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Han pasado los primeros cinco meses del año 2004 y el fenómeno de la inflación ha sido mantenido a raya. Duro combate, diario y constante, que requiere de múltiples frentes de ataque. Son bien conocidas las características de la economía venezolana en su vocación importadora en la parte no petrolera, y por otro lado, la rigidez presupuestaria asociada al gasto público.

En esa dirección ambas situaciones afectan sin duda y de manera concurrente a la inflación, teniendo como sustrato profundo las fortalezas y debilidades provenientes de una renta petrolera internacional captada como recurso de un tan codiciado bien no renovable usado para el mantenimiento de máquinas productivas insaciables de alto contenido energético. Allá en el fondo tenemos como causa estructural de nuestra inflación, como ha sido algunas veces dicho, esa grave separación entre una economía petrolera que produce divisas versus la otra cara que las consume de manera a veces desmedida.

La duración de mediano plazo de los ciclos petroleros, la variación de los precios y la misma rigidez del presupuesto público han llevado a picos inflacionarios que tocaron el 81% al inicio de los noventa, y a superar las tres cifras significativas con un 103,2% a mitad de la década. Sabemos igualmente como descendió la inflación al inicio de este gobierno al encontrarla cercana al 30% en 1998, llevándola a cifras cercanas al 10% con un valor de 12,3% en el 2001. Luego se dio un nuevo salto hasta 31,2% que más tarde se intentó disminuir hasta concretarse en los niveles actuales.

También es conocido como la inflación afecta a quienes dependen de un salario en contraposición a los que viven de una tasa de ganancia producto de la propiedad del capital. Las medidas tomadas por el Ejecutivo Nacional a raíz del día del trabajador con el aumento decretado para el sueldo mínimo del 30% que lo llevó de 247.104 bolívares a 296.524, siendo un 20% de aumento al primero de mayo, y luego alcanzando los 321.235 bolívares con un sucesivo aumento del 10%. Aumento que intenta mantener dicho ingreso en línea con el nivel de la canasta alimentaria. Tal correlación entre el salario mínimo y el consumo básico va en línea con el esfuerzo que se viene realizando por parte del gobierno para lograr una mayor inclusión social de las grandes mayorías de venezolanos.

Esta política se encuentra asociada a un esfuerzo nunca visto en las últimas décadas para mejorar las condiciones de vida de esas mayorías. Dentro de ese contexto observamos el comportamiento de la inflación durante el mes de mayo recién concluido.

La inflación mensual fue de 1,2% que comparada con la del mes anterior, 1,3%, disminuyó en una décima. En relación con el mismo mes del año precedente, 2,3%, disminuyó en 1,1%. Igual tendencia se dio con la inflación acumulada del 2004 en sus primeros cinco meses, la cual alcanzó un 9% inferior a la del año pasado que fue de 13,8%. Las variaciones interanuales del índice de precios al consumidor continuaron su tendencia descendente para llegar a 21,8% cifra inferior a la estimada para el año de 26%. Esta tendencia descendente es visible dado que en mayo del 2003 había alcanzado un valor de 35%.

En cuanto al detalle de los grupos siete se encuentran por debajo del promedio. Durante el mes de mayo dos mostraron signo negativo, esto es, con una disminución de la inflación en el transporte y en las comunicaciones. Los ajustes autorizados en algunos precios alimenticios llevaron el índice de mayo a un 2,3% superando lo que habían sido los valores durante los tres meses anteriores desde febrero de 2004. La menor variación acumulada durante el año después de las comunicaciones y los servicios de educación se tiene en el alquiler de viviendas y el rubro de vestidos y calzado. El mayor valor acumulado durante el año se refiere a los servicios de hoteles y restaurantes con un 13,2%. Debe notarse que en la comparación con el aumento de los precios de mayo de este año con el anterior todos los trece grupos analizados por el Banco Central de Venezuela tuvieron variaciones menores, siendo la general para el año 2004 de 9% mientras que durante el año 2003 fue de 13,8%.

Con relación a la variación anualizada nueve de los grupos se encuentran también por debajo del promedio de 21,8%, menor este a su vez del alcanzado en el año 2003 que fue de 35%. El rubro que más afecta a los sectores populares ha venido siendo combatido en parte a través de la Misión Mercal, como sistema de distribución que continúa ganando espacio entre los consumidores de menores ingresos. Los alimentos y bebidas no alcohólicas pesan un 22,9% dentro del total.

Datos interesantes se refieren al reconocimiento de la existencia de establecimientos tipo Mercal cerca del lugar de habitación o del lugar de trabajo, teniéndose precios por debajo del resto de los establecimientos, esto como un hecho reconocido por un 86% de la población.

La lucha contra la inflación continúa por parte del gobierno y debe ser acompañada por la acción de los consumidores reforzando la contraloría social. Igual esfuerzo se requiere por el lado de los productores quienes han recibido incentivos por parte de las fuentes de financiamiento tanto públicas como privadas. El Plan de Siembra para el año en curso representa como lo hemos dicho en otras oportunidades uno de los propulsores que permitirá aumentar la producción, contribuir a disminuir la inflación y como objetivo mediato garantizar la seguridad alimentaria, propósito vital para los tiempos de transición que vive el país.