Red Voltaire
Argentina: Hace veinte años la dictadura

La democracia de los pañuelos

Todos los medios de comunicación celebran en esta semana el cumpleaños número 20 de la democracia argentina. Se sacan cuentas de lo que sucedió, de lo que nos sucedió, de lo que no sucedió. Los medios intentan escribir una historia oficial, que en general mira desde las alturas de los hechos y los derechos. Los movimientos populares, a su estilo, intentan también pensar qué nos dicen, lo que no se dice. Sobre todo, buscan ser consecuentes en la construcción de una palabra nueva, que reúne la democracia con la creación colectiva, popular, autónoma, creadora de sujetos y no de consumidores.

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Obelisco Buenos Aires
Foto Peacexpeace org.

Todos los medios de comunicación celebran en esta semana el cumpleaños número 20 de la democracia argentina. Se sacan cuentas de lo que sucedió, de lo que nos sucedió, de lo que no sucedió. Los medios intentan escribir una historia oficial, que en general mira desde las alturas de los hechos y los derechos. Los movimientos populares, a su estilo, intentan también pensar qué nos dicen, lo que no se dice. Sobre todo, buscan ser consecuentes en la construcción de una palabra nueva, que reúne la democracia con la creación colectiva, popular, autónoma, creadora de sujetos y no de consumidores.

El primer paso es ponerle signos de interrogación a todo lo que nos afirman. ¿20 años de democracia? El cuestionamiento se ha vuelto el primer escalón de la conciencia. No es verdad que sólo existe o sólo es real lo que se ve por tevé. No suele ser verdad.

"Mientras los medios de comunicación mientan, las paredes seguirán hablando", dice un graffiti en una pared de cualquier ciudad latinoamericana. Y siguiendo el consejo, vale la pena recorrer la distancia existente entre las palabras que se leen en las paredes de las ciudades y las que se escuchan en los grandes medios. En esa distancia, tal vez se encuentre uno de los signos posibles de la ausencia de democracia. El control monopólico y autoritario de la información, la manipulación mediática, ha sido una constante de los mecanismos de dominación de este sistema que desinforma y nos incomunica.

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Piqueteros
Foto Peacexpeace org.

En los últimos tiempos de estos 20 años, el "tema" que reproducen hasta el cansancio los medios de comunicación, es la demonización de los piqueteros (una vez más el demonio inventado para contrapesar la balanza con el demonio verdadero que es el aparato represivo no desmontado). Distintas declaraciones, las más recientes las de la Unión Industrial Argentina y el matrimonio Duhalde, apuntan contra los "métodos de lucha" de los piqueteros. "¡Basta de cortes de ruta!" Piden los unos y los otros. Los medios de comunicación completan los análisis con estadísticas sobre el malestar de la clase media.

Esto recuerda el debate instalado en los días previos al 26 de junio, sobre la existencia de piqueteros "duros" y piqueteros "blandos". Se estigmatizaba como parte de la línea de los "duros", precisamente a aquellos que fueron primero criminalizados, y luego asesinados, heridos, torturados. Fueron los mismos medios de comunicación, los que en los días inmediatos posteriores al asesinato de los piqueteros Darío y Maxi, repitieron que éstos habían sido realizados por otros piqueteros. Fue necesaria la acción independiente, autónoma, de los fotógrafos que tenían en sus cámaras captada la imagen del comisario Franchiotti asesinando a Darío a quemarropa; la acción independiente, autónoma, de la Comisión contra la Represión Policial e Institucional (Correpi) que inmediatamente inició la demanda contra los responsables; la acción independiente, autónoma, de los Movimientos de Trabajadores Desocupados (MTDs) y de otros grupos piqueteros que, acompañados también por asambleas populares, volvieron al día siguiente y a la semana siguiente a la Plaza de Mayo, para que cayera la máscara de los medios de comunicación. Para que se denunciaran las complicidades del poder, incluyendo la responsabilidad de Eduardo Duhalde, en ese momento presidente de la "democracia argentina", hoy presidente del Mercosur, quien nunca pagó por esos crímenes.

La búsqueda por deslegitimar las luchas piqueteras, es la necesidad que acompaña al cuerpo de una democracia que no logra ser, básicamente, un sistema político que permita trabajar, estudiar, vivir, al conjunto de nuestro pueblo. Las acciones piqueteras, "sus métodos de lucha", (que no son sólo los cortes de ruta, sino que abarcan una gran cantidad de iniciativas de sobrevivencia), son denuncia de la deuda social -la única legítima- de la "democracia" argentina, con franjas cada vez más amplias de la sociedad. Las luchas piqueteras denuncian que esta democracia no es para todos. Que esta democracia es excluyente, marginadora, opresora de las mayorías. Que hay millones de hombres y mujeres que no comen, no trabajan, no logran siquiera sobrevivir con las dádivas miserables de los planes Jefes y Jefas de Hogar. Las luchas piqueteras recuerdan a los niños y niñas que siguen muriendo de desnutrición, sin que los medios ya los nombren... Y está el dolor cotidiano –que no es noticia- de las marcas que el hambre deja en los cuerpos de hombres, mujeres, niños, niñas, ancianos, ancianas. La democracia que no supimos construir, es la que nos ha quitado conquistas sociales, con una flexibilización laboral que liquidó lo ganado en un siglo de luchas obreras. Los pibes que quedan fuera de la escuela hoy, son los asesinados por el gatillo fácil mañana. Son las víctimas principales del narcotráfico, el último eslabón de la cadena de la violencia. Son los que mueren.

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Policía argentina
Foto Peacexpeace org.

Entonces, si en lugar de demonizar a los piqueteros, que una y otra vez dan la señal de alarma de la injusticia que continúa, el sistema político y los medios de comunicación pudieran mostrar la verdadera cara del mercado capitalista, y de lo que prometen los planes de ajuste acordados con el Fondo Monetario Internacional, y cómo nos amenaza el ALCA en todas sus versiones (light, moderada, a la carta); tal vez hubiera posibilidad de pensar nuevamente la democracia, no como la que tuvimos: Alfonsín y sus felices pascuas –liberando a los golpistas-; Menem y su contrarrevolución productiva, la corrupción y el desguace del país; De La Rúa y la destrucción de la identidad del pueblo y de la Nación; los todos del "Que se vayan todos".... Pensar la democracia que podemos crear desde las zonas mismas de la exclusión, con las huertas colectivas, las fábricas recuperadas por los trabajadores, los comedores populares, las asambleas barriales, los campesinos recuperando su lugar y sus semillas, los pañuelos de las Madres, los pañuelos de los piqueteros.

Democracia de pañuelos que desocultan la miseria, el dolor, la exclusión, y la represión... en Mosconi, en Neuquen, allá donde los grandes medios de comunicación desconocen, mientras no arda el fuego o se riegue la sangre de los que nada tienen salvo su propia y desafiante democracia... Democracia de pañuelos que abrazan resistencias y protegen la memoria, del rating y del zaping que todo lo devora. Democracia que dice su palabra en las calles y en las plazas, en las paredes de las ciudades, y en los fogones. Dicen los piqueteros que cortando las rutas están abriendo caminos. Dicen las Madres que la única lucha que se pierde, es la que se abandona. Dicen los HIJOS, que si no hay justicia, hay escrache. Dice el pueblo mapuche ¡marrichihueu! (diez veces venceremos).

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