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Nació entre el hambre y la necesidad. Cargó su mundo desde guagua. Nunca nos presentó la renuncia a su pondo natal y a su médula espesa originaria. Jamás nos pidió que nos apiadásemos de ella y de lo nuestro. Mi hermana es además, con todas sus sangres y las ajenas, un pedazo de calle llena de gente. No tengo ya la memoria clara, lo confieso, de cuando la conocí: en qué esquina, en qué quebrada, en qué relleno, en qué aguacero. Como tampoco me acuerdo cuándo conocí San Roque, La Alameda o la Cuenca.

Cuento que la pillé varias veces en la calle precisa bailando o acolitando. No se cuánto tenía mi hermana. Pero daba, daba luz a los ojos hechos para llorar y no para ver. Y un día se me descubrió como el mar: Masas de mujeres la vivaron luego de que mi hermana bailara a las lavanderas. La cubrieron de amor desde ese momento. Luego la buscaban para que baile lo mismo y lo mismo. Se lo sabían de memoria y en las reuniones nocturnas del Comité de Pueblo, los follones y los chales abrigaron palabras de identidad profunda, de somos lo mismo, de por favor llamarale.

Fue cuando entendí que tenía una hermana especial. Entre mi hermana y las otras había un abismo que no era la academia. Ella no traía nada nuevo, ni rótulo a la entrada, ni título colgado. Solamente que les contaba su vida que era de ellas, la danza era de ellas.

Entre huelgas y marchas, entre sindicatos y comunas, entre combates y descansos, entre el fuego de la esperanza, aparecían los pies desnudos de mi hermana aferrados al pavimento con cuerpo y todo. Una magia de unidad se producía. Mi hermana se alimentaba de cada voz rebelde, de cada búsqueda amorosa, de cada futuro soñado. Y de su lado y junto a ella, con sus camaradas, en respuesta comprometida y con los tereques al hombro, se organizaron. Fundaron la Coordinadora de Artistas Populares...

¿Hablo en pasado? Bueno.... Me turban tal vez estas memorias presentes a las que se les acostumbra a hablar con los ayeres. Vengo entonces a arrojar mi piedra sobre el remanso dormido para que suene en ondas y estalle en gotas y nos grite y moje a todos. En las retrospectivas se documentan las lunas viejas, pero sin el viento y la garúa del entonces. Por eso, invoco ahora a la danza que las sostiene. Y para que la memoria nos llegue entera a todas, a todos, invoco también a los adoquines eternos, a la brea y las piedras, a la bronca y al silencio. Esta retrospectiva será entera, porque mi hermana siempre le dio por contarnos su vida que estuvo expuesta, regada, abierta, en cada instante, en cada presentación de sus 25 años de carrera artística y que, pidiendo disculpas por mi frágil memoria, creo que son más. No tengo dudas de mi hermana, de su vida y de su historia. Nos las ha contado enteras. Segundo a segundo, paso a paso. Y no vengo a reclamar recuerdos. No vengo a sacar en cara lo que hizo mi hermana en su entorno, en esta patria, la misma de su gente, de su lavandería y calle, que se nos va ahora rematada en pedacitos, consumida en la migración y el saqueo. Lo que pido ahora es ese fuego, nuevamente, como siempre, para encender la lumbre que nos apagaron, que dejamos apagar....