Posición de la Campaña Peruana frente al ALCA y el TLC con los EE.UU.

El ministro Alfredo Ferrero fue reemplazado por el propagandista Alfredo Ferrero. Por lo menos eso es lo que se evidencia con la publicación del artículo: «Con el TLC ganamos todos», publicado por el diario Correo de Lima, con fecha 12 de abril de 2004.

Obviamente se esperaba del ministro una explicación seria y responsable sobre las posiciones que el Perú llevará a la negociación con Estados Unidos para un eventual Tratado de Libre Comercio, presentado como la gran oportunidad del país para los próximos años; la amplitud y profundidad de los beneficios que se espera alcanzar con un acuerdo de este tipo; y la manera cómo se defenderán los intereses de los sectores más sensibles a una rápida apertura económica y a un cambio de las condiciones de inversión y actuación del capital extranjero dentro del país.

Pero el propagandista ha tenido una idea distinta sobre los requerimientos del pueblo peruano. Disponiendo de una página completa para expresarse, don Alfredo Ferrero, la ha desperdiciado, insistiendo en afirmar que el TLC, cualquier TLC, todo TLC, es siempre bueno, y mejor que no tener TLC. En otras palabras, aún antes que empiece la negociación, aún antes de definir la posición peruana, nos ha hecho saber que el gobierno cree que ya ganó por firmar con Estados Unidos.

«La globalización no es una opción, es una realidad a la que tenemos que adaptarnos obligadamente» («Con el TLC ganamos todos», Alfredo Ferrero).

La frase resume la quinta esencia de la mala negociación. Si se confunde globalización con las cosas como las quieren los Estados Unidos y las demás potencias del norte, y si se cree que ante las presiones globales sólo cabe adaptarse, sin pelear por un mejor destino y una globalización más equitativa, entonces la tarea de los gobiernos y los ministros quedará sumamente simplificada. Consistirá en asentir a todo lo que nuestro desproporcionado socio nos exija: arreglar los casos de las empresas norteamericanas en litigio con el Estado peruano, en algunos casos con acusación de fraude y evasión de impuestos, fuera de las normas establecidas; aceptar la agenda, los plazos, los socios adicionales y el orden de ingreso en el proceso hacia el TLC con algunos países andinos, según lo establezcan los Estados Unidos.

En estos puntos ya ha cedido el gobierno de Toledo, cuando todavía no se han instalado las comisiones de negociadores. Y la tendencia que se vislumbra a partir de las premisas con las que se aborda el proceso del TLC, es que se seguirá cediendo. No hay, en todo caso, ninguna garantía que no será así y ningún mecanismo para que el país y los sectores afectados puedan expresar su posición durante el avance de las negociaciones. Esa es nuestra mayor preocupación como campaña: la desinformación imperante y la falta de democracia económica para que el pueblo pueda decidir si le conviene lo que el gobierno pretende firmar.

La falta de seriedad del ministro

No es insolencia nuestra calificar de mera propaganda los argumentos del señor Ferrero, ministro de Comercio Exterior y Turismo. Porque: ¿cómo se puede tomar en serio, una afirmación que pretende que «ganamos» (todos ganamos) un mercado de 285 millones de consumidores, con sólo entregar uno de 26 millones de habitantes, como si las exportaciones peruanas tuvieran la posibilidad de expandirse sobre todo el mercado norteamericano, no sólo porque es el más disputado del mundo, sino porque carecemos de un potencial para impulsar un crecimiento acelerado y sostenido de nuestras ventas a ese mercado?

La experiencia de ATPDEA es un buen ejemplo de limitado aprovechamiento del número de partidas exoneradas de aranceles (menos del 10%).

Pero hay algo mucho más serio. El señor Ferrero, sólo mira al gran consumidor global, pero no dice nada del gran exportador, inversor, titular de patentes y derechos intelectuales sobre marcas, monopolista de servicios públicos, banquero y acreedor, influyente sobre instituciones financieras internacionales, etc., que también es Estados Unidos. Digamos que el Perú pueda captar algunas centésimas del mercado norteamericano fortaleciendo nuestro pequeño sector exportador, pero nuestro gran socio podría ocupar una porción muchísimo mayor del mercado local. Ellos bajarían un arancel promedio de 5% hasta llegar a cero en los productos negociados, o mantendrían las desgravaciones actualmente existentes, mientras el Perú otorgaría una rebaja desde un promedio actual de 15%, especialmente en el sector agropecuario y de micro y pequeña empresa. ¿Todos ganamos?

Pero como todo no es comercio en esta vida, un TLC que se respete, como el de Chile o el de Centroamérica, implica diversos y complejos campos, en los cuales la ley básica es que Estados Unidos abre parte de su infinito mercado de casi 300 millones de personas con un per cápita de 35 mil dólares anuales, para recibir ventajas en otros campos. Si bien los derechos son de ida y vuelta, es claro que quién puede aprovecharlos es el otro y no nosotros. Esto es lo que hace del TLC y en definitiva del ALCA (el gran TLC de toda América), una opción interesante para los intereses transnacionales de Estados Unidos, porque no sólo obtienen mercado contra mercado, sino derechos de inversión para sus empresas, como si fueran inversionistas nacionales; acceso a servicios como agua, salud, educación y otros; eliminación de monopolios estatales; intervención en licitaciones del Estado que estaban restringidas a nacionales y micro y pequeña empresa; acceso al mercado alimentario con productos subsidiados en su origen; nuevos plazos para patentes de medicinas, software y otros; traslado de disputas con el Estado a tribunales de comercio, fuera de la justicia ordinaria; etc.

