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Venezuela inició en Uruguay una serie de rondas de negocios empresariales con países del Mercado Común del Sur (Mercosur), como parte de su política de integración regional equilibrada, en oposición al Área de Libre Comercio de las América (ALCA), afirmó el presidente del Banco de Comercio Exterior (Bancoex), Víctor Álvarez.

"El acuerdo para el ingreso de Venezuela al Mercosur ya se alcanzó, sólo falta rubricar los documentos, y queremos que sea un proceso vivo, que no quede solo en los papeles", destacó Álvarez. Mercosur está integrado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, más Bolivia, Chile, Venezuela y Perú como asociados.

"Como parte de esa voluntad de real acercamiento al bloque regional estamos organizando estas rondas de negocios en Uruguay, Chile, Argentina y Brasil", agregó.

El encuentro entre 67 empresarios uruguayos y 15 venezolanos, estos últimos de los sectores de empaque, plásticos, ganadero y alimentación, entre otros, se celebró martes y miércoles en la sede de la Asociación Latinoamericana de Integración (Aladi).

El presidente del Bancoex calificó de "nefasto" para la región el proyecto de creación del ALCA, porque, según dijo, "entre otras cosas, no tiene en cuenta las asimetrías de los países y sus diferencias de desarrollo económico e industrial".

Álvarez dijo que los 83 millones de dólares de intercambio comercial entre Venezuela y Uruguay en el año 2003 son "insignificantes" y subrayó que su país se ha planteado "el desafío realizable de aumentar el comercio bilateral hasta 250 millones de dólares en tres años, y hasta 500 millones en cinco años".

Venezuela tiene especial interés en fertilizantes, abonos, vacunas, maquinaria y equipos vinculados a la ganadería y la agricultura, y en asistencia técnica de los uruguayos.

En contrapartida el país pretende incrementar las importaciones al mercado uruguayo de petróleo y sus derivados, acero, aluminio, frutas tropicales, jugos, pescado y ron.

Nueva realidad comercial con Argentina

Modesto Emilio Guerrero/Buenos Aires

Las relaciones entre el gobierno bolivariano de Venezuela y el de Argentina, han iniciado un camino que podría conducir a un nuevo mapa en la demopolítica de América del sur. No importa si es un propósito conciente de Estado, o no. Lo importante es que el proceso ha comenzado y ya muestra sus signos. Las coordenadas de este nuevo mapa se llaman gasoil, fuel-oil, ingeniería satelital y petrolera, agroalimentos, medicinas, coinversiones y accesorios para el sistema industrial de Pdvsa.

Visto como negocio, podría abarcar varios miles de millones de dólares en cinco años. Arranca con nueve millones de barriles de combustible líquido en apenas cinco meses (mayo a octubre de 2004). Sin embargo, el objetivo es que termine redibujando totalmente el pequeño flujo de intercambio comercial entre ambos países, que hasta 2003 no fue mayor al 1% del PBI argentino y menor al 0,5% del PBI venezolano. Eso dará un salto ni bien Pdvsa ancle su buque en Buenos Aires y mueva las a veces turbulentas aguas de la energía y el comercio binacional.

De las 142 nomenclaturas solicitadas por Venezuela a Argentina, 96 son de alto valor agregado porque van dirigidas a Pdvsa. Pero las fronteras de este nuevo mapa no parece reducirse a la facturación comercial, como esperan muchos operadores "del mercado", dentro y fuera de ambos gobiernos. Por un lado, dependerá de la legitimidad que conquiste entre ambos pueblos, y por el otro, del grado de integración que se alcance con el Mercosur, suponiendo que no se muera otra vez. Y en ambas cosas no está dicha la última palabra.

Después el Referéndum

El triunfo en el Referéndum le dio al gobierno de Chávez un nuevo peso internacional, sobre una montaña de petrodólares. Esta nueva legitimación hemisférica puede ser tan benéfica como peligrosa para el proceso revolucionario que vive su sociedad. Por un lado, Chávez y su gobierno multiplicaron su simpatía entre los sectores proletarios del continente, que observan impacientes las transformaciones venezolanas con esperanzas de redención.

Pero hay algo realmente novedoso. El sector empresarial que desconfiaba sobre la "revolución bolivariana", ahora mira con expectativa las posibilidades de negocios, casi con la misma fruición que en Washington aspiran a una entente cordiale con el díscolo mulato de Caracas.

Un amorío surgido de dos crisis

Inicialmente, esta posible modificación del mapa subregional se originó en dos hechos tan imprevistos como altamente peligrosos para ambos gobiernos.

