En la cuenta regresiva la estela de la campaña electoral está evidenciando de muchas maneras nuestras virtudes y carencias. Una de éstas es la asombrosa mediocridad del intelecto. Cuando el centro de la atención de los problemas debería ser el programa liberador, alternativo al neoliberalismo versus las propuestas neoliberales, todo se está centrando en las personalidades, sus gustos, sus poses y posesiones. Y no está mal que se ubique el origen de tanto insulto a la pobreza: narcotráfico, evasión de impuestos, licitaciones autoadjudicadas, contrabando, robo de dineros destinados al auxilio de poblaciones, etc., etc. Pero todo esto, que es el condimento, se ha convertido en el plato fuerte de la campaña electorera. Es una forma de desactivar el análisis científico de lo que sucederá en los próximos años. Por tanto es una forma de no encontrar soluciones y sólo proponer parches como lo entiende la mayoría de la gente y como ya lo experimentan varios pueblos de nuestra geografía americana.

No es sólo en Bolivia donde el déficit intelectual se hace sentir. Por ejemplo, era previsible el movimiento campesino-militar que derrocó a Yamil Mahuad en Ecuador; también los sucesos en Perú con Fujimori y el actual Toledo; o el golpe fascista que se ejecutó en Venezuela y que sigue gestando la derecha con ayuda externa porque aún no se han saldado cuentas. Sin ser economista, ni sociólogo ni analista político, ni vidente yo escribí en el Deber hace casi dos años «ni la suma de Cavallo, Menem y de la Rua, podría definir la crisis que se avecina en Argentina». Cualquiera con sentido común, sin la camisa de fuerza mental que impone la parcialidad partidista podría y puede deducir las consecuencias de la crisis, que es económica y que tiene el fuerte componente político desde las cúpulas del gobierno norteamericano, FMI, OMC, G-7 y también la UE liderada ahora por Aznar.

Cualquiera… pero los teóricos, los llamados a producir intelectualidad, quienes deberían sentirse obligados a centrar la discusión en un proyecto liberador, excluyen estos temas del debate. Y esto ya es un tributo deliberado a la destrucción del pensamiento político independiente. Y aquí hay que subrayar la no culpabilidad de Washington, pues Bush hace lo que tiene que hacer. Son los teóricos locales y, en particular, los candidatos presidenciables, quienes se bajan los pantalones… y eso ya no es culpa del imperialismo.

Así lo demuestran los foros convocados por cámaras, confederaciones y corporaciones que se autoinvitan en clara vocación rosquera, antidemocrática y excluyente (perdonen la redundancia). La labor de algunos periodistas objetivos se ve minimizada por la lluvia de noticias destacadas por el proceso electoral y embarradas por el afán de cazar votos. Los teóricos se entretienen con cábalas o con sus bolas, me refiero a las de cristal, queriendo adivinar o torcer algunos resultados que ya son previsibles. El neoliberalismo va a ganar las elecciones. No en la variante más coherente y clara, sino en la más tortuosa y dulzona. Esto es lamentable para ellos en primera instancia. Anuncia nubarrones e incertidumbres para el resto.

Sin embargo aparece una opción que es clara y que está en proceso de construcción. Por lo menos tiene los pilares nítidos sobre los que se debe construir un país: autodeterminación, participación de los factores productivos, política internacional de sobrevivencia en cooperación con los pueblos hermanos por naturaleza. Es decir no se ofrecen pegas, ni bonos, ni parches. Sí de desprendimiento por el futuro de educación, salud y trabajo para todos; por un país soberano. ¿Utopía? Claro que sí, porque es aquello que aún no hemos realizado.

Evo, no es un caudillo, es el dirigente que mejor interpreta a los más necesitados: aquellos que deben procurar lo mínimo necesario para subsistir y aquellos que necesitan encontrar el cauce para abrir más espacios a un proyecto postneoliberal. Ambos sectores estamos muy necesitados. Por ahora los más parecerían esperanzados en las promesas y tienen sus candidatos neoliberales. Por ahora los menos tenemos una proyección en el MAS. Así van las cosas MAS o menos… por ahora.