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Ángel Peña, Selva Amazónica, 1997

Civilización y Colonialismo

El Nuevo Orden Colonial, proyecto de dominación mundial, cuya fase final ha sido iniciada por el gobierno del Sr. George Bush, secundado por el del Sr. Tony Blair, ha perfeccionado, para nuestro pesar, todos los mecanismos genocidas puestos en práctica por el capitalismo europeo en el siglo XIX. Esos mecanismos fueron diseñados para lograr el control de territorios periféricos como Latinoamérica, que se independizó en el siglo XIX y comenzó a descolonizarse hacia finales del siglo XX, o como los del África Negra, el Medio Oriente, el Sureste Asiático y el Pacífico Sur que, en la segunda mitad del siglo XX, se habían descolonizado y recuperado su independencia política.

La excusa o la justificación filosófica y ética del colonialismo, en sus primeras fases, fue la ideología del Darwinismo Social, fundamentada en la noción del Progreso y la Civilización que habían logrado su máxima expresión en los países europeos y en Norteamérica.

El término civilización fue acuñado alrededor de 1760 por los filósofos de la Ilustración, quienes sostenían que el régimen mercantil de entonces representaba la más alta condición a la cual podía esperar cualquier sociedad. Al igual como se proclama hoy para el neoliberalismo, dicho régimen era -según ellos- la única alternativa posible para el futuro de todos los pueblos. Ese concepto de civilización implica la existencia de pueblos que no están civilizados y que, por tanto, son inferiores. La misión de los pueblos superiores es, pues, salvar, educar y civilizar a los pueblos inferiores. En este sentido, ese concepto de civilización implica también una idea elitista, identificada con la existencia de jerarquías de sociedades, de clases, de culturas, de razas, asociada con la idea del progreso tecnológico, la mayor productividad y altos niveles de vida. Después de la Primera Revolución Industrial que culminó en las primeras décadas del siglo XIX, la industrialización entró en una nueva fase entre 1850 y 1860, conocida como la Segunda Revolución Industrial, caracterizada por la producción en gran escala del acero que se transmutaba en locomotoras, rieles ferroviarios y máquinas que se utilizaban para producir otras mercancías.

El ritmo del proceso de acumulación de capitales hasta el siglo XVIII, determinó la forma de la expansión colonial de las sociedades capitalistas europea y norteamericana, fundamentalmente viajes de exploración y reconocimiento de los continentes y territorios que no habían podido ser apropiados por el imperio español, desarrollo de enclaves comerciales y esclavistas particularmente en Asia, África y Oceanía, las Pequeñas Antillas y el litoral atlántico de Guayana. A partir de mediados del siglo XIX, el despegue de la Segunda Revolución Industrial determinó una segunda ola de expansión colonial por parte de potencias europeas, particularmente Inglaterra, Francia, Holanda, Bélgica y Alemania, así como también Estados Unidos, destinada a apropiarse de los mercados y las materias primas que existían en los continentes y territorios que no estaban bajo el control de alguna potencia o estaban débilmente protegidos por sus dueños.

Bajo la bandera del Destino Manifiesto, Estados Unidos inició la expansión hacia el oeste, considerada como una especie de misión divina llevada a cabo por un pueblo racialmente superior, escogido, los cristianos Anglo Sajones, que habían sido elegidos para conquistar la Naturaleza y llevar la civilización a los pueblos inferiores subordinados, indios o mestizos, que vivían en las provincias mexicanas de California, Nuevo México, Arizona y Tejas, en Cuba, Puerto Rico, Filipinas, Hawaii, Micronesia, etc. Los territorios de África, el Medio Oriente, el Sureste de Asia, Australia, Nueva Zelanda y otros pertenecientes a China y la India, bajo la misma ideología civilizadora, fueron apropiados por Inglaterra, Francia, Holanda, Bélgica, Alemania y Portugal.

La formación de aquellos vastos imperios coloniales decimonónicos, particularmente el Británico y el Norteamericano, animada por la ideología del Darwinismo Social, se fundamentó en una interpretación de las relaciones internacionales de poder en términos de la supervivencia del más apto, idea muy influyente entre 1880 y la Primera Guerra Mundial, y revivida a partir de 1970 bajo el nombre de Sociobiología. Según la Evolución Social, tanto el mundo natural como el social están gobernados por las mismas leyes inmutables de la evolución, definida ésta como un cambio unidireccional que se desarrolla a escala global. Las diferentes sociedades y razas avanzan con ritmos diferentes lo cual, según esta teoría, determina la existencia de una jerarquía de razas, sociedades y culturas que es consecuencia necesaria de la evolución social, expresada en unas razas, sociedades y culturas superiores, Europa y Estados Unidos, y otras, el resto del mundo, que son inferiores.

