JPEG - 27.1 KB

A Sema Kedir la encontraron ahorcada colgada de un árbol. Se suicidó el año pasado, justo cuando estaba por terminar los 12 quilómetros de caminata, trayecto que la separaba de la fuente de agua más cercana. Fue en Etiopía, donde el agua no abunda. Tal vez tropezó y cayó, o se le resbaló de las manos. La crónica de la BBC no lo explicita; lo cierto es que la vasija de barro de Sema se estrelló contra el piso y al agua se la tragó la reseca tierra.

Habría que hacer un brutal ejercicio de empatía para poder entender a esta mujer que ahora dejó tres niños sin agua ni madre. Habría que llevar la imaginación hasta África: la distancia, la sed, la caminata, los chiquilines llorando, la pobreza, la desesperanza, la muerte, la aridez, el agobio y entonces, ahí sí, sospechar de la vasija rota como desencadenante de la tragedia. Y al abrir las canillas, acá en Uruguay, intentar que la facilidad del acto no haga que el esfuerzo corra junto con el agua.

Lo de esta mujer etíope es un ejemplo distante, confirmación remota de algo que el mundo científico y los organismos internacionales -de la ONU al FMI- reconocen y miran con preocupación y diferentes intenciones: el agua dulce o potable es un bien escaso e imprescindible; tan imprescindible como insustituible. "Es probable que el agua se convierta en una creciente fuente de tensión y la causa de una competencia violenta entre las naciones si las tendencias actuales continúan", dijo Kofi Annan, secretario general de la ONU; y no es, por lejos, el más apocalíptico.

Mientras tanto, el 31 de octubre en Uruguay se plebiscitó una reforma constitucional sin parangón en el mundo, que tiene como uno de sus puntos fundamentales la consideración de este líquido en la Constitución nacional como un recurso "natural esencial para la vida". El acceso al agua potable y al saneamiento pasarían a ser así "derechos humanos fundamentales". Y la política nacional de aguas estaría basada en "el principio por el cual la prestación del servicio de agua potable y saneamiento deberá hacerse anteponiéndose las razones de orden social a las de orden económico". También se incluye en el texto que las aguas superficiales y subterráneas (salvo las pluviales) "constituyen un recurso unitario, subordinado al interés general, que forma parte del dominio público estatal, como dominio público hidráulico" y que tanto el saneamiento como el abastecimiento de agua para consumo "serán prestados exclusiva y directamente por personas jurídicas estatales".

Una corta visión puede apuntar a ver la propuesta de la Comisión Nacional en Defensa del Agua y la Vida como la respuesta al resultado de las concesiones a empresas privadas en el interior del país, plagadas de abusos y atropellos.

Abrir la mirada a la región y al mundo permite comprender que la guerra por el dominio del agua ya está instalada y que Uruguay ocupa un territorio envidiable y estratégico para quienes, hace rato ya, olfatearon el negocio del futuro; que la disputa parte de diferentes concepciones, opuestas e irreconciliables: es la carrera loca que busca convertir todo en negocio, llevar todo al nivel de lo comercializable, incluso los derechos. Tal vez por eso el 30 por ciento de los 19 billones de dólares que el Banco Mundial prestó entre 1990 y 2002 para abastecimiento de agua y saneamiento fue condicionado a la puesta en marcha de procesos de privatización de los servicios. [1]

Tal vez por eso cuando en plena crisis de 2002 Uruguay recurrió a los organismos internacionales de crédito, la carta intención firmada con el FMI, además de exigir abrir el juego a los privados, incluyó como garantía de pago las reservas minerales del país, entre ellas el agua. Casualidad uno: el 25 por ciento del territorio nacional está sobre el ya famoso acuífero Guaraní, una de las reservas de agua subterránea más importantes del mundo.

Estrés Planetario

El mundo científico lo conoce como estrés hídrico: es la tensión que se genera entre la disponibilidad de agua y la necesidad de los habitantes del territorio. Las Naciones Unidas calculan que en 2025 la demanda de agua potable será 56 por ciento mayor que el suministro; pero de hecho ya existe una falta importante. Según los datos de la ONU, mil millones de personas en el mundo no acceden a agua potable, 2.500 millones no tienen sistema sanitario y 5 millones mueren al año por enfermedades vinculadas al agua; casi la mitad muere por diarreas, y los estudios dicen que si recibieran agua potable y contaran con saneamiento completo la mortalidad se reduciría en 70 por ciento.

España, el sur de Italia, Grecia, los Balcanes, parte de Holanda, Alemania, Países Bajos e Inglaterra tienen una situación crítica, la del resto del continente europeo es grave. Peor situación vive gran parte de Asia, donde se aglutina al 60 por ciento de la población mundial pero sólo posee el 36 por ciento del agua dulce; eso sin contar ríos y reservas contaminadas. En África están dos de los acuíferos más importantes, pero el norte y el sur se encuentran en situación crítica, al igual que Somalia, Eritrea y Etiopía.

