Roger Noriega, Sub-Secretario de Estado para América Latina, en una declaración hecha a principios del mes de junio 2004, señalaba que los Estados Unidos solamente aceptarán como resultado en el referendo que tendrá lugar en Venezuela el 15 de agosto 2004 la victoria del «sí» que permitirá la revocación del presidente Hugo Chávez. Washington consideraría cualquier otro resultado como fraudulento y se reserva entonces el derecho de actuar para restablecer la, mejor dicho, su «democracia». Según la Constitución Bolivariana, cualquier mandato público puede ser revocado por el pueblo. Basta con que una cantidad mayor de electores se pronuncie por la revocación, esto quiere decir que debe haber una mayor cantidad de electores que lo eligieron en el momento de su elección como primer mandatario del país. En este caso, una nueva elección presidencial deberá ser organizada. En la última votación Chávez logró conseguir el 57% de votos frente a varios candidatos rivales. A pesar de haber perdido un poco de fuerza entre las clases medias, es muy poco probable que sus adversarios ―mismo estando unidos― ganen el referendo e imposible que desunidos ganen ―de haber lugar― las elecciones siguientes. Washington espera suscitar una guerra civil en Venezuela que justificaría su intervención en este país que es su principal abastecedor de petróleo.