En el año 2005 quieren introducir el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), un plan que va a afectar a 800 millones de personas en 34 países. Aunque sus arquitectos lo presenten como un plan para fortalecer la prosperidad y la democracia, el ALCA apunta a todo lo contrario. Un estudio minucioso del ALCA debería llevarnos a la conclusión de que no se lo puede permitir. Aquí van diez razones.

1. El alca nace de un proceso antidemocrático

La mayoría de la población del continente americano no sabe qué contiene el ALCA aunque su vida va a ser afectada por este plan. La razón para eso es que el ALCA se está preparando a escondidas: Las negociaciones que empezaron en el año 1994 se llevaron a cabo en secreto y el primer borrador sólo se publicó después de seis años de negociaciones. El ALCA va a afectar a unas 800 millones de personas en 34 países, éstas, sin embargo, no han sido ni informadas ni consultadas al respecto.

Se pretende que con el ALCA se fortalecerán las democracias en Latinoamérica. Que no es así, ya se ve en el hecho de que sus arquitectos sienten la necesidad de excluir a la gente afectada de las negociaciones.

2. El alca expande un desastre comprobado

El ALCA es esencialmente la expansión del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC-AN) que entró en vigor en enero del año 1994 en Canadá, EEUU y México. Pero este TLC ha probado ser una pesadilla para las familias campesinas, trabajadoras y el medio ambiente. Muchas empresas se han desplazado de las zonas donde los trabajos deben cumplir normativas regulatorias de salarios, es decir EEUU y Canadá, a México donde los salarios son más bajos, y las dirigencias sindicales han sido quebradas con amenazas de transferir la producción a otros países. Este proceso se acelerará con el ALCA a medida que las corporaciones presionen con despidos a los trabajadores de un país y los pongan en contra de los trabajadores, aún más desesperados, en países más pobres.

Los trabajadores sufrirán igualmente en todos los países del ALCA, tanto en EEUU como en Latinoamérica. En Estados Unidos, desde el principio del TLC, se han perdido unos 400,000 empleos porque muchas empresas se han trasladado a México. También cerraron ilegalmente un 90 por ciento de 400 empresas cuando los empleados empezaron a organizarse para exigir el cumplimiento de sus derechos laborales. En México, mientras tanto, aumentó la pobreza: unos 8 millones de familias se han desplazado por debajo de la línea de pobreza desde el inicio del Tratado de Libre Comercio.

3. La apertura de los mercados quiebra a los pequeños productores

Con el ALCA se van a eliminar las barreras al comercio. Por ejemplo, los impuestos a los productos importados. De esta manera, pretenden los promotores del ALCA, que va a haber libre competencia entre todos los productos. La eliminación de las barreras al libre comercio, sin embargo, significa que los grandes productores tienen muchas ventajas mientras se reduce la posibilidad de los pequeños de vender sus productos. Por ejemplo, pueden ingresar a Bolivia libremente los productos agrícolas de otros países, como las manzanas de Chile o las papas de EEUU, y ya no tienen que pagar impuestos. Las papas de EEUU son mucho más baratas que las de Bolivia: un productor allí que tiene un terreno de 100 hectáreas puede producir unas 500 toneladas de papas por hectárea al año, usando químicos y a veces semillas transgénicas. Y como recibe subsidios del gobierno, puede vender sus papas muy baratas. Los productores bolivianos cultivan en unas pocas hectáreas, no tienen subsidios del Estado, y su cosecha es de alrededor de 5 toneladas de papas por hectárea. Si entran las papas estadounidenses al mercado boliviano sin impuestos, los campesinos bolivianos ya no van a poder vender sus productos.

La eliminación de barreras al comercio no lleva a una competencia de iguales, como pretenden los promotores del ALCA. Mientras las empresas transnacionales pueden producir y vender donde quieran, los pequeños productores ya no pueden competir.

4. Los países pobres van a perder la soberanía y seguridad alimentaria

¿Qué pasa si los campesinos bolivianos dejan de producir papas? O bien migran a la ciudad o al extranjero en búsqueda de trabajo, o bien empiezan a producir otros productos que tengan un mercado. Como en el Ecuador, donde muchos campesinos empezaron a cultivar flores para la exportación a los EEUU. De esta manera dejaron de producir lo que se consume en el Ecuador, y el país se está haciendo cada vez más dependiente del extranjero. Si baja el precio o la demanda de flores, o si sube el precio de los productos importados, la población del país ya no va a tener la capacidad de comprar lo que necesita para alimentarse. Con el ALCA se va a perder la soberanía y la seguridad alimentaria.

5. Vamos a perder nuestros derechos fundamentales

En el ALCA los servicios básicos como el suministro de agua y electricidad, la educación o la salud se ven como mercancías. Según el ALCA la competencia de las empresas privadas es más importante que los derechos básicos. Por eso, los Estados tienen que eliminar las subvenciones que permiten que la educación y la salud sean gratuitas o, por lo menos, baratas. Con el ALCA, los que tienen suficiente dinero siguen teniendo acceso a estos servicios, mientras cada vez más gente va a perder los derechos básicos.

Esta política afectará a todos los sectores de servicios como los de agua, energía, museos, correos, bibliotecas, transporte, y muchos otros sectores. Según el ALCA, todos los servicios tienen que abrirse a la libre competencia.

6. Subordinación a las transnacionales

El ALCA quiere fomentar y proteger la inversión privada. Si una empresa extranjera dice que por las leyes laborales o de protección del medio ambiente en Bolivia se han «reducido sus ganancias», puede llevar al Gobierno Boliviano a un juicio y exigir indemnización. El gobierno se verá obligado a pagar.