En Argentina, la crisis energética develada en enero de 2004, considerada por los expertos la más grave desde 1929, porque amenaza con tirar al piso lo que resta de la estructura productiva y de servicios que se construyó en ese lapso.

En Venezuela fue, en cambio, un hecho fortuito. El más eficaz saboteo a su industria petrolera resultó en la renacionalización de Pdvsa. Algo inesperado.

La nación perdió en 2003 unos siete mil millones de dólares en daños comerciales directos en su facturación. Pero Pdvsafue recuperada por la arrogancia popular y puesta al servicio del gobierno, sus planes sociales y sus nuevas relaciones internacionales.

La primera escalada que arranca en julio de 2003 y termina en junio de 2004. En ese lapso, se registraron cerca de 800 solicitudes nuevas de cotización en cinco posiciones arancelarias de oleaginosas, cuatro de carnes y siete de cereales, aceites, leche y azúcar. Venezuela es compradora tradicional de 46 rubros y subrubros agroalimenticios de Argentina.

Es difícil saber cuánto de eso se concretó. Lo cierto es que debemos sumar los 80 millones dólares que puso en movimiento la Mega Ronda de Margarita (julio 2004), a lo que se negocie en la rueda de negocios pautada para noviembre, con la posible presencia del mismo Chávez. Estamos hablando de una nueva realidad comercial bilateral. La proyección de una consultora argentina es que a cinco años podría contabilizarse una comercio binacional integrado "incluyendo inversiones" de cuatro ó cinco mil millones de dólares. Si eso ocurre, significaría el posible desplazamiento de Colombia como el primer socio comercial del gobierno bolivariano, después de Estados Unidos. Hay precedentes en el terreno de las inversiones industriales. Entre 1993 y 1997, Venezuela se convirtió en el primer puerto de las inversiones externas de capitales argentinos en el hemisferio. Pero en aquellos años, el neoliberalismo campeaba como política oficial en el capitalismo de nuestros países. Hoy no es lo contrario, pero tampoco es igual. Especialmente en Venezuela, donde asienta un proyecto político nacionalista.

La Bolsa de Caracas fue bautizada por The Economist como "el imán de los negocios del continente" y en Argentina el uno a uno monetario le permitía a sus monopolios empresarios una fuerza ilusoria, aunque no por ello menos real cuando se trató de contar las ganancias. Hoy no existe ni lo uno ni lo otro. Esta realidad y una situación política y social distinta -tan demandante como el mercado- es el contexto de las nuevas relaciones comerciales de Venezuela y Argentina.

Chile, en etapa de acercamiento

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Ernesto Carmona/Santiago

En el taller "Cómo hacer negocios con Venezuela", los altos funcionarios venezolanos visitantes expusieron aspectos arancelarios, tributarios, financieros, cambiarios y las ventajas comparativas para profundizar el intercambio recíproco.

El encuentro se produjo en un clima de notoria mejoría de las relaciones políticas entre ambos países, después de un prolongado enfriamiento que incluyó el retiro de los respectivos embajadores. La reunión también reflotará el Acuerdo de Complementación Económica ACE N° 23, suscrito por ambas naciones el 2 de abril de 1993 y adormecido por más de una década.

Las relaciones entre ambos países ingresaron ahora en una etapa de acercamiento y cooperación. El Presidente Ricardo Lagos solicitó una reunión con su homólogo venezolano que no pudo realizarse en la transmisión del mando en Panamá, por la ausencia de Hugo Chávez, pero le extendió una invitación para verse en Nueva York, el 20 de septiembre, durante la Cumbre del Hambre. La ministra de Relaciones Exteriores, Soledad Alvear, por su parte invitó a Chile a su par venezolano Jesús Arnaldo Pérez.

También viajará próximamente a Santiago el ministro de Energía y Minas, Rafael Ramírez, quien sostendrá reuniones con el ministro de Economía y Energía Jorge Rodríguez Grossi. Venezuela ofrece posibilidades energéticas interesantes para un país que trae desde Nigeria y el Oriente Medio la mayor parte de los hidrocarburos que consume. El petróleo y el gas natural son los principales rubros en los acuerdos de la agenda comercial de Venezuela con Argentina, Brasil, Colombia y otros países de la región. Brasil, además, construye un nuevo puente sobre el río Orinoco, una obra de ingeniería considerada la más compleja de esta parte del mundo.

El comercio bilateral es deficitario para Venezuela, que compra en Chile más de lo que vende. Aunque la balanza comercial es desfavorable para el país caribeño, sus importaciones de productos chilenos crecen a una tasa de 60,6%, mientras sus exportaciones a Chile también se incrementan en 44,4%, según los datos del segundo trimestre de 2004, respecto al mismo periodo de 2003. Entre enero y junio, Venezuela exportó 79,2 millones de dólares en lubricantes, carbón mineral y derivados del petróleo, en tanto el país del sur le vendió 121,9 millones en celulosa, frutas, conservas, vinos, tomates y alubias, entre otros productos primarios. El desbalance semestral ascendió a 42,7 millones favorables a Chile.

