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Ir a los reparos no asegura el revocatorio y menos aún, cuando muchos dirigentes de la oposición están -lógicamente- mucho más interesados en las elecciones para gobernadores y alcaldes.

Hay quienes siguen recitando la muletilla de que el país va hacia un sistema opresivo, de coerción de la libertad y corrupción, de persecución e imposición, de la mano de un gobierno autoritario.

Y, dentro de ese universo que solemos catalogar como Archipiélago de Las Oposiciones, hay varias posiciones, entre las que podemos subrayar dos líneas básicas: la de quienes insisten hoy en mantenerse en la ruta democrático-electoral, bajo el supuesto de que cuentan con la mayoría, y otros que insisten en que su única oportunidad es el camino de la violencia, con el que hasta ahora han cosechado solamente derrotas. La democracia no admite atajos por los caminos verdes (ni verdeolivas). Manejan el concepto de mayoría como identificación grupal y como mecanismo de defensa ante las políticas de Chávez.

Las interpretaciones

Es interesante ver cómo se «interpretan» supuestas encuestas, donde la matriz permanente es una adhesión de alrededor del 40% a la figura del presidente Hugo Chávez. Hay quienes creen en alcanzar el número de firmas necesarias para llamar a un referendo revocatorio del mandato del Presidente, en el que saldrían triunfantes -con más de 3,7 millones de votos- lo que daría oportunidad para formar un nuevo gobierno cuya meta, señalan sería «mantener la estabilidad política y ofrecer un salto cualitativo sustancial en los indicadores de crecimiento económico y de bienestar social».

Teodoro Petkoff interpreta que «aquellos que confiesan haber perdido toda esperanza en el RR son, objetivamente, con quienes más cuenta Chávez [5]Este lo que quiere, precisamente, es que la gente pierda la esperanza. Quiere hacer creer que el RR está destinado al fracaso. Quiere que la gente crea que él tiene todo bajo control y que cualquier esfuerzo que se haga será un esfuerzo perdido. Su habilidad para generar pesimismo es una de sus armas más fuertes. La desesperanza, el pesimismo, abren el camino de Chávez hacia la victoria».

La pregunta a estos analistas y proyectistas del futuro sigue siendo la misma: ¿Y después de Chávez, qué? Un trabajo de Keller y Asociados deja planteadas algunas interrogantes que requerirían consenso previo en la oposición como qué hacer con Chávez y el chavismo, qué hacer con la Constitución, qué hacer con las fuerzas militares, qué hacer con Pdvsa, qué hacer para estimular la inversión privada y el crecimiento económico y para reconstruir el tejido institucional del país?. Demasiadas interrogantes sin ninguna respuesta.

La motivación única sigue siendo «salir de Chávez» porque no tiene nada bueno, pero eso ya no lo cree la mayoría de los opositores, que sí está de acuerdo en la oposición debe ir unida «todos contra Chávez», con un candidato único, pero siempre y cuando pueda optar entre varios aspirantes.

El empresariado

En la oposición también están preocupados por el fraccionamiento existente en las centrales, tanto en la sindical (fue muy pobre la demostración del 1º de Mayo) como en la empresarial, en momentos en que la economía parece haber crecido hasta un 18% en el primer trimestre del año, las reservas internacionales del país desbordan los 24 mil millones de dólares y el precio del petróleo sigue en alza. En todo el mundo se habla de las oportunidades de negocio que esto significa.

Hay muchos empresarios que desean aprovechar las oportunidades de buenos y rentables negocios que ofrece el entorno, que en el corto plazo podrían incluso incrementar su patrimonio, y su dirigencia le señala que no debe hacerlo porque el gobierno de Chávez lo mostrará como prueba del éxito de sus políticas económicas y ayudará a consolidarlo. Es el camino de un «autosuicidio» reincidente y sostenido.

Al empresariado se le exige continiuar con la defensa de los valores y principios democráticos, de forma de «mantener coherencia con las actitudes y conductas asumidas desde el 2001». Es una forma de «sacrificarse» ahora -quizá para satisfacer las expectativas presidencialistas de algún dirigente empresarial- para un «futuro» por demás incierto.