Mientras tanto las Américas, con el 14 por ciento de la población mundial, tienen el 41 por ciento de los recursos hídricos (26 en América del Sur y 15 por ciento en el norte y América Central). Sin embargo, un tercio de la población latinoamericana y caribeña no tiene acceso al agua potable.

Un informe de la onu [2] calcula que el cambio climático será responsable, en los próximos años, del 20 por ciento del incremento de la escasez de agua. La tendencia a temperaturas extremas producto del cambio hará más frecuentes las sequías y las inundaciones, los ciclones y las avalanchas de barro. La disminución de los caudales provocará una mayor concentración de contaminantes que alterarán la calidad de las aguas.

El mismo informe estima que ya existen más de 12 mil quilómetros cúbicos de agua contaminada. Pero también influyen la contaminación ambiental, el abuso sobre el territorio y, sobre todo, la falta de políticas sustentables que garanticen la conservación del bien.

En el norte las cosas tampoco marchan bien. Un mes atrás, en una mesa de debate en el marco del Foro Social Uruguay (FSU), [3] el geólogo argentino Alfredo Serra explicó que "en 1980 Estados Unidos tenía escasez de agua en el suroeste, y a partir de 2000 la tiene en todo su territorio. Su principal acuífero en 1980 era interminable, pensaban que le iba a solucionar sus problemas por siempre. Hoy saben que en 15 años más se termina. Como no dejan nada librado al azar, saben cómo los va a afectar el cambio climático. El centro norte de Estados Unidos es un área muy vulnerable al cambio climático, al igual que el suroeste, y el sur es moderadamente vulnerable. En las zonas que ya tienen problemas se va a acentuar el cambio climático, van a tener menor cantidad de agua".

El carácter de insustituible, no sólo para la vida, también para la economía -el 90 por ciento del agua es utilizada para irrigación agrícola y la actividad industrial-, junto con la escasez, lleva a decir a los entendidos en la materia que, dentro de algunos años, quien tenga el poder de suministro del agua tendrá el poder a secas. Si por el petróleo -finito pero sustituible al fin de cuentas- los estados han entrado en interminables guerras, ¿hasta dónde se llegaría por el agua? Dos escenarios se plantean: la privatización de los servicios y la apropiación de territorios donde el agua abunda. América Latina es víctima de ambos.

Millonarios

Con un alto porcentaje de población con acceso al agua potable y al saneamiento, sin sentir la escasez y parado sobre 59 mil quilómetros cuadrados de agua subterránea -parte de los 1.194.000 quilómetros cuadrados del acuífero Guaraní-, Uruguay parece vivir de espaldas al debate sobre la falta de agua en el mundo. Sin embargo, son estos datos los que convierten al país, junto con el resto del Mercosur, en un punto clave donde las miradas se detienen.

La creciente escasez es "un escenario a asumir si seguimos con grandes plantaciones de soja, con deforestación o con construcciones de grandes represas que alteran la calidad de las aguas. Es en este sentido que la demanda de agua va a ser muy alta y es ahí que el acuífero comienza a estar en los ojos del mundo, cuando es escasa. Se vuelve realmente interesante en el escenario de alto consumo, de alta degradación del agua", reflexionó, también en el FSU, el ingeniero paraguayo Cristian Escobar. El propio ministro de Relaciones Exteriores, Didier Opertti, al ser consultado por la prensa reconoció, en julio, la existencia de naciones interesadas en el acuífero, pero ante la pregunta sobre a cuáles se refería, sólo se limitó a responder: "Países del mundo industrial, particularmente de Asia, pero dejémoslo ahí".

¿Qué es el acuífero Guaraní? Una reserva de agua subterránea de 55 mil quilómetros cúbicos (un quilómetro cúbico equivale a un billón de litros de agua) y con capacidad de recarga de entre 160 y 250 quilómetros cúbicos por año. Según explicó Serra, sus límites en Argentina y Paraguay no se conocen con exactitud; lo que sí se sabe es que constituye la principal fuente de agua para los 15 millones de habitantes que se encuentran sobre él. Las aguas termales que Uruguay explota para el turismo también pertenecen a este acuífero.

En toda su extensión, el Guaraní tiene algunas áreas consideradas estratégicas. Los lugares de infiltración del agua son fundamentales. Dos de ellas están en Tacuarembó y Rivera, departamentos que la empresa Aguas de la Costa (subsidiaria de Suez Lyonnese des Eaux) pidió en concesión apenas llegó al país y que le fuera negada.

Pero la zona de recarga más importante es, casualidad dos, la Triple Frontera. En el FSU la profesora argentina Elsa Bruzzone, secretaria del Centro de Militares para la Democracia, alertó que "la presencia del Comando Sur de Estados Unidos en la Triple Frontera, las declaraciones del Departamento de Estado y los rumores de que habría terroristas tienen un objetivo: el control del sistema acuífero Guaraní, un verdadero océano de agua potable subterráneo que tiene allí su principal punto de recarga". Bruzzone destaca otra característica: "La Organización Internacional de Energía Atómica realizó estudios isotópicos de las aguas. Son ricas en deuterio, utilizado como combustible en la astronáutica y cohetes militares; a través de las lluvias penetran en la tierra y en el acuífero uranio, torio, silicio -cuyas propiedades similares a las del titanio lo hacen apto para la industria espacial y aeronáutica".

