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Representantes de los países del Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, como miembros efectivos) y de la Unión Europea (UE), actualmente el mayor bloque económico del mundo con 25 países, están reunidos en la sede de la Europa unificada, en Bruselas, Bélgica, para definir los compromisos mutuos necesarios para la implementación en octubre de este año de la zona de libre comercio entre ambas regiones. Sin embargo, el acuerdo sólo existirá con concesiones de ambas partes, siendo que ninguna durante los cuatro años en que ha transcurrido esta negociación se haya dispuesto a ceder primero.

El Mercosur cuenta con la UE como principal socio comercial, con exportaciones que han llegado a 23.600 millones de euros en 2001. El 48% de este valor corresponde a la venta de productos agrícolas. Por lo tanto, el principal interés del Mercosur en la ronda de Bruselas es obtener una propuesta europea atractiva en términos de mayor apertura de mercado para los alimentos provenientes del bloque, limitados en el viejo continente por medidas proteccionistas como subsidios a diversos tipos de cultivos y restricciones sanitarias formateadas para excluir las mercancías de grandes países productores en el sector agrícola como los sudamericanos.

Por otro lado, la UE se queja del aislamiento de países como Brasil en sectores como el de servicios, deseando con el acuerdo ampliar la presencia en áreas como la energética y de productos industrializados, además de mayor acceso de los europeos a inversiones públicas. «Las ofertas del bloque sudamericano no son equivalentes al esfuerzo del bloque europeo en ceder en el área de agricultura. La UE está dispuesta a hacer una importante oferta agrícola cuando Brasil mejore sus ofertas en compras, servicios e inversiones», coloca el consejero de Asuntos Comerciales de la Delegación de la Comisión Europea en Brasil, Jorge Aznar, resumiendo el conflicto entre los dos bloques. Por ello, Aznar afirma que «el contenido del acuerdo de libre comercio con el Mercosur es más importante que el plazo de la firma».

¿Lobo en piel de oveja?

Según Aznar, «este no es un acuerdo semejante al ALCA, sino que debe incluir intercambio científico y tecnológico y expansión de los entendimientos políticos». Esto porque la integración intercontinental pretende abarcar las relaciones políticas y de cooperación entre las dos regiones, no sólo las comerciales. Actualmente, la UE es el primer donante de ayuda al Mercosur. Los fondos destinados por la Unión Europea a la cooperación regional y bilateral con este grupo durante 2000-2006 ascienden a cerca de 250 millones de euros.

Pero organizaciones como la Alianza Social Continental apunta para datos relevantes que deben ser tomados en cuenta antes de la concertación de la integración, como las profundas asimetrías económicas y tecnológicas entre el Mercosur y la UE. «A pesar de la inclusión del Capítulo de Cooperación en el acuerdo para corrección de asimetrías, la experiencia muestra, como en el caso de UE-Chile, que esto no ha ocurrido y confirma la preocupación de que el acuerdo Mercosur-UE no pase de un acuerdo de liberalización comercial más», afirma la entidad. Esta liberalización significaría mayor libertad de remesas de los lucros obtenidos en Sudamérica por las corporaciones europeas, bloqueando la posibilidad de que los próximos gobiernos regulen la repatriación del capital extranjero relativo a inversiones en estos sectores.

Sin embargo, la principal preocupación reside en la perspectiva de que las concesiones hechas por el Mercosur para lograr las ventajas de incrementar la venta de productos agrícolas a la UE incluyan permitir la intervención ajena en sectores estratégicos para el desarrollo de las naciones sudamericanas. «En el caso de la discusión de servicios, el Mercosur no debería aceptar la propuesta de la UE de ampliar la inclusión de ítems sobre servicios ambientales (lo que incluye agua y saneamiento). En el área de servicios, también es preocupante el énfasis europeo en sectores como pesca, minería (incluyendo extracción de petróleo y gas), “servicios financieros” y “telecomunicaciones”», aconseja la organización.

Otro punto crítico dice respecto al mercado laboral. «La UE sigue forzando la inclusión de los llamados “servicios profesionales”, que permitiría el traslado de mano de obra calificada de Europa a las filiales de empresas europeas en el área del Mercosur, agravando el ya crónico problema de desempleo en la región», alerta la Alianza Social Continental.

Aunque el gobierno brasileño niegue que las negociaciones con la UE impliquen la desarticulación del bloque de países en desarrollo para actuar intencionalmente en foros económicos como la Organización Mundial de Comercio (OMC), la entidad teme que ello se concrete. «En el nuevo mapa de las negociaciones globales y de la relevancia del papel del llamado G-20 en defensa de los intereses de los países en desarrollo, el entusiasmo y la “generosidad” de la UE pueden estar siendo una maniobra para quebrar el bloque y minar las posibilidades de un encaminamiento más justo de las negociaciones internacionales del comercio»advierte.