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La sede de la Morgan-Stanley
Foto www.adventurist.net

¿Sube el petróleo, o más bien se derrumba el dólar? El petróleo ha alcanzado niveles históricos, por encima de 51 dólares el barril, y va que vuela a 60 dólares debido al empuje que le han impreso los especuladores en el duopolio bursátil de los futuros del «oro negro» en las plazas de Nueva York (el NYMEX) y Londres(el IPE).

La insolvencia del dólar ya no puede ocultarse y el periódico popular USA Today (5 de octubre) no tiene más remedio que admitir que «la salud económica de largo plazo se encuentra amenazada por los pasivos y deudas de Estados Unidos por vencer en los próximos cuatro años cuando los baby boomers (Nota: la generación que nació en la década de los 60) empiecen a jubilarse». Después de revelar la estratosférica «deuda oculta» de Estados Unidos, el rotativo se pregunta «si aun con un incremento radical de impuestos la otrora economía más próspera del mundo podría cumplir sus compromisos».

Nós quedamos cortos en nuestros cálculos que en fechas recientes colocamos en 350 mil dólares de deuda por cada estadunidense, lo cual hacía levantar muchas cejas escépticas, ya no se diga ingenuas. Pues resulta que es mayor en 35 por ciento a nuestras estimaciones, que no pocos juzgaron hiperbólicas, cuando se destapa la «deuda oculta» de los seguros y el Medicare (el seguro de los ancianos): la deuda de cada estadunidense alcanza la cifra de 473 mil 456 dólares (que incluye el promedio de deuda personal por hogar de 84 mil 454 dólares), según Dennis Gauchon y John Waggoner, de USA Today.

Peter Zeihan, analista de Stratfor, un centro de pensamiento vinculado a los intereses petroleros de Texas, se jacta de que Estados Unidos, gracias a su tecnología, es el único país del mundo que puede lidiar con un precio alto de crudo («¿Quién teme un precio de 50 dólares el barril?», 1º de octubre).

Independientemente de la moda geopolítica y sus múltiples erupciones en la geografía islámica, que le han agregado un «premio de riesgo» de 15 dólares al barril, Zeihan considera que muy difícilmente el precio retrocederá por debajo de 30 dólares, aun en la baja demanda estacional de otoño, después de poner en tela de juicio la capacidad de Arabia Saudita para producir un millón adicional de barriles.

Stratfor expone que las ventas petroleras representan 2 por ciento del PIB global en la actualidad, a diferencia del primer choque petrolero, en 1973, cuando constituían 8 por ciento, por lo que los países asiáticos y Europa serán más afectados que Estados Unidos, que podrá absorber mejor el nuevo choque debido a la mayor eficiencia (sic) en su consumo.

Mucho más serios que Zeihan, Richard Berner y Eric Chaney, de la correduría Morgan Stanley (Foro Económico Global, 4 de octubre), ajustan sus previas estimaciones al alza para colocar la variedad WIT a 54 dólares el barril para octubre. Lo importante no radica en el tamaño del alza, sino en su duración, por lo que se pronuncian por un rango de equilibrio en una banda entre 30 y 40 dólares para el año entrante (lo que han expresado racionalmente tanto los sauditas como el presidente Hugo Chávez de Venezuela) en cuanto a la variedad Brent se refiere (más barato en 4 dólares que el WIT, más ligero).

Lo interesante de los asertos de la dupla Berner-Chaney se centra en el carácter «estructural» del alza como una tendencia de hace dos años que ha sentado sus reales, en gran medida, debido a la creciente demanda asiática de sus dos gigantes, India y China, para que se vayan enterando los fanáticos monetaristas Gil Díaz y Carlos Hurtado, respectivamente secretario y subsecretario de Hacienda, quienes no tienen la más remota idea del mercado petrolero mundial, no se diga el mexicano, que pretenden secuestrar por la vía fiscal para beneficio cleptocrático de los «amigos» plutócratas de la triada neoliberal Salinas-Zedillo-Fox.

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Fort Knox en el estado de Kentucky, primera reserva federal de oro en los EEUU, fundada en el año 1936
Foto US Gov.

Es imperativamente urgente que los gobiernos de los estados y el Congreso obliguen a los ignaros funcionarios de Hacienda a sacar sus fiscalistas «manos invisibles» de Pemex, lo cual desnudaría a la luz del día la miseria del modelo neoliberal mercantilista mexicano, incapaz de recaudar otros recursos sanos, y que pervive en forma parasitaria de los recursos petroleros desviados para los peores fines aviesos.

La salvación de Pemex, como puntal del desarrollo nacional compartido, pasa por el levantamiento de la hipoteca fiscalista de la Secretaría de Hacienda, que lo ha exprimido hasta el cansancio, al grado de tenerlo al borde de la quiebra deliberada (¿para mejor entregarlo a las trasnacionales texanas?) pese al alza descomunal del "oro negro".

En forma silenciosa, el gas natural se disparó la semana pasada 25 por ciento y en solamente dos meses se ha elevado en forma asombrosa más de 70 por ciento (Financial Times, 5 de octubre). Es un clásico déjà vu: el alza explosiva del gas refleja el derrumbe del dólar.

