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Carlos Carvallido, Vigencia constructiva, 1998

Después del referendo ratificatorio del 15 de agosto, el 31 de octubre los venezolanos estarán eligiendo 24 gobernadores y más de 300 alcaldes, con candidatos -oficialistas y opositores- impuestos por las dirigencias, mientras desde la presidencia se publicita un combate a la ineficiencia y la corrupción. Atrás quedaron varios mitos, como el de la existencia de un 30% de ni-ni (ni chavistas ni opositores).

Hoy, muchos activistas comunitarios y militantes de los movimientos sociales participan en asambleas populares para debatir lo que significa "profundizar la revolución". Se supone -y así lo garantizó el presidente Hugo Chávez- que la victoria en el referendo inaugura una nueva etapa en el proyecto bolivariano. Ante ello, a lo largo y ancho del país comenzaron a discutir lo que realmente significa la revolución dentro de la revolución, habida cuenta que los candidatos a gobernadores y alcaldes (oficialistas, opositores) fueron digitados desde las alturas.

Poco más de dos años después de aquel levantamiento popular del 13 de abril de 2002 y a un año y medio de la victoria contra el lock out patronal y el sabotaje petrolero, la conciencia popular se está avivando nuevamente en Venezuela. En este lapso, la oposición pasó de la lucha ilegal a la legal, del golpe y el sabotaje al referendo. Y perdió otra vez: la llamada Coordinadora Democrática siguió en su (Carlos Andrés Pérez dixit) autosuicidio. Con una diferencia: en esta oportunidad quedó en claro la total legalización internacional de un proceso democrático que gracias a esa misma oposición entró en una inevitable etapa de maduración, desde posiciones defensivas de "la revolución" a un necesario diálogo interno dentro de un proceso que ha evitado -en cinco años y medio- la formación de cuadros.

El imaginario colectivo va encontrando, nuevamente, espacios para articular las comunidades. El momento de la profundización de la revolución parece ser también el de la reflexión colectiva y el de la crítica postergada en aras de la defensa de la revolución. La alternativa no es clara: ¿apoyo incondicional a las decisiones de las cúpulas o elecciones primarias y apoyo crítico?

Y en el medio de la discusión queda el futuro de la Unidades de Batalla Electoral (UBE), creadas por Chávez para organizar al pueblo de cara al referendo, pero también para que permaneciera como espina dorsal de los movimientos sociales en cada barrio, en cada caserío, en cada comunidad. ¿Aparato del gobierno o de democracia participativa? Triste es que esta herramienta social no haya sido asumida por algunos candidatos -calificados como "patanes" por la militancia- quienes suponen que los patrulleros de las UBE sirven "para conseguirle una silla de ruedas a una viejita, allá en el barrio".

De cara a la movilización por elecciones primarias en base a una democracia participativa más real que retórica, la posición del alto gobierno llamó la atención. Fue un Chávez irritado que señaló que "ya hemos anunciado los candidatos, y estos son los candidatos. Aquellos que no quieran votar por los candidatos unitarios, pueden unirse a los escuálidos" (la oposición). Y los candidatos digitados navegarán nuevamente en el portaviones de Chávez para alcanzar sus cargos, muchos de ellos lejos, muy lejos, de las bases. Es cierto que entre los "protestantes" hay -también- muchos dirigentes sin base, candidatos desplazados, olvidados.

Lo cierto es que el comando chavista midió bien los tiempos. No hay tiempo para primarias cuando las elecciones regionales se realizarán el 31 de octubre. No hay más candidatos que los ya inscritos. Entonces, la única salida para las bases es tratar de condicionar a esos candidatos, con un plan de acción. Hay dirigentes vecinales que la tienen clara: "O hacemos la revolución o enfrentamos la destrucción por la contrarrevolución, este es el dilema ético citado por Chávez cuando nos hace elegir entre un amigo y un principio".

El año pasado fueron aprobados los Consejos Locales de Planificación, instituciones claves de la democracia participativa, pero aún no están totalmente implementados, en parte por las dificultades que impone la nueva disposición. Allí se deben debatir los presupuestos participativos, por ejemplo. Y a muchos alcaldes y legisladores no les interesa mucho darle ese poder a la comunidad.

Para la gente de las Organizaciones Populares de Caracas, la ley fue modificada en la Asamblea Nacional por diputados oficialistas que no responden a las bases "y porque las bases no presionamos suficientemente a estos legisladores".

Las asambleas realizadas en las últimas dos semanas en los barrios populares de Caracas (El Valle, Petare, Catia, 23 de Enero), dejaron en claro, públicamente, los cambios que la colectividad esperaba ver después de la victoria de sus candidatos en las elecciones municipales, más allá de quien sea el candidato.