El ALCA, para proteger la inversión privada y las ganancias de las empresas transnacionales, quiere acabar con las leyes de protección laboral y del medio ambiente. Las reglas del ALCA estarán encima de las leyes nacionales.

Eso ya pasó en México, después de que entró en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte: La empresa estadounidense Metalclad inició un juicio contra el Gobierno Mexicano cuando el Estado de San Luis de Potosí le negó el permiso de reabrir sus instalaciones porque contaminaban el agua potable. El tribunal obligó al gobierno mexicano a pagar 18,7 millones de dólares por las «pérdidas» que había sufrido Metalclad.

En el caso de Cochabamba, las movilizaciones de la población durante la llamada «Guerras del Agua» lograron la reversión de la venta del agua a la transnacional Bechtel, y en seguida ésta exigió una indeminización de 25 millones de dólares. Según el ALCA, el gobierno debería pagar esta suma. El hecho de que la privatización causó un aumento de precios ocasionando que mucha gente ya no podía consumir agua, ya no se tomaría en cuenta.

7. «Propiedad intelectual»

Según el ALCA se pueden hacer patentes sobre plantas, microorganismos o dibujos. Si las semillas o la medicina tradicional están patentadas, hay que pagar por el uso de estas semillas o la medicina al «dueño» de la patente. Así se pierde el derecho de usar semillas y el conocimiento tradicional, como ya pasó con algunas variedades de quinua.

El ALCA expandiría las reglas del TLC-AN referentes a los monopolios patentados en todo el hemisferio. Esto quiere decir que las compañías con patentes en un país tendrán el derecho exclusivo de comercializar sus productos en todos los países americanos excepto Cuba. Las reglas sobre propiedad intelectual son especialmente importantes para la industria farmacéutica, quienes usan las regulaciones para impedir que los países produzcan versiones de bajo costo de medicamentos genéricos. Pero una mayoría de los más pobres en el mundo no pueden acceder a los medicamentos producidos en las compañías estadounidenses por sus altos costos de comercialización monopólica; como resultado, el ALCA agravará la crisis de epidemias como VIH/SIDA y la tuberculosis entre otras.

8. Medio ambiente

Según el ALCA, ningún país puede prohibir las actividades de una empresa por razones medioambientales si no demuestra con «certeza científica» que esa actividad o su producto son dañinos. Es decir, los Estados tienen que probar el daño que hacen las empresas, lo que a veces sólo se ve después de años.

Muchos países talan sus bosques, sobreexplotan sus aguas y los recursos naturales para ganar dinero en el mercado internacional. Desde la introducción del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica, el corte de celulosa ha aumentado dramáticamente, y sólo en el estado mexicano de Guerrero, el 40 por ciento de los bosques ha sido devastado en los últimos ocho años. La consecuencia es la erosión del suelo y la destrucción del habitat de la zona.

9. Transgénicos

Ejecutivos comerciales estadounidenses están tratando de forzar a otros países a aceptar los organismos genéticamente modificados (OGMs) o transgénicos. Tradicionalmente, los campesinos han guardado sus semillas año tras año, pero ahora las corporaciones multinacionales están comercializando y promoviendo semillas genéticamente modificadas que son estériles, y por lo tanto no se pueden usar el año siguiente. Los agricultores serán forzados a comprar nuevas semillas cada año lo que los empuja a una dependencia total de las transnacionales.

Ningún gobierno va a tener derecho a impedir el ingreso de los transgénicos. Eso sería poner nuevas barreras al libre comercio, y las transnacionales podrán llevar a un gobierno al juicio por reducir sus ganancias. Que se pierdan las semillas tradicionales y la variedad de plantas como consecuencia del cultivo de transgénicos, según el ALCA, no da derecho a limitar o prohibir el uso de semillas transgénicas.

10. Militarización de Latinoamérica

La expansión del libre comercio será acompañada por una militarización de Latinoamérica. Mientras la pobreza está creciendo y unas pocas transnacionales aumentan sus ganancias, los EEUU extienden sus bases militares en los países latinoamericanos bajo el pretexto de la lucha contra el narcotráfico y la lucha contra el terrorismo. Actualmente existen una treintena de bases militares estadounidenses en América Latina.

No es casualidad que la presencia o actividad militar se lleve a cabo en lugares donde existe riqueza en recursos naturales o donde hay movimientos sociales fuertes que se oponen a la política neoliberal. Así afecta el «Plan Colombia» -que los EEUU apoya con 1,165 millones de dólares principalmente dedicados al aspecto militar- en la región de Putumayo, entre otras, que tiene riqueza en petróleo y donde la guerrilla FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias Colombianas) dificultan la explotación petrolera por su actividad militar. Y una nueva base militar estadounidense se encuentra en el Ecuador, donde en los últimos años los movimientos indígenas se levantaron varias veces en protesta contra la política neoliberal y expulsaron a dos presidentes de la República. La militarización del Chapare está en el mismo contexto: Precisamente son los cocaleros de esta zona quienes en los últimos años se erigieron en una fuerza social importante. Además en esta región empieza la cuenca del Amazonas, una de las regiones más ricas del mundo en recursos naturales y en biodiversidad.

La creciente militarización de Latinoamérica sirve para garantizar la libre explotación de nuestros recursos naturales y restringir las barreras que le ponen los movimientos sociales.