La mercancía más preciada

Sólo el 5 por ciento del agua potable del mundo está en manos privadas.

Sin embargo, las ganancias de estas empresas son dos veces superiores a las de las petroleras. En 2001 la francesa Vivendi obtuvo casi 12 mil millones de dólares de ganancias, seguida de Suez Lyonnaise des Eaux, con 8.840 millones. Los organismos de crédito internacionales dan una mano muy grande en la multiplicación de estos beneficios exigiendo a los estados la privatización a cambio de préstamos. Entre 1990 y 2002 los clientes de las empresas privadas pasaron de 51 millones a 300 millones de personas y el comercio global del agua se elevó de 400 millones de dólares a 300 mil millones [4]

Pero la consagración definitiva de la visión de bien comercializable y el espaldarazo que las empresas necesitan están dados a través de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y su Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios (GATS por su sigla en inglés) logrado en 1994. En él se incluye al agua dentro de los "servicios de medio ambiente". Para éste, como para otro tipo de servicios, la OMC prevé "compromisos específicos" por parte de los estados al adoptarse las medidas de liberalización. Liberalizar, en el marco de la OMC, no es otra cosa que eliminar el obstáculo que representan las normas nacionales para que la mercancía se comercialice bajo las directrices del GATS.

La contradicción no deja de ser graciosa: Estados Unidos y la Unión Europa (UE) -zonas a las que pertenecen las grandes trasnacionales del agua y desde donde se tuvo la iniciativa de creación del GATS- no aceptan que sus servicios públicos caigan bajo las condiciones del acuerdo. Según la UE, pueden estar "sujetos a monopolio público o a derechos exclusivos otorgados a empresarios privados. (...) De esta manera la UE se permite restringir el acceso del mercado a los servicios públicos y asegura el financiamiento estatal de los mismos". [5]

Y un último temor para quienes se niegan a ver en el agua un objeto de comercio: hay disposiciones del Tratado de Libre Comercio del Atlántico Norte que, de concretarse el Área de Libre Comercio de las Américas, pasarían a regir en todo el continente. Estas disposiciones permitirían que si un país otorga un permiso a una empresa nacional para la exportación de agua, firmas extranjeras tengan "el mismo ’derecho de establecimiento’ que las nacionales sobre el uso comercial de dicho recurso". Si un país sólo permite operar a una empresa nacional, el resto tendrá derecho a reclamar una compensación financiera; si prohibiera las exportaciones masivas de agua, ésta se convertiría automáticamente en un "bien comercial" y las empresas también podrían exigir una compensación "por las oportunidades perdidas".

Apoyadas en la OMC y el alca, las grandes empresas europeas piden el acceso a los mercados en 72 países del mundo. "La UE está procurando ’disciplinas regulatorias’, lo que significa que si un país se niega a la inclusión directa de los servicios relacionados con el agua en su lista de compromisos, perdería gran parte del control para establecer normas relativas al abastecimiento de agua. Incluso los principios básicos como la universalidad y el suministro público podrían ser juzgados ’restrictivos al comercio’ por la OMC, y prohibirlos." [6]

Para Uruguay nada de esto es ajeno. No sólo porque la carta intención con el FMI promueve la entrada de empresas trasnacionales. En los hechos, Aguas de la Costa y Uragua no son más que subsidiarias de grandes empresas extranjeras, y la puesta en práctica de estos mecanismos es un fuerte respaldo a su concepción de que el agua debe entrar en el gran mercado.

Finitísimo

• La dotación total de agua en el planeta es de 1.400 millones de quilómetros cúbicos.

• El 97 por ciento es agua salada, que directamente no puede ser consumida por los humanos.

• Del 3 por ciento restante, el 99 por ciento es inaccesible, ya que el 22 por ciento se encuentra en mantos subterráneos profundos y el 77 por ciento forma parte de los casquetes polares.

• Así, del total del agua existente, sólo el 0,03 por ciento está disponible para el aprovechamiento humano.

[1] Center for Public Integrity, Cholera and the Age of the Water Barons, citado por Agua ¿dónde está y de quién es?; Programa Chile Sustentable; Santiago, 2004.

[2] "Agua para todos, agua para la vida." Informe de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos en el Mundo, 2003.

[3] Conferencia internacional del agua, organizada por la Casa Bertolt Brecht, Uruguay Sustentable y la CNDAV.

[4] .Agua, ¿dónde está y de quién es?, Programa Chile Sustentable, Santiago, 2004.

[5] Ibíd.

[6] Atando cabos: guía popular sobre la OMC y el Alca, Maude Barlow y Tony Clarke, The Council of Canadians, 2003.