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Pasado pinochetista

Buque Esmeralda: vergüenza de Chile en el mundo

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El buque escuela Esmeralda de la marina chilena.
Foto Armada de Chile.

Para quienes tenemos un espíritu americanista e integrador con nuestros hermanos de la región, el pueblo chileno merece la mayor consideración, al tiempo que rechazamos cualquier muestra de xenofobia. Pero igualmente nos identificamos con todo movimiento destinado a hacer prevalecer el irrestricto respeto de los derechos humanos y la sanción para quienes los violen en cualquier tiempo y lugar. He aquí una muestra de ello.

El advenimiento de la democracia en Chile durante 1990, afianzó un amplio consenso ciudadano y apoyo internacional para recabar información que permitiera esclarecer la verdad respecto a las «desapariciones», ejecuciones extrajudiciales y muertes por tortura perpetradas por agentes del Estado durante el gobierno militar de Augusto Pinochet (de 1973 a 1990). Dentro de la gestión del presidente Patricio Aylwin se creó la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación, conocida como «Comisión Rettig», que publicó su informe en marzo de 1991.

El denominado «Informe Rettig», identifica a un grupo de buques que la Armada chilena empleó como centros de detención y tortura en la época en que se produjo el golpe de Estado de 1973. Concretamente el documento oficial denuncia que en el interior del buque - escuela «Esmeralda», al igual que en el «Lebu» y el «Maipo», se instaló «una unidad especializada de la Armada dedicada a interrogar a los detenidos [...]. Esos interrogatorios, por regla general, incluían torturas y malos tratos».

Más tarde, cuando en 1999 el entonces jefe de la Armada chilena almirante Jorge Patricio Arancibia, negó públicamente que se hubieran usado buques o instalaciones de su institución como centros de tortura; dos ex presos, Antonio Leal (en 1973 era diputado del Partido por la Democracia) e Iván Aldoney Vargas, ratificaron los maltratos. Y al describir las crueldades que se infligían a bordo del «Esmeralda», con lágrimas en los ojos, Antonio Leal narró que se usaban picanas eléctricas, se aplicaban descargas de alto voltaje en los testículos de la víctima, se suspendía al detenido de los pies o se le sumergía en un cubo lleno de agua o de excremento. (Santiago Times, 7 de septiembre de 1999).

A pesar de no existir pruebas de que el indicado navío haya sido usado como centro de torturas después de 1973, el «Esmeralda» continúa sus travesías como un símbolo de la terrible comisión de violaciones de los derechos humanos en la historia reciente de Chile y, particularmente, la utilización de la tortura por parte de los criminales representantes del Estado chileno.

Cabe señalar y advertir que no obstante la profusa información e indicios razonables expuestos por el «Informe Rettig» y los dramáticos testimonios de víctimas de torturas en el «Esmeralda» y de sus familiares; todavía no se ha dado a conocer la verdad completa sobre los vejámenes y crueldades ocurridas a bordo del buque, y lo que es más indignante, tampoco se ha logrado juzgar a los criminales que cometieron esos execrables actos.

Navegando sobre la impunidad

Navegando sobre la impunidad el buque escuela «Esmeralda» de la Armada chilena lleva a cabo cruceros anuales de instrucción naval mediante los cuales visita puertos de los cinco continentes, sirviendo como «embajador itinerante» de Chile. Tan es así que ya va por su ominosa 49ª travesía, tanto durante el gobierno militar como en los años sucedidos desde el restablecimiento del régimen democrático.

Pero también ocurren tormentas en el mar. En junio de 1986, cuando el «Esmeralda» se encontraba en uno de sus viajes por el mundo, el Ayuntamiento de Nueva York, así como la Asamblea y el Senado de dicho estado, aprobaron resoluciones donde se oponían a la participación de la nefasta embarcación de la Armada chilena en los actos organizados para el fin de semana del 4 de julio, fecha en que Estados Unidos conmemora la firma de la Declaración de Independencia, y solicitaron que se retirara la invitación cursada al buque.

