JPEG - 25.6 KB
James T. Hill y Jeb Bush
El general del comando Sur (Southcom) y el gobernador del Estado de Florida y hermano del presidente de los EE.UU. (Photo by Christopher Sherwood US Military).

La cesión en 1999 de la estratégica base aérea de Manta y de la soberanía ecuatoriana al Comando Sur de Estados Unidos, ha sido el inicio de una escalada de operaciones en todos los ámbitos, en las que se dibuja la desaparición de la República y su transformación en una marioneta de los intereses geopolíticos de Washington.

El Comando Sur no es la DEA. Ni su tarea esencial es la lucha contra los demonios de las drogas, el terrorismo, el tráfico de armas, los secuestros, que aparecen como la máscara moral del «Plan Colombia».

Sus antecedentes son la historia de las operaciones ejecutadas por la gran potencia en el «patio trasero». Incluyen la mutilación territorial de México, la provocación del Maine en la bahía de La Habana y la guerra con España para su mejor dominio del Caribe, el sometimiento de Puerto Rico, desembarcos sangrientos como los recientes de Bahía de Cochinos en Cuba, Granada y Panamá, el sostenimiento de dictadores sanguinarios como los Somoza, Batista, Trujillo, Pinochet o Videla, de guerras sucias como las de Nicaragua, El Salvador y Guatemala, el apoyo abierto a otras fuerzas extranjeras como el brindado a Inglaterra en la guerra de las Malvinas, e incluso su alineación con el Perú en el conflicto limítrofe con Ecuador y con Chile frente a Bolivia y Perú.

El Southcom, es hoy el órgano militar de la perspectiva de dominación continental borroneada en la doctrina Monroe, allá por 1824, conocida por su célebre divisa, «América para los Americanos», que reconoce como tales exclusivamente a los estadounidenses, frente a la cual en ese mismo tiempo-espacio histórico, en defensa de la independencia y la república y en el camino de la Patria Grande, el Libertador, Simón Bolívar, convocó al Congreso Anfictiónico de Panamá.

JPEG - 11.5 KB
James T. Hill (izquierda)
Con graduados del ejército. Foto USA/WC

Hoy sus operaciones en Ecuador y la denominada «matriz de seguridad» validada por los gobiernos de Bush y Gutiérrez, no tienen otras premisas, aunque éstas obviamente, no consten explícitamente en los documentos.

La reciente visita del jefe del Southcom, James Hill, permitió al diario El Comercio (de Ecuador), revelar la estrategia de EEUU contenida en una matriz de seguridad con 200 actividades, entre las que constan, operaciones de interdicción aérea y marítima, que implican el control del espacio aéreo y marítimo del país, con facultades incluso para el derribo de aviones y la detención y abordaje de barcos. El control y seguridad de la frontera norte con Colombia. La construcción de pistas de aterrizaje en todas las provincias de la costa ecuatoriana en el Pacífico y el equipamiento y armamento para operaciones de asalto aéreo. El desarrollo de una aviación compartimentada y de facilidades portuarias en las islas Galápagos, que le permitirán a EEUU, cumplir su sueño de reestablecer el dominio militar del archipiélago que mantuvo en la segunda guerra mundial con su base aérea en la isla de Baltra, expulsada hace 50 años por un gobierno de Velasco Ibarra.

El establecimiento de puertos de inspección en Machala, al sur y Esmeraldas al norte del país. El reforzamiento y creación de batallones de 720 miembros y el mejoramiento de la infraestructura de las locaciones antiterroristas en varias zonas críticas del país. El soporte con alta tecnología a las operaciones de inteligencia militar; el entrenamiento por EEUU a personal de las Fuerzas Armadas y la policía ecuatorianas. Y además acciones de carácter «social», como ejercicios de ingeniería y clínicas para la atención de la salud en zonas pobres.

La combinación de todos los elementos que conforman la matriz de seguridad propuesta por el Comando Sur, expone que sus objetivos trascienden los horizontes del Plan Colombia, pues implican asumir el control de las Fuerzas Armadas y la policía ecuatorianas, los principales órganos de la seguridad del Estado, y con ellos del Estado en su conjunto. La aplicación de este modelo implica no otra cosa que la enajenación de la soberanía y la virtual desaparición de la República.