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La anécdota la conoce todo Uruguay. El 15 de febrero de 1995, día en que comenzaba la 44 Legislatura del Parlamento, los porteros de la Cámara de Diputados interceptaron el paso a un señor de aspecto bastante rústico y desgreñado, muy informal, vestido de pantalón y jean, que acababa de aparcar una pequeña motocicleta en el estacionamiento equivocado y le advirtieron que la entrada y el parqueadero eran sólo para legisladores. "Es que soy diputado", contestó con sencillez José Mujica, más conocido como "el Pepe". Por primera vez en la historia política del país, un tupamaro, un ex guerrillero de la década de los ‘60, de profesión pequeño campesino o, más específicamente cultivador de flores, ingresaba al Parlamento como diputado nacional.

Aquel novel diputado, pero viejo luchador social, es hoy senador, a sus 70 años, y el personaje más popular dentro del Frente Amplio-Encuentro Progresista-Nueva Mayoría, como se llama ahora la coalición de izquierdas que según vaticinan todas las encuestas podría acceder al gobierno el próximo 31 de octubre con un porcentaje de votos que oscila entre 48 y 52%. Es decir, tal vez en la primera vuelta y sin necesidad de ir a un ballotage.

Esa doble condición de líder de izquierdas más votado por la ciudadanía y de ex guerrillero tupamaro fue el argumento al que recurrió el Partido Colorado (específicamente el Foro Batllista, agrupamiento liderado por el ex Presidente Julio María Sanguinetti) que figura último en las encuestas, para desatar la infaltable campaña de "miedo" en el último tramo de la contienda electoral, a tan solo 15 días de que comience la veda publicitaria.

El instrumento fue un documental alemán filmado en 1996 títulado "Tupamaros", del que se extrajeron algunos minutos de declaraciones de José Mujica, del también senador tupamaro Eleuterio Fernández Huidobro, y de la diputada tupamara Lucía Topolansky (pareja de Mujica), en los que analizan su opción por la vía armada en la década de los ‘60. Esos fragmentos, extraídos de contexto, refieren a la concepción que el MLN-Tupamaros tenía de la democracia en aquella época y a la forma en cómo llegó a realizar un par de ejecuciones de hombres acusados de integrar los escuadrones de la muerte. El anuncio televisivo difundido por el Foro Batllista termina con un pantalla en negro donde se lee: "Ellos son la mayoría del Frente Amplio".

¿Quién es Mujica, este nuevo "cuco" que la derecha agita en un intento desesperado por impedir que la izquierda llegue al gobierno en la primera vuelta de la elección y forzar así un ballotage entre Tabaré Vázquez y el candidato del Partido Nacional, Jorge Larrañaga, segundo en las encuestas?

Un personaje singular

De extracción campesina, fundador del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros, junto al ya fallecido Raúl Sendic, su máximo dirigente.

En su historia figura haber caído preso por primera vez en 1964, en un fallido asalto del MLN que se hizo pasar por "rapiña común"; haberse enfrentado con la policía a tiros y haber huido por las cloacas de la ciudad; haber sido herido gravemente de seis balazos (se salvó de la muerte por milagro); haberse escapado dos veces de la cárcel de Punta Carretas; haber estado 13 años preso; haber sido torturado sistemáticamente y haber integrado el grupo de nueve presos conocido como "los rehenes".

Poco después del golpe de Estado de junio 1973, nueve dirigentes fundadores del MLN, entre ellos Sendic, Mujica, Mauricio Rosencof y Eleuterio Fernández Huidobro, fueron sacados del Penal de Libertad y llevados de un cuartel a otro permanentemente durante siete años. Vivieron literalmente en un pozo subterráneo, aislados unos de otros y prácticamente sin movilidad. "El síntoma más evidente de vida era siete ranitas, a las cuales las alimentaba con miguitas de pan. ¿Sabés que las hormigas gritan?. Lo descubrí al ponerlas en el oído para entretenerme", contó el senador Mujica en una de las innumerables entrevistas que la han hecho desde su ingreso al Parlamento.

Pero los datos básicos de la vida del Pepe Mujica no alcanzan para explicar cómo su liderazgo llevó al MLN de ser en 1985 un pequeño grupito de ex presos con el que simpatizaban algunos miles de ciudadanos, a integrarse primero al Frente Amplio y volverse luego en poco más de diez años la fuerza más votada dentro de la izquierda, lo que en números significa actualmente alrededor de 400.000 votos según las últimas encuestas, el doble de lo que obtendría el Partido Colorado.

Es necesario ubicar primero el análisis de la coyuntura electoral en el contexto de un país literalmente quebrado, donde este año aparecieron en el norte del país, en el departamento de Artigas, casos de muertes de niños por desnutrición, y en la capital cifras que indican que el 58% de los niños viven por debajo de la línea de pobreza. Todo abonado por la tecnocracia.

Mujica, en cambio, es campesino de profesión y de ocupación aún hoy, pero tiene una sólida aunque autodidacta formación intelectual: durante cinco años de los 13 que estuvo en la cárcel sólo pudo leer ciencias -matemáticas, física, química- y en los otros nada; antes, en libertad, había sido un entusiasta lector de historia y luego, de nuevo en libertad, se dedicó a profundizar en antropología para entender al "bicho humano", según sus términos. Mujica se viste invariablemente con un jean y una campera gastados; se desplaza en motocicleta junto a su compañera Lucía -arrastrando un pequeño trayler cuando llevan sus flores a la feria- y reúne en su temperamento la calma del hombre de campo con la picardía del gaucho; la habilidad del viejo luchador político con la franqueza de quien no tiene nada para perder porque no tiene ni quiere nada, todo ello combinado con un lenguaje desusado en el discurso político nacional, en el que conviven los términos camperos con las malas palabras familiares que todos decimos a lo largo del día y ciertas expresiones de una infinita ternura hacia la raza humana.

Esa inusual combinación de campesino-intelectual, sobrio y pausado pero rápido como un lince para dar respuestas certeras ante los medios de comunicación, informal de verdad y más preocupado por insuflar esperanzas en los jóvenes que en ganar votos, parlamentario responsable y trabajador en serio, lo posicionó paulatinamente como interlocutor válido para sectores tan diversos como los empresarios, los jóvenes, los universitarios, y sobre todo los habitantes del interior del país, desilusionados y enojados con "la capital".

Seguramente el mayor peligro que representa este fenómeno llamado Mujica sea similar al que el propio Pepe identificó como uno de los problemas del MLN de los años ‘70: "La gente se nos venía encima". Así como el aluvión de simpatizantes de la época clandestina los volvió vulnerables a la infiltración y a la policía y fue un elemento que coadyuvó a su derrota militar, el aluvión de votos de esta época parlamentaria los puede tornar incapaces de responder a tantas expectativas, contribuyendo involuntariamente y por efecto bumerang a la desilusión popular que muchos desean y algunos vaticinan a la izquierda en el gobierno. Entre tanto, este abuelo sin nietos se ha vuelto el enemigo público número uno de la derecha aún en el poder.