Para contrarrestar la manifestación anti-Bush que el pasado 30 de agosto congregó en Nueva York a unas 400 mil personas, la organización antiabortista Sociedad por la Verdad y la Justicia, con sede en Florida (www.societyfortruthandjustice.com) reunió a unos cien activistas con carteles en los que afirmaban que "Bush debe ganar para que Estados Unidos sea fuerte y seguro".

Encabezaba el minúsculo contingente un personaje que en sí mismo resume el fanatismo y la hipocresía de las huestes pro-Bush: Randall Terry, pastor evangélico que en 1986 fundó Operation Rescue, una de las principales organizaciones antiaborto en Estados Unidos, que incluye entre sus métodos las protestas y bloqueos contra las clínicas que practican abortos y contra instituciones de planificación familiar, así como un activismo estridente que pretende intimidar a quienes no sigan las normas de una moral sexual represiva que condena no sólo el aborto sino los anticonceptivos, la homosexualidad, etc.

Terry, quien en abril de este año presidió en Washington la protesta contra la gigantesca marcha interamericana a favor de los derechos sexuales, declaró a la prensa en Nueva York criticando la manifestación anti-Bush: "Estamos aquí porque esta gente está loca. Si Bush saca a los soldados de Irak, vamos a sufrir un nuevo ataque terrorista", pero en realidad Terry ha sido siempre un entusiasta promotor de la violencia y de la guerra.

Por acciones agresivas contra varias organizaciones, ha sido encarcelado varias veces, pero también ha recibido un gran apoyo de empresarios y militantes antiaborto, como Tom Monaghan, fundador de Domino’s Pizza, Caballero de Malta e impulsor de la contrarrevolución centroamericana.

Tanto Terry como Monaghan participan también públicamente en organizaciones que buscan impulsar a la vez los intereses de la derecha religiosa y del neoliberalismo a ultranza, como la Alianza para separar la Escuela y el Estado, con sede en Fresno, California (www.honested.com/vips/index.php), que busca la eliminación de la educación pública alegando entre otras cosas que la educación debe estar enfocada ante todo a temas religiosos, sea en las familias o en escuelas privadas.

Esos proyectos forman parte de otros más amplios encaminados a “instalar un estado teocrático que suprima las escuelas y prisiones públicas, y los impuestos sobre la propiedad”(Jonathan Hutson “Operation Rescue Founder Predicts Armed Conflict (Part II)” www.plannedparenthood.org/Li...). En 1995, Terry declaró que los cristianos estaban llamados a “tomar la espada” para ”derrocar al régimen tiránico que los oprime”, es decir, contra la democracia como un obstáculo al predominio de las normas religiosas.

En esa época, Randall estaba impulsando su Instituto de Liderazgo Cristiano que buscaba crear "guerreros fieros, militantes, sin compasión”, que sirvan como dirigentes en la lucha por imponer en Estados Unidos una cultura basada en la Ley Bíblica. Asimismo, Randall definía el liderazgo como la “habilidad para conseguir que la gente haga las cosas que no quiere hacer”.

Dos años antes, el 15 de agosto de 1993, Terry había exhortado a sus discípulos a “Que una ola de intolerancia los llene. Quiero que se sientan llenarse de una ola de odio. Sí, el odio es bueno... Nuestro objetivo es una nación cristiana... [E]stamos llamados por Dios a conquistar este país. [...] No queremos pluralismo. Queremos una teocracia."

De hecho, quienes han seguido esos consejos al pie de la letra han dado lugar al terrorismo antiaborto que ha incluido el asesinato de médicos y los atentados dinamiteros contra clínicas.

En mayo de 1991, la revista The Advocate, publicó el artículo “¿Por qué usan anticonceptivos los cristianos?, de Randall Terry, quien afirmaba que los cristianos no deben usar esos métodos, ni siquiera alegando económicas, o relativas a su propio bienestar o a su forma de vida, pues según él, esas “excusas” son las que se usan también para abortar.

Señalaba que a las mujeres que se proponen usar anticonceptivos “les digo que debemos confiar en Dios con respecto al número de hijos que debemos tener...”. Su artículo incluía el imperativo “Si alguna lectora de este artículo esta utilizando la píldora o el DIU, que lo deje de hacer inmediatamente...”.

En ese texto, Randall dice que los niños son “nuestra herencia, nuestra recompensa” y que debe pedirse a Dios “que nos dé el deseo de recibir a esos preciosos frutos del vientre materno, y restaure en nosotros el respeto y el amor hacia ellos.

