Los recientes mensajes que el Gobierno y los inversionistas están enviando a la opinión pública sobre el tema del gas de Camisea y adyacentes, plantean como “inevitable” el negociar regalías reducidas para la exportación del gas, para que éste sea “viable”. Dicen que no pueden aplicarse regalías similares a las del gas para consumo interno (37.24) % y que el Perú debería contentarse con menos: 10, 15 o 20%. Esto es inaceptable.

En artículos anteriores indiqué que la exportación del gas es un negocio redondo: no hay mayor riesgo con el suministro, pues la existencia de gas en Camisea y lotes adyacentes se conocía desde años atrás por los trabajos exploratorios de la Shell. Y por el lado del mercado, es bien sabido que la demanda mundial por gas está creciendo al doble de velocidad que la demanda por petróleo, y el mercado norteamericano a duras penas está siendo abastecido. Más aún, el proyecto de la exportación del gas se va a colgar en buena medida sobre infraestructura ya existente para la explotación de gas para consumo interno, con el consecuente ahorro de recursos y tiempo.

El precio en el mercado norteamericano por millar de pies cúbicos (p3) de gas fluctúa entre US$ 4 a 5 dólares. Sin embargo, el precio al que se pretendería comprar nuestro gas en boca de pozo estaría en apenas 60 centavos de dólar por millar de p3. Lo que se paga en países vecinos como Brasil y Argentina está entre US$ 1.3 y 1.7 dólares. Y, del precio a pagar en Perú, no más de 20% (unos 12 centavos de dólar) serían captados por el Estado por concepto de regalías. En otras palabras, la regalía que el Perú recibiría -en el mejor de los casos- por la explotación de un valioso recurso natural no renovable como es el gas, apenas llegaría al 2% del precio al que este gas se vendería en el mercado estadounidense. ¿Es este realmente un buen negocio para el país?

Por otro lado, ¿está asegurado el suministro interno de gas o se priorizará la exportación? ¿Qué pasará cuando se agoten las reservas? Tampoco está claro si las regalías se aplicarán a los líquidos que acompañan a la extracción de gas ni cómo el Estado podrá controlar destinos, precios, y costos a los que se realice la exportación. Si no se realiza un adecuado monitoreo sobre precios y costos ¿cómo verificar las utilidades y, por consiguiente, el correcto pago del Impuesto a la Renta? y no olvidemos que la tasa del Impuesto a la Renta sería estabilizada al inversionista sin aplicar el plus de 2% que exige la ley ¿Cuánto dejará el Fisco de recibir por condonar este 2%? ¿Por qué el MEF y el MEM no han dado ninguna cifra?

La exportación del gas generará alrededor de US$ 20,000 millones de dólares durante los próximos 20 años ¿Cuánto realmente quedará para el Perú? NO OLVIDEMOS QUE KUCZYNSKI HA SIDO ASESOR DE HUNT OIL, que exportará el gas, Y DIRECTOR DE TENARIS SA, empresa argentina vinculada a TECHINT, empresa socia de la concesión del gasoducto de Camisea.

Camisea es una extraordinaria oportunidad para el país, pero su manejo ha estado marcado por la controversia y poca transparencia. Nadie ha explicado el fracaso del proyecto de sacar el gas boliviano por Ilo el 2000-2001. Ello pudo empatarse con Camisea, con el consiguiente ahorro de tiempo y recursos, además del enorme impulso económico de darle al Sur peruano energía barata de gas, y la posibilidad de desarrollar una industria petroquímica con gas peruano y boliviano. Esta oportunidad histórica se perdió y nadie ha aclarado el porqué.

Que el gas debe explotarse, no se discute. Pero Camisea y los lotes adyacentes no pueden desarrollarse sin una visión estratégica de largo plazo sobre cómo emplear mejor el gas para desarrollarnos. Ser exportadores primarios no ha permitido al Perú salir de la pobreza. Eso lo muestran el oro, la plata, el guano, el cobre, el caucho y el petróleo. La explotación del gas debería generar valor agregado, encadenándose con otros sectores de la economía, y desarrollando industrias relacionadas, tales como la petroquímica, además de tributos..

El Gobierno se ha prendido a Camisea para exhibir “logros” y algún ingreso extra para cuadrar la caja, dando facilidades e incentivos sin una evaluación crítica y un debate abierto sobre cuál es la real ganancia para el país. Nuestra historia está llena de episodios donde se malbaratearon nuestras riquezas. Exijamos transparencia en las negociaciones sobre el gas.