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El 1º de mayo la Unión Europea admitió en sus filas a 10 Estados nuevos. Como resultado, se ha alargado sustancialmente la frontera común entre la UE y Rusia. Se amplía el diálogo entre Rusia y la Unión Europea, surgen nuevas «hojas de ruta», siguiendo las cuales Rusia y la UE pueden avanzar hacia la creación de espacios comunes en la economía, la energía, la cultura y en materia de seguridad. Políticos de la Unión Europea dan a entender su disposición a despejar ante Rusia el camino para el ingreso en la Organización Mundial del Comercio.

Al basarnos en estos y otros hechos demostrativos, que prueban el ahondamiento de la comprensión mutua ente Rusia y Europa, ¿podemos afirmar que en las relaciones Rusia - UE todo está muy claro y bien definido?

Una pregunta estratégica que conviene formular en relación con ello sería la siguiente: ¿conviene enfocar a Rusia como un miembro de la Unión Europea en una perspectiva lejana o se debe orientarse a que Rusia sólo va a ser partenaire de la UE? Es prematuro afirmar que existe una respuesta unívoca. Hoy día solamente se puede esbozar el futuro desarrollo de acontecimientos, partiendo de la táctica que aplican las partes, mientras que la estrategia de desarrollo de las relaciones ruso-europeas está solamente en la etapa de formación tanto en Rusia como en la Unión Europea.

Muchos en la UE afirman hoy día que el ingreso de Rusia está excluido, lo cual origina un ambiente de europesimismo en la propia Rusia. Pero es de recodar que hace diez años solamente, sin hablar ya de la época más lejana, pocos eran capaces de predecir el ingreso en la UE, por ejemplo, de Polonia y Letonia, por lo cual no se debe descartar que algo parecido pueda sucederle a Rusia dentro de diez años.

La adhesión de Rusia a la UE es un proyecto muy ambicioso y atractivo. Pero es obvio que todavía es prematuro enviar nuestra solicitud de ingreso a Bruselas. Rusia todavía está muy lejos de corresponder a los criterios de Copenhague y difícilmente podría participar en un futuro previsible en la realización de los fundamentales proyectos de la UE. Además, mientras que la prestación de ayuda por la UE a los novatos de Europa del Este para «colocarlos en el nivel europeo» era una tarea realizable, tratándose de Rusia está por encima de las fuerzas de la UE, dadas las proporciones geográficas del país y las de su economía. Nuestros problemas los deberemos que resolver nosotros mismos, con nuestras propias fuerzas, y ello nos va a llevar bastante tiempo. Por esta razón es de suponer que en un futuro próximo a Rusia y la UE les convenga debatir la creación de una estructura, la que, por una parte, no suponga el ingreso de Rusia en la Unión Europea como miembro con plenitud de derechos, pero por la otra, no la coloque al margen de la casa europea común.

Pero antes de pasar a hacerlo, hace falta esclarecer las cuestiones corrientes. El problema más inmediato está relacionado con la ratificación del Protocolo del Convenio de Partenariado y Cooperación (CPC) concertado entre Rusia y la UE, por el cual el CPC, firmado en 1994, se hace extensivo a los diez miembros nuevos de la Unión Europea. En el parlamento ruso se desarrollan acalorados debates en torno a este documento, además el Gobierno de Rusia no se apresura a presentar el Protocolo del CPC para la ratificación. Esa demora está originada por la necesidad de convencernos de que tras la ampliación de la UE la cooperación ruso-europea se desarrolla igualmente bien que antes de producirse ese suceso. Se debe verificar si funcionan con eficacia nuestros acuerdos con la UE sobre el combustible nuclear que Rusia envía por tradición a esos diez países y sobre los suministros rusos de acero y cereales.

Es posible que nuestras preocupaciones se disipen ya próximamente, y el Protocolo en cuestión sea admitido por la Duma de Estado para examinarlo ya durante su sesión primaveral, la que termina el 3 de julio. Si ello no se hace, entonces según la legislación rusa el Protocolo será admitido, sin haber sido ratificado, para la ejecución provisional de seis meses, durante los cuales proseguirán nuestras conversaciones con la UE, y la parte rusa va a insistir en la adopción de nuevas enmiendas. Entre septiembre y octubre se celebrarán amplias audiencias parlamentarias, se escucharán las opiniones de las partes interesadas, y si no se exponen serias objeciones, el Protocolo se ratificará en otoño del año en curso.

En cuanto a mí, yo quisiera evitar que se haga depender la ratificación del Protocolo del CPC de la resolución de los problemas políticos existentes entre Rusia y la Unión Europea, pues es imposible zanjarlos durante una semana o hasta varios meses. Además, una injustificada politización de los asuntos comerciales y económicos siempre ha obstaculizado absurdamente el acercamiento entre Rusia y Europa. Tenemos que ir eliminando esa enfermedad infantil.