En Estados Unidos, la ideología del Darwinismo Social y del Destino Manifiesto fue utilizada para legitimar las jerarquías sociales y las estructuras de clase, la xenofobia contra los inmigrantes en el norte del país, las políticas racistas en el sur, las guerras imperialistas contra los indios norteamericanos y la anexión de las antiguas posesiones españolas en el Caribe y el Pacífico. Finalizada la Segunda Guerra Mundial, esa misma ideología se utilizó para justificar la Guerra Fría, en la creencia de que todas las sociedades existentes en la periferia de Estados Unidos y sus aliados eran atrasadas y representaban estadios arcaicos de la evolución social de la Civilización Occidental, debido a su resistencia a aceptar los valores capitalistas y su incapacidad para adquirir mercancías, para promover el consumismo. El capitalismo, a su vez, era considerado como el mayor desarrollo ético y moral de la Humanidad, medido en términos del crecimiento económico, fundamentado antes en la reconstrucción y expansión de las fuerzas productivas y, hoy, casi exclusivamente, en el crecimiento del capital financiero.

Civilización y dominación neocolonial

La expansión de la civilización capitalista hacia el Tercer Mundo comenzó a ser denominada “modernización”, implicando también la transformación y el reemplazo de las normas, valores y prácticas tradicionales de esas sociedades y su incorporación como territorios dependientes dentro de un proceso neocolonial llamado Globalización. Para facilitar los intentos de desconstrucción de las sociedades del Tercer Mundo y en particular de países petroleros como Nigeria y Venezuela [4], Estados Unidos contó con el apoyo irrestricto de las oligarquías y los partidos reformistas socialdemócratas, socialcristianos o formados a partir de las logias católicas fundamentalistas como el Opus Dei, como es el caso de Primero Justicia en nuestro país.

El colapso de la Unión Soviética tuvo como consecuencia, en el mediano plazo, el rápido surgimiento de la República Popular China como el bloque económico dominante del siglo XXI. Ello no sólo ha permitido a China producir un enorme excedente de capital invertido en parte en la compra de la deuda externa de Estados Unidos, sino que ha generado igualmente una gigantesca demanda de petróleo y gas para mantener su propio ritmo de crecimiento económico y social. Por esa razón, China ha comenzado a posicionarse política y financieramente en relación a potencias petroleras mundiales como Venezuela, en tanto que Estados Unidos hace todos los esfuerzos por darle jaque mate a las movidas de China en el ajedrez político mundial. Para desbalancear el acercamiento político entre China y Venezuela y destruir la OPEP, Estados Unidos recurrió al golpe del Estado y el sabotaje petrolero fallidos, apoyándose en las oligarquías y las formaciones políticas apátridas de la Coordinadora Oposicionista. Para legitimar sus intentos de destruir la OPEP y el mundo islámico, recuperaron la tesis de Samuel Huntington sobre el choque entre la civilización cristiana y la civilización islámica [5].

Pero por encima de todo ello, respondiendo a la ideología del Darwinismo Social y de la tesis civilizacionista, desarrollaron la idea de los llamados países renegados o rogue countries, concepto aplicado a todos aquellos países que no comparten la ideología imperial del destino manifiesto norteamericano.

En tal sentido, oponerse a los designios del imperio no solamente es una prueba de anacronismo histórico, de atraso, sino aún peor, es un delito público que se sanciona con la invasión, la guerra y la destrucción. La imposición despótica sobre el destino de los países que no se sometan a la voluntad de esa sociedad civil global, extensión de la sociedad civil norteamericana, convierte a dichos países en sociedades sin soberanía que deben acudir como sujetos del derecho privado ante las instancias administrativas, jurídicas y políticas de la sociedad internacional (léase Comunidad Europea y Estados Unidos), como si fuesen vulgares delincuentes callejeros. “Ya no hay guerreros que luchan bajo diferentes banderas. La Comunidad Internacional solo reconoce a delincuentes que quebrantan su ley y a policías que la defienden. No hay guerras santas contra los infieles sino infractores de la ley, y esta ley no es la de Alá” [6].