Incluso un senador del estado de Nueva York redactó un proyecto de resolución ese mismo mes para pedir la cancelación de la invitación cursada al «Esmeralda», en los siguientes términos: “En vez de representar el orgullo de la nación chilena, el «Esmeralda» evoca recuerdos de amigos muertos y familiares en paradero desconocido, de detenciones a media noche y desapariciones misteriosas, de reclusión en lugares secretos y represión de una nación democrática”.

Por su parte, en el curso de sus investigaciones sobre las graves violaciones de derechos humanos cometidas en Chile durante el gobierno militar, Amnistía Internacional ha documentado y hecho públicos varios testimonios de personas que fueron torturadas a bordo del buque “Esmeralda”. Una de estas víctimas fue el sacerdote Michael Woodward, quien poseía doble nacionalidad británica - chilena, y que murió como consecuencia de las torturas que le habrían propinado miembros de las fuerzas de seguridad en la embarcación.

Apuntar a la línea de flotación

En años recientes y a raíz de la captura de Augusto Pinochet en Inglaterra en 1998, debido al pedido de extradición efectuado por el juez español Baltasar Garzón; se reavivó el interés de la opinión pública internacional sobre el buque y otros casos de violaciones de los derechos humanos en Chile que todavía no son resueltos por las autoridades y la justicia chilena.

Diversos organismos internacionales de derechos humanos insisten en pedir al gobierno y a la Armada de Chile que reconozcan las graves violaciones producidas a bordo del «Esmeralda», que realicen investigaciones imparciales y eficaces sobre las numerosas denuncias de tortura y otros abusos cometidos en instalaciones y buques de la Armada durante el gobierno militar. Además exigen que se lleve ante los organismos judiciales a los autores materiales e intelectuales y que concreten una indemnización moral y material a las víctimas o a sus familiares.

Los sucesivos gobiernos democráticos han realizado esfuerzos por enfrentar y superar la nefasta herencia de violaciones de derechos humanos de Chile, sin embargo hasta la fecha persisten casos de injusticia y arbitrariedad. Por lo tanto, ya es hora que el Estado chileno rompa el manto de impunidad que aún cubre al «Esmeralda». No es suficiente que el año pasado, la administración Lagos suspendiera la visita del referido buque a varios puertos europeos, debido a las protestas de numerosas colectividades de derechos humanos de América y Europa.

El 14 de marzo de 2004 el buque - escuela «Esmeralda», inició la que debería ser su última macabra travesía por los mares de las naciones respetuosas de los derechos civiles y la democracia, con el siguiente itinerario: el 23 de marzo, Callao (Perú), donde sorprendentemente, un programa del Canal 4 de Lima le hizo un homenaje, demostrando así una total ignorancia sobre sus antecedentes o una complicidad con malos elementos de la marina chilena.

El itinerario del «Esmeralda» prosigue: 10 de Abril a Acapulco (México), 24 de Abril: San Diego (Estados Unidos), 14 de Mayo: Honolulu (Estados Unidos), 10 de Junio: Tokio (Japón), 21 de Junio: Pusán (Corea), 28 de Junio: Shangai (China), 30 de Junio: Noumea (Nueva Caledonia), 20 de Agosto: Papeete (Francia), 9 de Septiembre: Hanga Roa (Chile) y 26 de Septiembre: Valparaíso (Chile).

El también conocido como «barco fantasma» por la prensa chilena, se habría visto forzado a cancelar para esta nueva ruta, la parada en Estocolmo, pues Suecia se ha negado a recibir a uno de los instrumentos de la violencia utilizada por del dictador Pinochet.

Acapulco es un puerto esencialmente turístico, al igual que Honolulu. San Diego es la base naval más importante de la costa oeste de EE.UU. y está bien resguardada de todo tipo de manifestaciones, especialmente en los tiempos antiterroristas actuales. Respecto a Shanghai, China, es público y notorio el poco apego por respetar los derechos humanos de quienes detentan el poder en ese país. En consecuencia y por ahora, el buque-escuela fantasma de la muerte y la tortura puede navegar tranquilo, hasta que dentro de poco tiempo se haga justicia.

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