Sin embargo, la forma en que Randall entiende “el amor” , palabra muy trillada también en la propaganda de su candidato presidencial, y en particular el “amor por los hijos” no tiene nada que ver con el respeto, la solidaridad o el apoyo, es simplemente un recurso histriónico del fanatismo religioso.

A pesar de que ha ganado decenas de miles de dólares con su activismo provida, se ha negado a brindarles apoyo económico a sus hijos simplemente porque no comparten sus ideas. Para tener una idea del afán de lucro que motiva a Terry basta consultar su página Web (www.randallterry.com) que abunda en los vulgares convencionalismos de la mercadotecnia, con fotografías publicitarias y afirmaciones jactanciosas de que los libros y conferencias de Terry tienen un espectacular éxito de mercado, al mismo tiempo que peticiones de donativos “no deducibles de impuestos” para ayudar a Terry a sostenerse.

Randall tiene un hijo adoptivo de 24 años, Jamiel, que ha declarado públicamente ser homosexual, frente a lo cual Randall respondió que “El ya no es bienvenido en mi casa”. Posteriormente, en una entrevista de prensa Jamiel explicó que él quería hacer ver a su padre que no estaba en camino al infierno, pero que él seguía amando a su padre, mientras que Randall dijo que Jamiel “ha traído una gran tristeza a nuestro hogar y verguenza a nuestra familia”. Más aún, Terry ha insultado a la madre biológica de Jamiel, de quien ha dicho que era una prostituta y que él ha heredado su forma de ser.

Asimismo, las dos hijas tambien adoptivas de Terry, Tila y Ebony, hermanas biológicas de Jamiel, abandonaron su casa en la adolescencia y se embarazaron. Ebony se convirtió al Islam, que Randall llama una religión de "asesinos y terroristas", pero desde el punto de vista de su hija "Se supone que la comunidad cristiana descansa en el perdón y la caridad, pero mi experiencia no ha sido totalmente positiva”.

Terry se ha negado a proporcionarles ayuda económica a sus hijos, incluso a su hija embarazada de 19 años, alegando que esto sería como ayudar a un drogadicto a continuar con su vicio.

Pero hay muchos más elementos para ilustrar que, como sucede con el propio Bush, Cheney, y con muchos otros personajes gangsteriles del gobierno de Estados Unidos, el fanatismo religioso suele ir de la mano con la transgresión de sus propias normas, con la deshonestidad que es la sustancia del capitalismo.

En la propia página de Terry se reproduce una declaración del obispo Craig William Bates, de la Iglesia Carismática Episcopal, con su testimonio acerca del tormentoso divorcio de Terry, en 1999, y de su ruptura con otra iglesia evangélica a la que pertenecía, escándalo que incluyó acusaciones contra Terry por adulterio, “inmoralidad sexual” y por “conducta ilegal”, que fueron desdeñadas por las autoridades de su nueva iglesia las que criticaron también el hecho de que Terry hubiera sido “fuertemente censurado” en lugar de buscar su reconciliación, es decir, rechazaron nada menos que la actitud autoritaria que Terry ha adoptado con sus propios hijos.

El Obispo señala también que cuando el dirigente provida buscó su consejo en sus asuntos conyugales, estos estaban ya muy deteriorados y que luego de que la prensa dio a conocer “información confidencial y muy personal” sobre Terry (cuyo derecho a la privacidad defienden, curiosamente, los mismos que condenan el derecho de las demás personas a tomar decisiones personales sobre su vida sexual) y hasta tiene el candor de defenderlo de acusaciones de adulterio alegando que las pruebas disponibles son “sólo de oídas”.

Aunque el mencionado obispo desdeña también el hecho de que Terry hubiera abandonado a su esposa por otra mujer, la verdad es que pronto contrajo un segundo matrimonio, con una mujer mucho más joven, pero a decir del jerarca, “los detalles personales del divorcio y del nuevo matrimonio deben permanecer confidenciales, para proteger a los inocentes”.

Desde luego, Terry ha sido siempre un detractor de los “adúlteros” y defensor de la unidad familiar, con tanta hipocresía que en 1995, es decir, cuatro años antes de los hechos narrados, escribió en su libro El juicio de Dios que las familias “se destruyen cuando durante la crisis de la edad madura el padre abandona a su esposa por un modelo más joven”.