La tesis del Darwinismo Social tiene también su ámbito de aplicación a lo interno de nuestros países. Como parte del proceso civilizatorio, los grupos políticamente dominantes tratan de diferenciarse social y culturalmente de los que ellos consideran subordinados e inferiores. Se describen a sí mismos como refinados, educados y cultos, en tanto que los miembros de las clases subordinadas o grupos periféricos son descritos como incivilizados, bárbaros, rústicos y salvajes [7].

En el caso concreto de Venezuela, los sectores de la llamada Coordinadora Oposicionista comenzaron a utilizar descaradamente desde el año 2000, el concepto de Sociedad Civil como referida exclusivarmente a los ciudadanos soberanos, considerados cultos, educados, refinados, que forman parte de la clase media, media alta y gran burguesía y que son, por otra parte, antichavistas. Los chavistas, pertenezcan a cualquier clase social, son por definición incultos, hordas, tierrúos, vulgares, salvajes y de paso, castrocomunistas.

La estrategia de dominación mundial del imperio comprende múltiples tácticas o prácticas para la dominación del ser social y de las mentes individuales y colectivas, que se apoyan en el conocimiento de las Ciencias Sociales. En los países neocolonizados como Venezuela, las oligarquías, gobiernos y partidos políticos apátridas orquestaron durante la IV República una virulenta campaña contra las disciplinas que estudian el ser social y la organicidad de su participación en nuestra Nación, rehusándose incluso a incorporar en la enseñanza oficial todo nuevo conocimiento que contradijera o alterara la “verdad histórica oficial”, desprestigiando los estudios de disciplinas humanísticas -como la Historia y la Antropología en particular- que muestren la lucha de nuestras poblaciones originarias y del pueblo venezolano para construir una Nación y una cultura soberanas.

En este sentido, la conspiración del imperio para desconstruir la Historia Social de los pueblos de su periferia, particularmente de los países petroleros, ha sido demostrada por las investigaciones de distingidos científicos sociales del primer y del tercer mundo. De esta manera, mientras que la historia oficial de los Estados Unidos enfatiza el consenso y el excepcionalismo del pueblo norteamericano, su destino manifiesto de dominar al resto del mundo, la historia producida en nuestro país por los historiadores y científicos sociales de mente neocolonial, estimula, por el contrario, las ideas de una supuesta pobreza creativa de nuestro pueblo, la incapacidad de poder alcanzar logros concretos, de llegar alguna vez a ocupar un lugar destacado en la sociedad mundial. Como decía Sartre, no basta con decirle a los pueblos del Tercer Mundo que son inferiores, hay que hacerles creer que de verdad lo son [8].

El inicio de la traición contra Venezuela, comenzando con la desconstrucción del sistemas de enseñanza y de los fundamentos de la identidad nacional, fue una labor que se inició a partir de 1960 [9]. Aquellos patriotas que, como el maestro Luis Beltrán Prieto Figueroa, alzaron su voz en defensa de la integridad de la educación como fundamento de la soberanía nacional, fueron atacados ferozmente por los aliados locales del imperio que preparaban la futura entrega definitiva del país a las transnacionales.

Con base a aquella desconstrucción, se obtendría la pérdida de capacidad crítica y del razonamiento abstracto sobre todo en las clases populares y la clase media, reservando dicho privilegio a los estudiantes de determinados colegios, liceos y universidades financiados por la empresa privada u organizaciones católicas fundamentalistas, quienes pasarían luego a ocupar los cargos claves en el gobierno nacional, Pdvsa, CVG, Cantv, universidades nacionales, la Fuerza Armada, etc.; los cargos instrumentales de menor importancia, según dicho proyecto, serían reservados a los “monos”, a la chusma o a los “escuálidos” de clase media ya deformados por la incoherencia del sistema educativo público o privado.

Similar estrategia, pero más dolorosa, fue aplicada en Irak: comenzando con el largo y cruel bloqueo al cual fue sometido dicho pueblo con la complicidad de las Naciones Unidas. La invasión y la sucesiva ocupación, avalada también por la implicación de dicho organismo, no sólo ha destruido buena parte de la avanzada infraestructura de servicios que poseía Irak antes de la guerra, sino también de su educación, sometidas al pillaje instituciones culturales como el Museo Arqueológico, donde se hallaban expuestos y depositados los tesoros milenarios de la cuna de la civilización, amenazando con privatizar hasta las mismas aguas del Tigris y el Eufrates. La conducta genocida de las tropas de ocupación estadounidenses ha sometido a los irakíes tanto a torturas colectivas inenarrables, materializadas en el ataque y destrucción de ciudades y comunidades de personas no combatientes, como a torturas individuales y ultrajes a los seres humanos que han avergonzado hasta el propio Congreso de los Estados Unidos. En lo político, han instalado un gobierno de títeres que se distinguen no sólo por su sumisión a los gobernadores norteamericanos impuestos por el imperio, Breme y Negroponte, sino por la corrupción y por su odio contra todos aquellos patriotas irakíes que luchan por la independencia de su patria.

