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A medida que se agotan las reservas mundiales, Estados Unidos y el mundo en general se harán más y más dependientes de los suministros provenientes de los países del Golfo Pérsico y de América Latina y el Caribe.

Y por consideraciones de seguridad y economías de regionalización, en su mayoría relacionadas con costos de transporte y cuellos de botella, la prioridad de Estados Unidos en términos estratégicos debería ser estimular la producción de crudo en los países de la región, especialmente en la región andina, donde están ubicados el grueso de las reservas hemisféricas. Ramón Espinaza, estratega de la administración de Luis Giusti en Pdvsa y ahora asesor del Banco Interamericano de Desarrollo, presenta tales conclusiones en un trabajo de investigación titulado «América Latina, El Golfo Pérsico y el futuro de la estrategia de seguridad para el suministro petrolero de Estados Unidos».

En ese texto advierte que para el 2020 se calcula que la demanda de petróleo se sitúe en más o menos 98 millones de barriles diarios y que además de ese total, aproximadamente 18,4 millones de barriles por día deberían ser suministrados por naciones productoras de América Latina y el Caribe, especialmente por México y Venezuela.

No obstante, para poder llegar a ese volumen de oferta deberán llevarse a cabo inversiones no menores a 200 millardos de dólares. Sin embargo, indica Espinasa que para poder destinar esa gran cantidad de recursos los gobiernos deberán abrir el sector petrolero a la inversión privada nacional y extranjera debido a la «magnitud de las inversiones y el esfuerzo de ingeniería» necesarios para poder alcanzar los niveles de producción -antes citados- a mediano y largo plazo, «ya que tanto los estados como las economías locales no podrán generar los ahorros necesarios».

Agrega el asesor del BID que esa apertura a la inversión privada en el sector petrolero latinoamericano y caribeño genera una serie de problemas en la política económica de los países que componen esa región «que tiene que ver con temas como las condiciones del leasing (arrendamiento) y la seguridad de las inversiones; seguridad de la oferta y la demanda; estabilidad de los precios y reglas para la distribución de las rentas».

Más adelante expresa que estos requerimientos pueden transformarse en «los obstáculos principales para asegurar la estabilidad de los suministros petroleros a Estados Unidos en el largo plazo». Señala que para solventar las dificultades mencionadas «se requiera la participación activa de los gobiernos y de las compañías petroleras». Y concluye que hasta la fecha «esa interacción ha sido nula» y recomienda que «Estados Unidos debería asumir la promoción de esta interacción para poder equilibrar el panorama de la inversión como una prioridad estratégica».

Explica Espinasa en su trabajo que tanto Estados Unidos como el resto del mundo se harán más dependientes de la energía proporcionada por el hidrocarburo. Resalta también un hecho que se ha profundizado en el país norteño a medida que han trascurrido los años: la brecha entre el creciente consumo de crudo y la cada vez más reducida producción interna.

De acuerdo con el investigador en ese país a partir de 1985 "la producción ha venido cayendo a una tasa promedio de 2% y el consumo ha aumentado a una de 14%", problema que para dentro de 16 años se espera se traduzca en una «brecha del suministros» de aproximadamente 19,6 millones de barriles diarios.

Pero aunque esto pueda verse como una gran oportunidad para naciones del continente, como sería el caso de Venezuela, no deja más bien de ser un gran reto. Según manifiesta el autor del documento citado habría una notable diferencia, en cuanto a la futuras cuotas de mercado en Estados Unidos en el 2020, si los volúmenes de oferta crecen de manera lineal (15,5 millones de barriles diarios) o exponencial (18,4 millones de barriles diarios).

Se espera que en el futuro cercano habrá una mayor presencia de petróleo proveniente de los países del Golfo Pérsico y del resto del mundo en Estados Unidos. No obstante se comenta en el texto que la gravedad del retroceso de los productores de hidrocarburos la región latinoamericano y del caribe en esa plaza, dependerá entonces de su capacidad suministrar crecientes volúmenes de crudo.