"Las elecciones regionales no puede ser apenas un nuevo evento electoral, ni un show mediático carente de contenido o de perspectivas políticas y reivindicaciones que apunten a la profundización del proceso revolucionario. Por el contrario, deben ser la continuación de la lucha contra el imperialismo y la oligarquía venezolana. Deben ser una oportunidad para debatir ideas, sugerencias, programas y concretar planes de acción que respondan a las más urgentes necesidades de los trabajadores y del pueblo", señalaba un manifiesto de la Organización de Izquierda Revolucionaria.

Este choque entre lo participativo y lo vertical, entre lo nuevo y lo que no termina de nacer, que también tuvo su eco en zonas del interior del país, casi siempre se presenta por los "dirigentes" como un proceso de insubordinación o labor de francotiradores, con el único fin de lograr la intervención presidencial en su favor. ¿Disidentes, divisionistas? Ni siquiera.

Petróleo, misiones

Tanto desde afuera (OEA, Centro Carter) como desde adentro, se ha tratado de que Venezuela vuelva a los cauces tan calmos de la democracia representativa, a sabiendas que la verdadera fortaleza de esta revolución bolivariana está, precisamente, en la articulación de una alternativa al modelo de democracia, alejada de las teorías y prácticas neoliberales sobrevivientes en el resto de la región. Y también en las posibilidades que le da el petróleo para no depender de instituciones multilaterales de crédito (FMI, BM) y financiar independientemente sus proyectos y su desarrollo... e incluso "socializar" -a través de PetroSur, PetroAmérica, BandeSur- estos planes con sus hermanos latinoamericanos y caribeños, mientras su principal cliente sigue siendo Estados Unidos.

Gracias al petróleo -y al feroz consumismo de los países centrales- Venezuela ha logrado financiar sus misiones: llevar la salud a los estratos más bajos de la población, alfabetizar a más de un millón de venezolanos, garantizar la educación preescolar y escolar gratuita y la nutrición de los educandos, ofrecerle acceso a la educación secundaria y superior a millones de jóvenes (y no tanto), enseñar a trabajar y apoyar con créditos a cientos de miles de personas sin empleo ni ocupación, no solo ofrecer tierras sino organizar la producción en cooperativas y pequeñas empresas.

La pregunta que se hacen en el extranjero es si, realmente, en Venezuela existe una revolución. Ha habido, en los últimos cinco años, un proceso de cambios estructurales que aún no se han transformado en cambios culturales. Varias rémoras de las administraciones anteriores siguen cohabitando con la necesaria construcción de un nuevo ciudadano. Y el reposerismo, el ponme-donde-haiga, la corrupción lisa y llana, la ineficiencia e ineficacia, sigue deambulando por los corredores de la burocracia estatal.

Y picando adelante, es el propio Chávez el que llama a luchar contra la corrupción y la burocracia: "La calidad no puede estar reñida con la revolución, exijo máximo seguimiento a los planes y decisiones que se tomen porque ese es el peor enemigo que tenemos compañeros, no es la coordinadora. El peor enemigo está dentro; somos nosotros mismos y nuestras incapacidades".

Y mientras Chávez arenga, altos funcionarios gastan los dineros del Estado en la autopromoción (antiética, contrarrevolucionaria, malversadora), o los depositan en cuentas que pagan altos intereses en lugar de utilizarlos para el bien común. Decirlo no es atentar sino defender el proceso de cambios y, sobre todo, su futuro. Otros tratan de congeniar el desarrollismo con la defensa del hábitat y las culturas originarias... y no siempre lo logran (suenan alarmas en la reserva forestal y minera de Imataca, en la Amazonia, y en las regiones carboníferas del Zulia).

Sin duda, lo que ha permitido los avances en Venezuela es esa comunión entre Chávez y el pueblo movilizado. La politización de la gente es evidente (no sólo de los chavistas, sino también de los opositores). Y donde antes la exclusión social y política era una política oficial, hoy la inclusión social es un derecho constitucional. Y Chávez ha insistido en la necesidad de derrotar el "antiguo régimen" no solo en la acción sino en las ideas, para que no regrese el egoísmo, el individualismo, la explotación de los unos por los otros, la degeneración del hombre,  la degradación de la mujer y la atrofia de los niños en busca de conocimiento.

Muchas veces los líderes de la fuerza bolivariana han sido designados por el Presidente y no son los líderes reales de sus respectivos sectores, lo que distancia a la base y los obliga a buscar nuevas formas de organización, señalaba la chilena Martha Harnecker en sus "Ideas para un frente Nacional".

E insistía en la necesidad de una organización con mecanismos de control de los líderes por parte de las bases. La capacidad del gobierno en facilitar la formación de un frente democrático o en tratar de bloquearlo, será sin duda una oportunidad para saber si se avanza de la retórica a la práctica, en darle realmente el poder a los pobres. Este es el paso necesario de la declamación a la praxis.