El resultado final, que superó por pequeño margen, casi ínfimo, el mínimo exigido por la Constitución Bolivariana de 1999, fue extraordinariamente irrisorio, cuando se considera que toda la oposición, en su conjunto, hizo lo posible e imposible (incluyendo la resurrección de entre 15 mil y 50 mil difuntos), durante meses seguidos, para obtener el número de firmas. No son muchos los presidentes que pasarían con tanto brillo por un test tan riguroso al final del cuarto año de su segundo mandato, más aún bajo al cerrada oposición de practicamente todos los medios comerciales del país.

Pero no es exacto decir que los medios venezolanos hacen oposición a Hugo Chávez. Ellos mienten. Falsifican los hechos. Distorsionan deliberadamente la información (como, además, también hacen los medios inetrnacionales).

Fui testigo de ello, como integrante de un equipo de observadores internacionales, en noviembre 2003 (durante la campaña de recolección de firmas, o “firmazo”) y mayo de 2004 (en el proceso de validación o no de las firmas dudosas, el llamado “reparo”). El equipo internacional de observadores, formado por juristas, políticos, intelectuales, personalidades públicas y periodistas, viajó por invitación del Consejo Nacional Electoral (CNE), la misma institución que invitó a la Organización de los Estados Americanos (OEA) y al Centro Carter (presidido por el ex-presidente Jimmy Carter).

En noviembre, por ejemplo, nuestro equipo recorrió por lo menos 80 locales de recolección de firmas, en Caracas y en el interior del país. Podíamos escoger libremente, sin ningúún “monitoreo” oficial. Para nuestra sorpresa, locales que estaban desiertos eran mostrados por la televisión, el mismo día y a la misma hora, como abarrotados de multitudes que, en grandes filas, esperaban el momento de firmar la petición por el referendo. ¡Extraordinario!

En compensación, no vimos algún periódico o emisora de televisión informar sobre los fraudes practicados a escala industrial. Los trabajadores de las grandes empresas, por ejemplo, eran obligados a firmar la petición, bajo la amenaza de ser despedidos. Los empresarios llegaron a confeccionar una “carta de identidad” específica para ese fin. Allí había espacios para la firma y la impresión digital del empleado, que debían ser llenados y suscritos por un fiscal de la oposición. En hospitales conversamos con enfermos que dijeron haber sido obligados a firmar, bajo la coacción de los médicos de interrumpir sus tratamientos.

El CNE, institución independiente, uno de los cinco poderes de la República, concluyó que por lo menos 1,8 millones de las 3,4 millones de firmas obtenidas por la oposición presentaban irregularidades (de allí el “reparo”). Realizado el nuevo proceso, ahora con la aprobación del Centro Carter y de los observadores de la OEA, el CNE constató que por lo menos 15 mil muertos confirmaron su firma, además de haber sido descubiertas cerca de 25 mil cédulas de identidad falsas (presenciamos la aprehensión de cuatrocientas de ellas). El 29 de mayo en las dependencias del CNE fuimos abordados por 120 trabajadores de Coca-Cola que habían sufrido presiones para ir a confirmar sus firmas.

Nada de eso apareción en los medios. O apareció en forma distorsionada, como si los hechos hubieran sido “fabricados” por el gobierno. Periódicos y emisoras de radio y televisión crean, 24 horas por día, la impresión de Chávez es una especie de personaje embarullado, aislado y presionado, aun cuando eso entra en contradicción con el mero hecho de que la oposición se esmeró e hizo todo lo que pudo para conseguir el escaso apoyo del 20% de los electores. Llega a ser melancólicamente cómico, por otra parte, oir los discursos democráticos proferidos por los mismos señores que articularon o apoyaron el fracasado golpe de abril de 2002, el sabotaje de la industria petrolera, y la incursión, en Venezuela de mercenarios oriundos de la selva colombiana.

Causa similar melancolía asistir a los pronunciamientos de Carter sobre la democracia. Justo él. Fue bajo su gobierno que la CIA (el servicio de inteligencia estadoundiense) contrató los servicios de Osama Bin Laden para combatir a los soviéticos en Afganistán. Y de su parte se oyó un silencio ensordecedor sobre la prática de tortura en iraquíes por parte de los soldados de su país, así como sobre las sospechas de fraude en las elecciones que condujeran a George Bush a la Casa Blanca. Nuestro equipo intentó cambiar impresiones con el Centro Carter y con los observadores de la OEA. Por razones misteriosas, ambos recusaron la invitación.

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En su pronunciamiento público, al reconocer los resultados del “reparo” y la convocatoria a referendo, Chávez se declaró satisfecho, por haber impuesto a la oposición golpista los rumbos de la democracia institucional. Calificó los resultados obtenidos por la oposición como una “victoria pírrica” y se declaró listo para la lucha. ¿Aceptará la oposición por fin mantenerse dentro de los límites de la democracia?