Los lectores de El Juguete Rabioso y de La Prensa (suplemento Fondo Negro) saben que hace algunas semanas denunciamos dos rotundos plagios cometidos por gente relacionada a la revista Crash, publicada por la Editorial Eureka. Luego del susto primero, luego de ensayar maniobras distractivas, los directivos de Eureka -los hermanos Fernando, Sergio y Marianee Molina-, se rindieron ante la fuerza de los hechos y las pruebas, aceptaron públicamente que su revista había plagiado, cambiaron al director, prescindieron de algunos colaboradores y ordenaron destruir su segundo número.

Como contraparte de su estrategia, para salvar el nombre de su empresa, empezaron una sostenida campaña contra nuestro periódico. En recientes cartas repartidas a Pulso, La Prensa (Fondo Negro) y otros medios dicen explícitamente que su revista vuelve a circular a pesar de las inquinas de El Juguete Rabioso, etcetera, etcetera.

Ciertamente la psicología del plagiario siempre es compleja; tiene que ver con la hipocresía, la ventaja, la mediocridad y el mal gusto. Y los hermanos Molina se han proyectado como magníficos clones de esta tipificación. Después de hacer todo lo posible por desviar la atención de la opinión pública, después de ensayar una explicación leguleyesca sobre lo que, cerrando los ojos a las pruebas, ellos llamaban «supuesto plagio», terminaron aceptando que hubo «copias de originales extranjeros» y recargaron la culpa sobre el director de la revista. Siguiendo el ejemplo judaico, le dieron el beso en la mejilla a Juancho, lo crucificaron públicamente, la culpa fue de él y sólo él. Ellos, que el día de la presentación de la revista en Equinoccio, asumieron el protagonismo central, esta vez dijeron que no sabían nada, que habían sido sorprendidos, que estaban siendo acusados por periodistas irresponsables y envidiosos. Algo parecido a lo que suelen decir los delincuentes primarios: hubo un crimen en mi casa, pero yo no sé nada. me sorprendieron en mi buena fe... me acusan por envidia, porque son malos... ¿Alguien podría envidiar los logros -los magníficos plagios- de Crash, de la Editorial Eureka? Y conociendo la cantidad de sal que llevan en la mollera, ¿Alguien podría tener celos de la performance intelectual de cualquiera (o de todos juntos) de los hermanos Molina?

Aquí hay que poner en claro todo. Desde El Juguete no hay ninguna inquina contra la gente de la editorial Eureka, así que sus publicaciones pagadas y sus cartas tratando de restarnos autoridad son inútiles e ingenuas. Los plagios existieron y una conciencia moral sana tendría que aceptarlos y pedir disculpas a los lectores, nada contraacusaciones, nada de apedrear con suspiros los vidrios de mis balcones. Pero todo hace ver que los Molina entienden poco de responsabilidad intelectual y sí mucho de chicanerías. Como resumen del zainete de estos hermanitos podríamos anotar una paráfrasis de la expresión del buen hidalgo: estos tienen malicias que los condenan por bellacos y descuidos que les confirman por bobos.

Esto es cuanto decimos del affaire Crash, y en El Juguete Rabioso no volveremos a referirnos a Eureka ni a los hermanos Molina, salvo para informar de nuevos plagios.