Todos estos son los temas que Brasil, Argentina, Venezuela, vienen observando como una expectativa desproporcionada de los Estados Unidos respecto a lo que pueden conseguir de sus posibles socios del ALCA, mientras se niegan a ceder en materia de subsidios agrícolas, barreras de entrada y otros aspectos que desfavorecen a nuestros productos. ¿Todos ganamos y en las mismas proporciones?

Perdedores y ganadores

El ministro Ferrero no había llegado a los 30 años cuando se inició como negociador de tratados internacionales, habiendo formado parte en ese lapso del equipo técnico del ALCA que funcionó durante el gobierno de Fujimori y mantuvo al país sin información sobre lo que se venía acordando. Fue más tarde viceministro de comercio exterior de ese mismo gobierno (que se supone es el responsable técnico de estos procesos), y siguió en el cargo con el gobierno provisional y finalmente con el de Toledo. Desde el año pasado es ministro del sector y tiene la responsabilidad política sobre lo que pudiera acordarse.

En el año 2002, anunció con el entonces ministro Raúl Diez Canseco, haber conseguido que el Congreso de Estados Unidos alargue la vigencia de ATPDEA, señalando que esto permitiría crear un millón de nuevos puestos de trabajo, que nadie ha visto, y beneficiar a todos, cuando sus alcances y beneficios han terminado llegando solamente a un puñado de empresas exportadoras y a muy reducidos grupos de agrorexportadores.

En septiembre de 2003, encabezó la iniciativa para sacar al Perú del Grupo de los 21, formado durante el evento de Cancún de la OMC, y que era una plataforma de los países exportadores liderada por Brasil, China e India, frente a las grandes potencias. Y desde noviembre de ese año trata de convencernos de las grandes ventajas de ir a un TLC, cuyas características no son nada claras, ya que fue Estados Unidos el que escogió discutirlo con cuatro países andinos -todos ellos vinculados al tema de los sembríos de coca y el tráfico de drogas, y considerados en los alcances del llamado «Plan Colombia»-, y el que ha ido modificando plazos y prioridad en el trato según sus conveniencias.

Dice el ministro: «De hecho pueden haber productos perdedores, no competitivos, pero nunca sectores perdedores» («Con el TLC ganamos todos», Alfredo Ferrero).

¿Cuán competitiva es la economía peruana en el mercado global? Obviamente bastante poco. Esto podría servir para dar una idea de lo que significa «pueden haber productos perdedores». La experiencia de la apertura habida hasta ahora en el marco de las políticas neoliberales ha sido ilustrativa, en el Perú y muchos otros países, sobre lo que son líneas de producción que deben ser cerradas y puestos de trabajo que se pierden en forma masiva. El ejemplo del TLC con México que el señor Ferrero revisa a la ligera está marcado por la quiebra del agro resumida en la frase: «el campo no aguanta más» y por el cierre de alrededor de 30 mil empresas nacionales, sustituidas por las maquilas (empresas norteamericanas deslocalizadas, que producen con marcas, insumos y tecnología norteamericana, usando mano de obra local a bajo salarios, para enviar su producción a su propio mercado, que es lo que infla las exportaciones industriales).

En el Perú, salvo que uno mire la agricultura desde la perspectiva del 0.5% de los agricultores que se orientan a la agro-exportación, o que vea la industria desde el 1% de los textileros que venden en Estados Unidos, no se puede decir seriamente que vayan a perder solamente algunos productos no competitivos, mientras el que gana es el «sector».

No es un fin

Dice el ministro: «Pero el TLC no es una fórmula mágica. Para maximizar sus beneficios los sectores involucrados tendremos que hacer una tarea en materia de competitividad, promoviendo la reconversión agrícola, mejorando los puertos y potenciando la infraestructura en general» («Con el TLC ganamos todos», Alfredo Ferrero).

Pero ¿cómo actúa el gobierno, si da la impresión que creer que es una fórmula mágica? Porque el Estado no invierte en el sector productivo, en el apoyo a agricultores y pequeños y micro empresarios, y más bien espera que la exposición a una gran economía desarrollada opere eliminando lo «no competitivo» y consolidando a los exitosos del mercado global. Esta estrategia, como está dicho, incluye también una reconversión agrícola que puede significar un nuevo reparto de la tierra para atraer inversiones a costa de un desplazamiento de campesinos y pequeños productores. Finalmente y tal como van las cosas, mejorar puertos e infraestructura puede ser solamente el equivalente a privatizar y concesionar. Más negocios transnacionales a costa de los peruanos.

Todos no ganamos, por supuesto.

Un largo artículo de propaganda con firma de ministro, pero en él no aparece ni una sola vez la palabra democracia. Y si los peruanos no tenemos el mismo enfoque de desarrollo y progreso que nuestro ministro ¿quién gobierna: el pueblo o la globalización?

En ese punto la Campaña Peruana frente al ALCA y el TLC con los Estados Unidos, plantea una propuesta para el ministro y el gobierno, el Congreso y las autoridades regionales, la sociedad civil organizada y todo el país. Muy simple: que toda la información sobre el ALCA y el TLC sea puesta a disposición de los peruanos y que todos los puntos de vista sobre el tema sean conocidos en igualdad de condiciones; que entidades independientes evalúen los beneficios y efectos negativos de estos posibles tratados, con información especifica por sectores involucrados, y que antes de tomar cualquier compromiso, se consulte al país a través un referéndum cuyos resultados estemos todos obligados a respetar.