Las oportunidades de negocios en Venezuela permitieron al consorcio chileno-suizo Unique IDC adjudicarse en febrero la explotación por 20 años de los aeropuertos de Margarita y Coche, dos islas caribeñas que compiten en el mercado mundial del turismo tropical. CorpBanca, del chileno Alvaro Saieh -dueño del diario La Tercera-, está entre los seis bancos más importantes de Venezuela. El conglomerado chileno Masisa-Terranova, fabricante de paneles de madera del grupo Pathfinder, posee plantaciones forestales en Maturín y Anzoátegui, en la región oriental.

Otro síntoma de la nueva etapa en las relaciones económicas fue la reciente reactivación de la Cámara Chileno Venezolana de Comercio, en receso desde el fallecimiento de su presidente Domingo Said, presidida desde el 3 de septiembre por Domingo Calorio. Una empresa de embutidos recibió un importante pedido de mortadela para el programa alimentario Mercal, que comercializa a precios populares, y uno de los dirigentes de la Cámara opera paquetes turísticos a gran escala a la isla Margarita, utilizando aviones de Taca.

La mayoría de los inversionistas chilenos sustenta una irrevocable vocación pinochetista de tomo y lomo, casi unánime. Localmente exhiben una ideologización de extrema derecha, intervienen activamente en la política interna a través de sus organizaciones "gremiales", pero también cultivan cierto pragmatismo en su expansión internacional, por ejemplo hacia China. Y ese pragmatismo económico, al parecer terminó contagiando a Ricardo Lagos, en general poco amistoso con el modelo de capitalismo más humanizado que promueve Hugo Chávez y devoto acérrimo del dogma neoliberal, cuyo gobierno justificó el golpe del 11 de abril de 2002 en una declaración oficial de la Cancillería.

El futuro de las relaciones chileno venezolanas

La solidez del gobierno de Chávez y el aval que le otorgó el referéndum que pretendió acabar con su Presidencia, fue también una severa derrota para la cogobernante democracia-cristiana chilena y su organización internacional. La paliza adicional al "partido medios de comunicación" y a los demás factores internos y externos apoyados desde Washington, no pasó desapercibida para el gobierno de Ricardo Lagos, cuya política exterior latinoamericana ha estado estrechamente inspirada por la Organización Demócrata Cristiana Americana (ODCA), con grandes desaciertos en Bolivia, Perú, Argentina y otros países de la región, amplificados por el estruendoso fracaso de la pretensión de instalar al ministro del Interior José Miguel Insulza en la secretaría general de la OEA.

La decisión política de recomponer las relaciones con Venezuela pasará inexorablemente por algunos cambios diplomáticos. La ministra de Relaciones Exteriores Soledad Alvear, cónyuge del jefe de la ODCA, Gutenberg Martínez, deberá abandonar el cargo en noviembre, después de la reunión de los Países Asia Pacífico (APEC) en Chile, para enfrascarse en la contienda interna democratacristiana por la nominación de la candidatura presidencial, que deberá disputar con el ex presidente Eduardo Frei Ruiz Tagle.

El único tumor en este diagnóstico de armonía política y económica sería la controvertida presencia de Fabio Vío como embajador chileno en Caracas. El diplomático actuó en Venezuela más como representante de la DC que como enviado del Estado chileno ante un gobierno "amigo", olvidando quizás que su país integra el "Grupo de Países Amigos de Venezuela" que -al fin de cuentas- también incluye a EE.UU. Vío lo hizo bien, pero como avanzada opositora de la DC en contra del gobierno Chávez, bajo el liderazgo de la cancilleresa Alvear, dejando a la diplomacia chilena a muy a mal traer y poco legitimada ante la opinión pública venezolana. La solución pareciera estar en la adopción de una política exterior de Estado, no partidista, basa en principios y valores fundados en la solidaridad, la autodeterminación, la tolerancia y la integración regional.

Amplios sectores políticos venezolanos, que incluyen a la organización empresarial Fedecámaras y a otros miembros del espectro del 40% del electorado que adversó a Chávez en el referéndum, desean fortalecer los vínculos entre Venezuela y Chile -no sólo para hacer buenos negocios- en el clima amistoso que surgió de la entrevista Chávez- Lagos en Iguazú, durante la última reunión del Mercosur. La designación de un embajador político parece "de cajón".

Publicado en Revista Quantum N.31