Como el petróleo, el gas no es ajeno a la frenética especulación de los mercados neoliberales: la reguladora británica de energía Ofgem inició una investigación sobre los manejos espurios que «contribuyeron a imponer precios récord en el verano» (Financial Times, 5 de octubre). En el modelo de la perniciosa globalización, el «síndrome Enron» constituye la constante universal cleptocrática de la plutocracia incapaz de ver más lejos que su codicia.

Los mismos piratas gaseros anglosajones que elevaron los precios del gas en California han hecho su ominosa aparición ahora en Gran Bretaña. Justamente en el país donde se inventó el modelo neoliberal hace agua la privatización energética: British Energy ha sido rescatada por las arcas públicas de su infame insolvencia, al unísono de sus telecomunicaciones y su sistema ferroviario, que exhibieron patéticamente los desvaríos de la privatización que socava los cimientos de la cohesión social y flagela como nada al bien común.

Desde un país despedazado sin piedad por la globalización financiera, donde solamente le faltó al bushiano Carlos Menem privatizar el aire (no lo hizo porque le faltó tiempo), el presidente Néstor Kirchner, que procura el bien común de su nación, ha limpiado al infecto Banco Central con la expulsión de la mitad de su membresía, que dependía más de los dictados de Washington y Londres que de las necesidades nacionales tan apremiantes.

Más allá de su colisión proverbial con el agónico FMI (los bancos centrales asiáticos poseen seis veces más de reservas), el presidente Kirchner ha operado una afrenta mayúscula para el dólar, que puede cundir como ejemplo en todo el Cono Sur (con la excepción obvia de Chile, donde se impuso el pinochetazo neoliberal), al atreverse a comprar 55 toneladas de oro como reserva.

Cabe recordar que los monetaristas argentinos pretendieron haber «blindado» (sic) al peso argentino por medio de la hilarante «convertibilidad» del dólar (currency board). David Morgan, de Stone Investment Group, señala que: «Con el liderazgo de Argentina, existe poca duda de que otros países comprarán oro para asegurar algún tipo de estabilidad en un mundo inundado con todo tipo de papel moneda. De hecho, voy tan lejos para sentenciar que se trata de una clara señal de una crisis percibida del sistema de divisas».

El siszema neoliberal global hace agua en su matriz de Wall Street y la City. Los analistas de alcurnia de Londres predicen un desplome de los bienes raíces en 40 por ciento (Times online, 5 de octubre), en paralelo a la insolvencia de Fannie Mae y Freddie Mac, las dos paraestatales de bienes raíces de Estados Unidos que extraviaron sus 4 billones de dólares en la frenética especulación. Todo en el neoliberalismo global es especulativo: hasta la quintaesencia de su teoría sumamente endeble al juicio crítico.

Los prudentes Y los sabios del planeta se resguardan de la severa crisis del dólar en ciernes. James Turk, autor del libro por salir a la venta El colapso que viene del dólar, en una entrevista a Barron’s (4 de octubre) vaticina el alza del petróleo por encima de 60 dólares el barril, y de la onza de oro por encima de 430 dólares, después de las elecciones presidenciales de Estados Unidos.

La plata no se queda atrás: la onza «libertad» que se cotiza en México (su primer productor mundial) ha ganado más de 18 por ciento en lo que va del año. En el mercado de oro de Shanghai el volumen de intercambio ha sido hasta ahora de 363.76 toneladas, con un valor aproximado de 4 mil 500 millones de dólares, en comparación con las 235.35 toneladas, por un valor de 2 mil 700 millones de dólares, del año pasado.

El banco central chino (que mantiene secretas sus reservas de oro desde hace 15 años) es su gran comprador y el World Gold Council asevera que la entrada de los ciudadanos chinos al mercado podría muy bien triplicar la demanda global, lo que equivaldría a 12 por ciento adicional.

China abrirá en tres meses el mercado de compraventa de oro para sus ciudadanos, lo cual es alentado por Zhou Xiaochuan, gobernador del banco central, según ha revelado Julian DW Phillips (Financialsense.com, 30 de septiembre). Bill Murphy, de Le Metropole Café Inc. (28 de septiembre), asegura que es muy probable que el banco central chino compre mil 700 toneladas de oro. Entre las pocas cosas que tienen en común China y Taiwán está la compra de oro.

Mientras los precios del petróleo y el gas son manipulados al alza, el mercado del oro lo es también, pero a la baja, con el fin de fortalecer los bonos del Tesoro y el papel moneda, un verdadero papel chatarra, emitido por Estados Unidos. Pese a ello, el oro viene de 270 dólares, hace cuatro años, y desde octubre del año pasado a la fecha pasó de 370 dólares la onza a 418 dólares. Cada vez que rasguña el umbral de los 430 dólares (su «línea de resistencia» desde 1988) aparece la «mano invisible»"del G-7 para frenar sus ímpetus.

Mathew Ingram (Globe and Mail, Toronto, 24 de agosto de 2004) devela la obscena manipulación del oro por los bancos centrales del G-7, en especial por sus tres miembros anglosajones (Estados Unidos, Gran Bretaña y Canadá), en colusión con el FMI, de acuerdo con las infidencias de John Embry, anterior alto ejecutivo del mercado de dinero del Royal Bank of Canada, ahora jefe estratega de Sprott Asset Management Inc., quien denuncia que el «precio del oro ha sido mantenido artificialmente bajo». ¿Se podría saber qué no es manipulado por los «mercados» (sic) del neoliberalismo global para intentar salvar al dólar de su derrumbe inevitable?