Mas allá del prurito que busca enumerar cuantas ciudades, fábricas, mercados y escuelas dejaron de trabajar este 14 de julio y medir cuantitativamente si la jornada de protesta fue un éxito o un fracaso, algunas conclusiones se pueden extraer:

1. El ambiente psicológico de paro fue mas grande que el paro mismo. La paralización fue mayor en la mente de los organizadores, del gobierno y de la ciudadanía. A ello contribuyeron las cifras de rechazo social al régimen y la campaña oficial de amedrentamiento con una torpe identificación entre protesta y terrorismo. Los miedos hicieron crecer la jornada en efectismo. Al finalizar el día su ostensible carácter pacífico puso al toledismo en ridículo.

2. El paro perturbó fuertemente las actividades en todo el país. Se vio claramente una capital afectada y a las principales ciudades del Sur y del Norte masivamente desmovilizadas. No todos los asalariados dejaron de trabajar, en parte por la falta de garantías laborales para expresar su protesta, pero los autoempleados que trabajan en mercados y pequeños negocios dejaron sus espacios para participar en las manifestaciones y actividades de protesta. Pararon los puertos, las telecomunicaciones, el sector petrolero especialmente en Iquitos y Talara.

3. Quedó demostrado que un amplio espectro de organizaciones sociales y políticas, de la izquierda hacia el centro, puede actuar de manera conjunta contra el gobierno. Ese sector sintonizó con la población en pedidos tales como el cambio de la política económica, la derogatoria de la Constitución fujimorista, el impulso al agro y la lucha contra la corrupción.

4. El tono del discurso político varió sustantivamente. Quedó atrás el pedido del cambio que fue sustituido por el de la vacancia presidencial o el de las elecciones anticipadas. Alan García, consagrado por las encuestas como el líder de la oposición democrática, exigió la salida de Carlos Ferrero y su gabinete. Mario Huaman fue mas allá, pidió que Toledo no permanezca un día mas en el gobierno.

4.El gabinete Ferrero aparece gravemente herido. El premier, más papista que el Papa, se apresuró a declarar el fracaso o la inexistencia de la protesta antes del mediodía lo que radicalizó el discurso opositor. Toledo descalificó a Ferrero al reconocer el carácter pacífico del paro.

5. Las cúpulas sindicales salieron del gheto laboral y crecieron en su influencia social y política, tanto por la convocatoria de un paro cívico como por su ejecución pacífica y responsable. No solo la CGTP de Huamán y Gorriti y la CTP aprista, la CUT de Julio César Bazán cumplió disciplinada y masivamente. El APRA movilizó sus bases a la manera de un entrenamiento político y social y logró sintonía con gran parte de la población.

El gobierno incurriría en autismo suicida si sigue la instrucción, expresada por Carlos Ferrero y algunos de sus ministros, de no ver ni oír las expresiones de un rechazo masivo que ha saltado de las encuestas a las calles y va hacia mas. La oposición en general tiene ahora otro escenario. El sector del centro a la izquierda tiene ante si un espacio de concertación que funcionó activamente en la lucha contra la dictadura fujimorista y que había quedado en hibernación. Hacer oposición a un gobierno tan debilitado y repudiado como el de Toledo, exige inteligencia, precaución y mucha responsabilidad para no votar juntos al niño y al agua. Debatir una salida ordenada, adelantarse a lo que puede venir, es la primera exigencia mas aún cuando los escándalos por las firmas de Perú Posible, por la supuesta coima pagada por Bavaria y por la non santa sociedad Karp-Almeyda, tornan el escenario político color de hormiga para el régimen.