Los dueños de los medios informativos venezolanos no han reseñado prácticamente ninguno de estos hechos, avalando con su silencio cómplice aquellos crímenes contra la Humanidad. En su lugar, despliegan sin ninguna vergüenza sus planes de privatización de Pdvsa y las empresas básicas del Estado venezolano, la destrucción de las misiones puestas en marcha por el gobierno bolivariano del Presidente y la implantación de una dictadura que permitirá erradicar de raíz el chavismo, asesinando a todos los bolivarianos que sean peligrosos para el régimen, de forma de entregar a Venezuela, “limpia de polvo y paja”, al imperialismo transnacional norteamericano, tal como ha hecho el gobierno títere de Irak.

Venezuela y la descolonización

Ello, sin embargo está muy lejos de ocurrir: ni Venezuela es Irak ni Suramérica es el Medio Oiente. En los últimos seis años la sociedad venezolana ha experimentado cambios progresistas de extraordinaria calidad y magnitud en lo cultural, lo social, lo político lo económico y en las relaciones internacionales, que hacen muy poco probable la instauración de un régimen neoliberal como el propuesto por la Coordinadora de Oposición.

Todo permite prever, muy al contrario, el inicio de un proceso civilizatorio original enmarcado dentro de un bloque regional de naciones soberanas y de un proceso autónomo de acumulación de capitales, de integración social, económica, tecnológica y petrolera dentro de Mercosur+el Caribe, donde Venezuela está desempeñando y desempeñará un rol protagónico como puente para la integración entre ambas regiones. Todo permite prever, igualmente, que un posible gobierno demócrata en Estados Unidos, tendrá que negociar con los países de dicho bloque regional una forma de relación económica diferente al ALCA. No renunciarán, sin embargo a su sueño imperial, pero tendrán que cambiar el estilo de la actual relación de avasallamiento y dominación basada en la utilización de la fuerza bruta.

En Venezuela, la llamada Coordinadora Oposicionista ya no es más que un viejo carapacho. Todavía algunos buitres y hienas políticas tratan de encontrar alguna comida en esa carroña. A partir del 15 de agosto de 2004, aquellos dirigentes oposicionistas que sean suficientemente inteligentes como para marchar con los tiempos, deberán construir una nueva oferta política que tenga como meta mejorar, no destruir, el proceso civilizatorio bolivariano y la consolidación del proceso de integración regional suramericano y del Caribe.

A la luz de la teoría del cambio histórico, ello demostrará que el progreso social no es unidireccional sino, por el contrario, un proceso que se distingue por la variedad y la multiplicidad de soluciones y posibilidades existentes para resolver el problema existencial de los pueblos, derrotar el imperialismo y sus secuelas de pobreza, atraso y dominación, estableciendo un orden internacional fundamentado en el respeto a los derechos humanos, a la justicia social, a la soberanía y a la democracia participativa. Cuando Florentino, que es la representación del pueblo venezolano, derrote el próximo 15 de agosto al Diablo, esto es a la Coordinadora Oposicionista y a G.W. Bush, su dueño, habremos dado un paso trascendental para el futuro de Venezuela y del Bloque Regional Suramericano y Caribeño.

[1] Luis Britto García. 2003. País de Petróleo, Pueblo de Oro

[2] Luis Britto García. 2003. País de Petróleo, Pueblo de Oro

[3] Luis Britto García. 2003. País de Petróleo, Pueblo de Oro

[4] Iraida Vargas-Arenas.1995. The Perception of History and Archeology in Latin América. A Theorethical Approach. En: Making Alternative Histories.

[5] Samuel P. Huntington. 1997. The Clash of Civilizations.

[6] Enzo del Buffalo. 2002. Americanismo y Democracia.

[7] Thomas C. Patterson. 1997. Inventing Western Civilization.

[8] Jean Paul Sartre. 1961. Situations V.

[9] Iraida Vargas-Arenas y Mario Sanoja. 1990- Education and the Political manipulation of history in Venezuela. En: The Excluded Past.

[10] Luis Britto García. 2003. País de Petróleo, Pueblo de Oro