En los próximos días se reunirá la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas y, otra vez, al igual que en las últimas 12 asambleas, se apresta a condenar el bloqueo calificado de genocida que, unilateralmente, impone Estados Unidos a Cuba, desde hace 45 años, y que ha causado inmensos e inenarrables sufrimientos al pueblo de la patria de Martí, por el sólo hecho de haber recuperado la dignidad nacional, la plena soberanía e independencia, a partir del triunfo de la Revolución acaecido el primero de enero de 1959.

Ese cruel bloqueo imperial es una afrenta a elementales principios del Derecho Internacional, a los derechos fundamentales de los cubanos y de los mismos estadounidenses a los que, de manera inconstitucional, se les prohíbe viajar a Cuba, realizar negocios y hasta enviar recuerdos y postales a familiares y amigos de la Isla de la Libertad. Ese insano e incivil bloqueo proviene del odio enfermizo e ideológico que mantienen las clases gobernantes de Estados Unidos, al considerar que toda revolución es una amenaza a sus cuasidivinos intereses y creer, ilusamente, que Cuba es propiedad y colonia de los norteamericanos.

El infame bloqueo económico, financiero y comercial ha sido aplicado sin piedad por gobiernos republicanos y demócratas, porque contra Cuba y su Revolución nunca hubo diferencias. En cada administración imperial se han ideado y concretado una serie de leyes y disposiciones jurídicas que hoy son parte de la guerra silenciosa y clandestina que el imperio ha desatado contra Cuba, guerra que ha utilizado el terrorismo, la agresión armada directa, el sabotaje, el asesinato, las armas químico-bacteriológicas que han causado dolor y muerte en el pueblo; pero que no ha logrado doblegar ni rendir a la Revolución.

En el Informe de Cuba sobre la Resolución 58/7 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, se afirma con sobra de razones que “Con el triunfo de una profunda revolución social en 1959, los círculos imperialistas en Estados Unidos que ejercieron el control de la Isla y que rápidamente percibieron el ejemplo de la Revolución Cubana como un claro desafío a sus planes de dominación hegemónica, decidieron utilizar su poder, a través de sucesivas administraciones republicanas y demócratas, para iniciar, sostener y recrudecer con el paso de los años, una guerra no declarada, destinada a reimponer su dominación a la nación cubana, y si ello no fuera posible, simplemente exterminarla en su rebeldía”

El documento enfatiza en que “la guerra en las esferas económica, comercial y financiera se inició contra Cuba aún antes de que el gobierno revolucionario adoptara cualquier medida que afectara a las compañías norteamericanas, que controlaban la vida económica del país”. La actual Administración del emperador Bush II, con verdadera maldad y prepotencia, aumentó el bloqueo con la pretensión de rendir por hambre y enfermedades al pueblo cubano. En contrapartida gasta miles de millones de dólares para organizar y financiar actos terroristas de criminales asentados en Miami.

Bush II aprobó el informe de la llamada “Comisión de Ayuda a una Cuba Libre” que contiene alrededor de 450 recomendaciones y propuestas de acciones y medidas para derrocar a la Revolución e instaurar un régimen títere “democrático”, bajo control total de la Casa Blanca y hasta pretende redactar una nueva Constitución Política, privatizar la totalidad de Cuba y suprimir los derechos y conquistas alcanzados durante la Revolución. Desesperan en el ansia de apoderarse de Cuba; inclusive, tienen planes a ejecutarse en el período de “transición” que, según ellos, ocurriría a la muerte del Comandante Fidel Castro, a quien le han “matado”muchas veces y “enterrado” otras tantas.

El bloqueo va a ser condenado por la ONU, casi en forma unánime, porque impone cínicas, inhumanas y burdas medidas contra el pueblo y la economía de Cuba: restringe viajes, prohíbe el intercambio científico y tecnológico, extrema el acoso extraterritorial, prohíbe la venta de medicinas y alimentos, de maquinarias y equipos y hasta de cartuchos de tinta para impresoras o copiadoras. Ese miserable bloqueo que sólo terminará con la solidaridad de los pueblos libres, le ha costado a Cuba pérdidas por unos 80 mil millones de dólares.