos y cada uno de los candidatos de los partidos tradicionales de Bolivia fueron en algún momento a ver al «Virrey» para pedirle su apoyo. Manfred Reyes Villa, de Nueva Fuerza Republicana, viajó incluso a Miami para ver a los republicanos cubanos y a Washington para entrevistarse con Otto Reich en el Departamento de Estado. Ninguno de estos políticos tradicionales sumisos ante la Embajada quería tener un debate con Evo Morales («Es un partido chico», solían decir los organizadores de foros y debates). Así que el tono de los discursos subió. El 17 de junio, luego de una gira por el oriente del país, Evo dijo ante los medios que no le interesaba debatir más con los partidos neoliberales; «yo lo que quiero es debatir con el embajador Rocha... prefiero discutir con el dueño del circo, no con los payasos». Con este ambiente, la última semana de campaña todas las encuestas, incluso las de los otros partidos, daban ya al MAS el tercer o cuarto lugar, con 16 por ciento de los votos. Pero Manuel Rocha no quiso quedarse alejado del asunto... el 26 de junio, cuatro días antes de la elección, viajó a Chimoré, entre los militares y mercenarios pagados por EEUU que luchan contra el narcotráfico y frente al Presidente Tuto Quiroga, dijo: «El electorado boliviano debe considerar las consecuencias de escoger líderes de alguna manera conectados con el narcotráfico y el terrorismo».

Todavía hoy, a tres semanas de la elección, se siguen sopesando las palabras de Manuel Rocha; mientras él, a menos de un mes de irse definitivamente de Bolivia, sigue haciendo declaraciones en contra de Evo.

Y no tendría porque ser de otro modo, Rocha ha ejercitado a la perfección su rol, ya no de embajador ni diplomático, sino de «Virrey», con todas las arbitrariedades que permite esa distinción, entre ellas insultar al pueblo boliviano con el aval de la clase política tradicional, que, para más señas, lo terminará premiando con el Cóndor de los Andes.

Nota. Este artículo fue publicado originalmente por la revista Narco News

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La guerra entre Manuel Rocha y el MAS

Sergio Cáceres

La política de Estados Unidos al seleccionar a sus embajadores para países considerados conflictivos como el nuestro se reduce a una fórmula muy simple: elige a personas ligadas a sus organismos de seguridad. Según aseguran otros diplomáticos que prestan servicios en Bolivia, Manuel Rocha estaría ligado a la fuerza antidrogas norteamericana más conocida como la DEA. Eso explicaría sus extrañas correrías detrás del financiamiento a los contras nicaragüenses durante los ochenta y también la "persecusión" que ejerció sobre el líder cocalero Evo Morales. Claro, después de tantos años de lucha, también Evo Morales y los suyos desarrollaron toda una estrategia para enfrentarse a Manuel Rocha. En uno de los números del periódico Soberanía (el vocero del MAS) del 2001, un dirigente dijo con inusitada agresividad que el embajador era un indio resentido y que por eso era violento y peligroso.

Posteriormente, a fines de mayo, los encargados de la campaña de medios del MAS pusieron en el aire un spot -que fue calificado por La Razón y por otros medios como muy original- donde una empleada doméstica decía que ella iba a votar por Evo Morales "para que ni el Rocha ni la Embajada ni los políticos corruptos nos humillen más".

La temperatura iba subiendo hasta caldearse al máximo cuando el 20 de junio apareció en las paredes de La Paz, Cochabamba y gran parte del Altiplano un curioso afiche -reproducido como ilustración por el semanario Pulso-que interpelaba a los votantes: "Boliviano, tú decides quién manda: Rocha o la voz del pueblo".

La guerra estaba declarada, el escenario era preciso, Rocha respondió de manera brutal el 26 de junio y llamó a la gente a no votar por Evo Morales, delante del Presidente Tuto Quiroga, que no quiso decir nada en favor de la dignidad de los bolivianos. Ese silencio acusador quedará como una mácula en el futuro político de Tuto. En todo caso, esas imágenes con la voz del embajador vejando la dignidad del pueblo boliviano, con un Jorge Quiroga al costado que se hace el desentendido, quizás lleguen a editarse en la próxima campaña electoral para mostrar el grado del sometimiento que mostró este político ante el poder de la Embajada. Ya lo veremos.

La persecusión de Rocha ¿Favoreció o perjudicó al MAS?

Walter Chávez

El llamado a no votar por Evo Morales ha sido entendido de diversas maneras por los analistas y la opinión pública boliviana. Asímismo se han tejido diversas hipótesis sobre el porqué Manuel Rocha se animó a hacer esa declaración. Incluso Jaime Paz llegó a decir que entre el embajador y Evo Morales hubo un complot para restarle votos a la «izquierda democrática», o sea a él.

El periodista Mario Espinoza (PAT) afirma que según una encuesta encargada por su medio, la declaración de Rocha no tuvo ninguna incidencia en el voto favorable que recibió Evo Morales. Quizás esto sea lo más cierto, pues los resultados electorales demuestran que el MAS obtuvo una gran votación en los sectores urbano marginales y no así en la clase media, que es la más proclive a formar su opinión según los medios y es la más temerosa del mandato de la Embajada. Por otra parte, ya se sabe que la votación rural -esa que probablemente ni se enteró de lo que dijo Rocha- es la que terminó colocando a Evo Morales en el segundo lugar. Es decir, que las declaraciones del líder del MAS agradeciéndole al embajador por haber sido su «jefe de campaña» pueden quedar como meras anécdotas del pintoresquismo electoral.

En lo que sí perjudicó enormemente el embajador Manuel Rocha a Evo Morales fue imposibilitándole la llegada a la Presidencia. El propio jefe de la NFR, Manfred Reyes Villa, reconoció en un programa de la Red Bolivisión que Manuel Rocha le sugirió que no formé ninguna alianza con el MAS. Es decir, para el embajador y para el gobierno de EEUU estaba muy claro: no pudieron evitar la votación a favor del MAS, pero si podían hacer que esa votación sea inútil. Evo no podía llegar a ser presidente, ellos lo impedirían pidiendo a los otros partidos sumisos que no voten por él en el Congreso. Por eso, Manuel Rocha declaró a la CNN que Evo Morales y Felipe Quispe, aun con su 21 y 6 % de votos, estaban aislados. Paradójicamente, fue el propio Evo el que aportó a este aislamiento mostrándose intransigente e inútilmente radicalizado los días posteriores a la elección. Cierto, las bases le pedían que no traicione su voto, pero él entendió eso como un mandato para no negociar el poder que tenía -pudo negociar sin traicionar- y así acceder a la Presidencia. En esto, Evo Morales se dejó llevar por la lógica sindical, la razón primaria del enfrentamiento y la descalificación de los otros líderes que podían convertirlo en Presidente, y no quiso dar el primer paso en la construcción de nuevos escenarios políticos en los que el MAS pueda participar como un actor más, dejando de ser un apestado de la política, como quieren Manuel Rocha y parte de las élites. Finalmente, Evo se automarginó del sistema político, bajo la ilusión de que manteniendo ese perfil radicalizado y opositor al máximo podrá volver con más votos el 2007. Una apuesta demasiado arriesgada. Así lo entendió Felipe Quispe cuando le reclamó desde las páginas de Pulso: Evo no seas marako, negocia pues.