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Nela Martínez estuvo en primera fila entre las mujeres que combatieron la tiranía y la opresión y por ello en su biografía se anota que fue la primera diputada en la historia política de la república.

Pero su misión de sembradora fue más allá: ella estuvo en el núcleo constitutivo de la primera central nacional de obreros, la Confederación de Trabajadores del Ecuador, CTE.

Su entusiasmo acompañó también a quienes en las condiciones inmediatamente posteriores a la Revolución del 28 de mayo de 1944, advirtieron que el país no podía ser independiente, libre y próspero sin el concurso de los indios, que habían sido ignorados en varios momentos del desarrollo anterior, por eso participó activamente en la organización de la Federación Ecuatoriana de Indios, la FEI.

La palabra, la pluma y la acción militante de Nela Martínez, se movilizaron siempre contra las dictaduras militares y civiles que han asolado nuestra patria y América Latina. Pero su espíritu era, sobre todo, de sembradora, por eso se mantuvo siempre leal a la primera revolución socialista de nuestro continente: la Cubana; por eso abrazó con optimismo la experiencia de la Unidad Popular en Chile, encabezada por Salvador Allende; y, con ternura de madre y abuela, saludó con entusiasmo a los nietos de Sandino que iniciaron en 1979 la experiencia singular de construir una nueva Nicaragua basada en una síntesis del Sandinismo, el Cristianismo y el Socialismo Latinoamericano.

Quienes tuvimos el privilegio de conocerla, sabemos que toda esa lucha irreductible e inclaudicable, estaba inspirada en su condena sin contemplaciones al capitalismo y al imperialismo, pero también, y sobre todo, en su convicción de que era posible construir un nuevo Ecuador y una América Latina distintas, basadas en los principios de la paz, la fraternidad y el trabajo creador.

El nombre de Nela Martínez se mantendrá por siempre como un símbolo sólo comparable al de esa otra extraordinaria mujer, que ella misma admiraba: Manuela Sáenz.

Para nosotras y nosotros, los habitantes del Austro de la Patria, Nela será siempre un ejemplo de lo que se puede lograr si se transita por el sendero del honor, la lealtad a los principios y la consecuencia con los intereses de los sectores mayoritarios y empobrecidos de nuestra patria.

Finalmente podemos afirmar que, las personas que transitan por la vida sembrando utopías, como una estrella en el firmamento, no mueren y se mantienen, por siempre, en el corazón de sus pueblos.