Señalan que así se facilitaría la cohesión que requiere una oposición racional y consensuada y se mantendría «contenida la intención revolucionaria del régimen (...) y la conflictividad política entre el gobierno y el empresariado». E instan a los empresarios a que contribuyan a reinstitucionalizar el sector político, con elecciones primarias en el corto plazo, a recuperar la imagen empresarial contrastante de eficiencia y de responsabilidad social, a alinear el discurso a la agenda popular (empleo, costo de vida, seguridad, abastecimiento), a cuidar su patrimonio y su capital humano, a atender temprano la posible creación de sindicatos no alineados con la CTV y, sobre todo, a compensar controles (o evadirlos) con nuevos productos y mercados.

El presidente en su laberinto

Sin dudas, el oficialismo deberá tener en cuenta sus mejores hombres para integrar la próxima Asamblea Nacional e impedir vueltas atrás como por ejemplo con la Ley Orgánica de la Hacienda Pública Estadal o la decisión de no importar ni producir productos trasgénicos.

Mientras, la Ley de Responsabilidad Social de los medios de comunicación audiovisuales sigue sin ser aprobada y otras muchas normas importantes para el real funcionamiento de la cosa pública siguen sin salir a la luz.

Ahora, habrá Ministerio de Cultura, aunque aún no existe una idea acabada de para qué sirve (¿para repartir subsidios?) ,ni se ha adelantado con la Ley Orgánica del sector ni con una política unívoca que genere cambios: la cultura es el motor de cambio de una sociedad.

La Ley del Tribunal Supremo de Justicia supone aumentar a 32 los magistrados (¿no hubiera sido mejor reducir su número?) y evitar las manipulaciones y los fallos que tanta vergüenza nos hacen pasar ante el mundo entero. Sin duda, la oposición se opondrá a ello y solicitará, seguramente, un referendo abrogatorio, para lo cual se necesita apenas el 10% de las firmas ciudadanas.

Reinventando los ni-ni

Hoy, desde la oposición, se habla de un «amplio espectro» de los llamados ni-ni, que representaría un importante sector de la población, defraudado tanto por la gestión presidencial como por la actuación de los dirigentes de la oposición, donde perduran los mismos políticos oportunistas de siempre. Es una teoría que sin duda colinde con la sostenida por la Coordinadora Democrática, sobre la mayoría «evidente» de la oposición: si los ni-ni son entre 26 y 30% del electorado y Chávez no baja del 40% de aprobación, ¿cómo se cimenta esa mayoría evidente?

Esta insistencia en la existencia de un gran número de ni-ni -o mejor dicho no-no- ya fue manejada en meses pasados por Petkoff e incluso por el jesuita Arturo Sosa. [6] Es sobre este concepto en el que se asientan algunas nuevas experiencias que se lanzan -por ejemplo desde el Centro Carter (Aquí cabemos todos)-, donde algunos de aquellos que hasta hace poco eran xenófobos hoy se sientan tan amplios que le dan cabida a gente que piensa diferente a ellos.

La socióloga Elizabeth Noelle habla de la espiral del silencio, del temor de muchos venezolanos de sentirse excluídos por la aprobación o desaprobación de sus opiniones por el fanatismo de una minorías agresivas que usan cacerolas, pitos, insultos y amenazas ante aquellos que presentan variaciones a sus posiciones fundamentalistas y antidemocráticas. El padre Sosa, quien afirmaba en septiembre pasado que apenas un 40% de los venezolanos mantenía algún interés por el tema político, señalaba también que no se engañaba con falsas mediciones que responden a intereses concretos de los grupos de presión.

Sin duda estar en el medio, querer ocupar un lugar como mediador, es siempre tentador, sobre todo si se cuenta con financiamiento externo.

[1] Ver: Las verdades de Jimmy Carter en esta edición.

[2] Ver: Las verdades de Jimmy Carter en esta edición.

[3] Ver: Las verdades de Jimmy Carter en esta edición.

[4] Ver: Las verdades de Jimmy Carter en esta edición.

[5] RR significó, en su momento, Renuncia Rómulo.

[6] Entrevista a Arturo Sosa en Question Nº 15, septiembre de 2003