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El primero se realizó en Maracaibo a finales de junio, el segundo en Valencia a mitad de julio, otro en Caracas a finales de julio y finalmente uno a principios de agosto en Puerto la Cruz, a todos ellos asistieron una gran cantidad de empresarios del lugar y sus aledaños. En total más de un millar de ellos concurrieron para escuchar el planteamiento de varios de sus representantes. Hablaron los empresarios realizando una serie de demandas y solicitando un número significativo de cuestiones. En cada uno de estos encuentros el Presidente de la República respondió a dichas formulaciones proponiendo acciones concretas, algunas de las cuales ya se encuentran en pleno funcionamiento, otras están siendo analizadas por organismos públicos y privados. Se ha estado realizando un intercambio de experiencias dentro de lo que se ha denominado literalmente una ¨Alianza estratégica¨.

Un balance de las solicitudes y formulaciones se dio en un nuevo encuentro realizado en Caracas el 8 de septiembre, ahora en fecha posterior a la ratificatoria, en un evento con una asistencia de unas 1.300 personas. Ambientes bajo cierta incertidumbre los primeros por la actitud asumida por los sectores empresariales de cúpula, algunos de los cuales continuaban en una actitud semejante a la que había vivido el país después de lo que comenzó a ocurrir luego de diciembre de 2001, y los hechos posteriores suficientemente conocidos de abril del 2002 y los de finales del 2002 y principios del 2003.

Si se había avanzado en los cuatro encuentros previos, el cambio político del 15 de agosto aportó nuevos ribetes a la situación. A ello deben agregársele las cifras del Banco Central de Venezuela, que confirman el proceso de recuperación que va teniendo el aparato productivo nacional una vez superadas las pérdidas provocadas por el sabotaje petrolero.

Adicionalmente se viene dando un proceso de deslinde con aquellos sectores que tomaron la representatividad gremial productiva como base para su acción política perturbadora. El clima post 15 de agosto reafirmó la necesidad de proseguir haciendo esfuerzos en pro de la reactivación económica.

Las iniciativas emprendidas por el gobierno nacional en cuanto a la creación de fondos especiales regionales para el desarrollo, la asignación de recursos destinados a la infraestructura, las medidas de flexibilización en la entrega de divisas a través de Cadivi, la conformación de una línea aérea nacional, Conviasa, el reforzamiento de la acción internacional de Mercosur, los acuerdos binacionales como fue el caso del oleoducto de gas con Colombia, las ruedas binacionales con Argentina y Brasil, la reducción y/o eliminación de algunos impuestos como los activos empresariales, el IVA, el pago de los derechos del llamado drawback, la recuperación de algunos parques industriales, la creación de un fondo de capital de riesgo en el Bandes, la creación de una nueva empresa de telecomunicaciones, el anuncio de nuevos proyectos gasíferos y petroleros, el anuncio de los resultados concernientes a los planes de siembra; constituyeron entre muchos anuncios actos que permitirán de manera concreta seguir impulsando el proceso de reactivación productiva nacional.

Todo lo anterior va en la dirección de incorporar el sector privado al aumento de la inversión necesaria para que crezca el producto, se diversifique la producción, disminuya el desempleo, se controle la inflación, y entre Venezuela en un ciclo de crecimiento de mediano plazo. De ser así y mantenerse esta oportunidad podría comenzar a revertirse también el ciclo largo de descapitalización que se viene observando en cuando menos el último cuarto de siglo.

No quedan dudas de las implicaciones estructurales que tiene el poder pasar en el caso venezolano de una economía sustentada fundamentalmente en la renta petrolera a otra que tenga una de naturaleza productiva. Para esa transición se hace fundamental la presencia de un verdadero empresariado nacional que tome riesgos y actúe dentro de los cánones de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. El marco de esta Carta Magna debe prevalecer como referencia de la actuación de todos los venezolanos. La conformación de un Proyecto Nacional para cuándo menos las próximas tres a cuatro décadas debe mantener un apoyo proveniente de los sectores productivos nacionales, los cuales deberán ponerse a la altura de un mundo cada vez más globalizado e interdependiente.

El desarrollo del sistema capitalista a nivel mundial y particularmente en lo que atañe a Venezuela con su especificidad energética, y el resto de América Latina, en general, si bien encuadrado dentro de la crisis estructural que se vive actualmente, debe permitir abrir espacios para nuevas oportunidades nacionales en esa lucha permanente entre Nación y Trans-nación. Confrontación entre formas de un desarrollo tecnológico mayormente apoyado por los grandes centros productivos, destinado particularmente a las necesidades que plantea el complejo militar-industrial, y otro uso del conocimiento que tenga más en cuenta la necesidad de combatir abiertamente la pobreza, como meta de cualquier país que desee atender de manera prioritaria a quienes menos tienen.

En consecuencia de lo anterior la lucha contra el desempleo estructural se convierte en propósito prioritario para superar las insuficiencias productivas. Por otro lado, las consideraciones relativas al ambiente y lo concerniente a las cuestiones de género que serán inherentes y básicas en cualquier agenda acerca de los problemas del desarrollo, no sólo para quienes suponen haberlo superado, sino también para los que se encuentran en vías de mejoramiento, o para los que luchan por superar condiciones mínimas de existencia para el ser humano.

Los encuentros con los empresarios anteriormente mencionados apenas resultan un abreboca para los efectos de recuperar el aparato productivo nacional y el poder encauzar las acciones para construir un modelo más justo y equitativo de producción de la riqueza y la distribución del ingreso.

El sustento de cambio estructural que requiere el modelo de acumulación, en su pasaje de ser rentista a través del petróleo a otro más productivo, es tarea ardua y de largo período de maduración. Por lo pronto, la transición y cambio hacia un nuevo modelo de desarrollo y en particular, en el modelo político, sigue su camino acompañado por una participación del pueblo al tratar de lograr un empoderamiento que pase de lo meramente representativo a lo participativo y protagónico. Se hace camino al andar...

Publicado en Revista Quantum N.32