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Hace algunos meses, el New York Times publicó, bajo el título “La Compañía Petrolera como Trabajadora Social” [1] un artículo que discutía el significativo aumento del presupuesto de Petróleos de Venezuela destinado a la inversión social.

El texto contrastaba las reacciones de los beneficiarios de dicho gasto social con las de analistas preocupados por el desempeño económico de una empresa que debería, dentro de la lógica de toda corporación de negocios, privilegiar el gasto destinado a maximizar sus ganancias, en vez de invertir en terrenos ajenos a la producción de hidrocarburos.

En efecto, Pdvsa es una corporación petrolera que destina una parte importante de su presupuesto a la lucha contra la pobreza, pero esta postura no parece de ningún modo un contrasentido. Es difícil mantener, hoy por hoy, un modelo de gestión basado en la premisa de que las operaciones de una compañía son sustentables aunque el entorno en el que ella opera no lo sea. En momentos en que el criterio de “Responsabilidad Social Corporativa” gana cada día más relevancia a la hora de juzgar el desempeño de las grandes corporaciones transnacionales [2], el destinar recursos -humanos y financieros- para atender las urgentes necesidades del país no debería alarmar a nadie.

El compromiso de Pdvsa con la sustentabilidad de su entorno, sin embargo, no se restringe a la lucha contra la pobreza a través del apoyo a las Misiones y al desarrollo comunitario, o a la atención del medio ambiente, sino que se complementa con el proyecto más complejo, y tal vez menos conocido, de fortalecer la capacidad del empresariado venezolano a través de estrategias de formación de capital nacional que sienten las bases para pasar de una economía rentista a una productiva. En este sentido, la Corporación ha asumido como una iniciativa clave promover al máximo la participación del sector privado nacional de los hidrocarburos en los negocios de petróleo y gas, cumpliendo así con los artículos 5 y 18 de la Ley Orgánica de Hidrocarburos.

La estrategia actual de Pdvsa para fortalecer la participación del sector privado venezolano en los negocios hidrocarburíferos es ejecutada a través de la Gerencia Corporativa de Formación de Capital Nacional (FCN) y puede dividirse en tres líneas de acción articuladas entre sí.

La primera, que pone en juego el enorme poder de compra de la Corporación, tiene que ver con la creación de oportunidades para empresas nacionales en los procesos de procura de obras, bienes y servicios tanto en los negocios propios como en los negocios con terceros. Las compras de Citgo en el mercado venezolano, que han pasado de 11,099,228.00 dólares entre enero del 2001 y agosto del 2003 a 27,172,995.00 dólares entre septiembre del 2003 y febrero del 2004, son un ejemplo claro de lo logrado hasta ahora.

Una segunda línea de acción tiene que ver con la actuación de Pdvsa como socio o promotor de inversiones con participación del capital nacional. En este terreno, la empresa adelanta una serie de iniciativas entre las cuales destaca el proyecto de formación de emprendedores. Por último, está la industrialización de los hidrocarburos, en la que Pdvsa, como proveedor de materia prima, juega un papel crucial en el fortalecimiento de las cadenas productivas aguas abajo, ya sea a través de proyectos productivos como el Proyecto de Olefinas y Derivados o a través de la formulación de políticas públicas en materia de estímulos fiscales, como se ha hecho en el sector del plástico.

La articulación de estas líneas de acción en una estrategia que haga crecer en la realidad el valor agregado nacional dentro del sector venezolano de los hidrocarburos no es, por supuesto, tarea fácil. El esfuerzo requiere, en primer lugar, de un trabajo conjunto a nivel corporativo, gremial y de los organismos públicos involucrados, para diseñar y dar a conocer un conjunto de lineamientos estratégicos y de metas alcanzables en términos de porcentajes mínimos de valor agregado nacional. Para implementar esta iniciativa eficientemente, es luego crucial contar con los mecanismos para verificar el cumplimiento de esos lineamientos y generar una cultura empresarial -dentro y fuera de Pdvsa- que entienda la importancia de apoyar lo “hecho en Venezuela”. Por otro lado, es necesario formular planes de desarrollo industrial coherentes con el portafolio de proyectos puesto en marcha por la corporación y por terceros. Por último, Pdvsa debe participar, a través de FCN, en el diseño de políticas públicas que apalanquen el despegue de un sector privado sólido y competitivo.

La creación de capital nacional en el sector de los hidrocarburos es, pues, un reto que trasciende los esfuerzos de Pdvsa y que, más allá de la corporación, requiere del trabajo concertado de las operadoras extranjeras, de los organismos públicos que regulan el negocio del petróleo y el gas y que apoyan y norman la actividad industrial, de los gremios empresariales y de las cooperativas y, por último, del ciudadano de a pié con espíritu emprendedor.

A largo plazo y si tenemos éxito, será este mismo capital nacional el que, a su vez, garantizará la sustentabilidad de la industria petrolera venezolana.

[1] The Oil Company as Social Worker, 11-03-2004.

[2] A fines del 2002, un grupo de importantes bancos, entre los cuales se encuentran ABN Amro, Barclays y Citigroup, lanzaron los llamados “principios ecuador” a través de los cuales se comprometen a no otorgar financiamiento a clientes que no cumplan con ciertos criterios básicos en materia de política social y ambiental.