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Los trabajadores venezolanos atraviesan actualmente un período de acelerados cambios que les afectan, del sindicato a la comunidad, de la fábrica al estado. En el fondo, subyacen inquietudes entre los trabajadores involucrados en cuanto a cómo lograr el control: sobre sus sindicatos y sobre sus fábricas.

En la primera parte de esta serie examinamos el fenómeno de los referendos gremiales, con los que se busca democratizar a los históricamente autoritarios -y a menudo corruptos- sindicatos locales. La segunda entrega analiza el movimiento, aún en su estado embrionario, de “recuperación de fábricas”, actualmente en una etapa crucial de su desarrollo.

Más adelante, pretendemos abordar desde una perspectiva histórica las implicaciones de la creación de una nueva central obrera: la Unión Nacional de Trabajadores (UNT); y finalmente evaluar si de hecho la UNT representa el “nuevo sindicalismo”, y de qué forma espera evadir las poderosas fuerzas estructurales e históricas que eventualmente sedujeron y terminaron por absorber a movimientos que en el pasado también se plantearon la refundación de las organizaciones obreras en Venezuela.

El legado de la negligencia

Particularmente a mediados de los noventa, los trabajadores venezolanos se vieron fuertemente impactados por las privatizaciones, los crecientes traslados de compañías, en su eterno afán de reducción de costos, y las múltiples concesiones impuestas a los trabajadores de todas partes al ser acorralados por la lógica neoliberal. En Venezuela también se refleja lo que se ha convertido recientemente en una tendencia mundial, la proporción entre los trabajadores sindicalizados y no sindicalizados se ve cada vez más reducida a medida que los empleos son sometidos a modalidades como la sub-contratación de trabajadores y la contratación externa de proveedores de servicios (outsourcing).

El creciente desempleo ha hipertrofiado la economía informal al punto de volverla mayor que el sector formal. Dado que un máximo de 50% de los trabajadores venezolanos se encuentran empleados en el sector formal, y que de estos apenas 14% están sindicalizados, la verdadera cifra de trabajadores sindicalizados es muy pequeña. El hecho de ser cada vez menos, y su escaso nivel de organización les hace vulnerables a los embates organizados de las corporaciones tanto nacionales como transnacionales en su permanente afán por “flexibilizar” cada vez más sus relaciones con los trabajadores y maximizar sus ganancias. Sin embargo, todavía representan muchas de las industrias, incluyendo a la industria petrolera estatal y a otras del estado, cuya ubicación estratégica les permitiría desempeñar un papel potencialmente importante en un proceso de cambios.

Tres factores han limitado por lo general la lucha de los trabajadores contra el neoliberalismo. En primer lugar, la organización de sindicatos al nivel de fábricas, dando como resultado una ausencia general de sindicatos nacionales y dejando en consecuencia unos sindicatos fragmentados y sin los recursos necesarios para apoyar huelgas prolongadas. En segundo lugar, una arraigada tradición de sindicalismo corporativo, cuyos líderes recurren a la negociación con partidos políticos y federaciones de empleados, lo que ha dado pie a la corrupción.

En tercer lugar, la existencia de un sindicalismo burocratizado que se ha distanciado de gran parte de las bases. La combinación de los ataques orquestados por el neoliberalismo con el absoluto fracaso de los tradicionales liderazgos sindicales en enfrentar la oleada de concesiones, no le ha dejado más alternativa a los trabajadores de la base que comenzar desde cero. Al constituir sindicatos paralelos, se ven en la necesidad de librar una guerra en dos frentes: contra la compañía y contra el viejo sindicato, ya que ambos se ven amenazados por este nuevo tipo de sindicalismo.

En este contexto, los trabajadores se vieron forzados a radicalizar su lucha para poder defenderse. Lo que inicialmente comenzó como una respuesta a temas relacionados con la mera subsistencia, al final ha requerido una solución política. Los trabajadores no se conforman con tan sólo reemplazar a la vieja dirigencia por una nueva que les prometa mejores contratos colectivos la próxima vez. Su experiencia histórica les ha enseñado que la única garantía que tienen para lograr sus metas materiales es su propia participación en la nueva estructura sindical. De allí que los sindicatos realicen asambleas populares con la base, una prioridad para la mayoría de los trabajadores. Pero además, el acto del referéndum le ha enseñado a los trabajadores que son ellos los que tienen la carta bajo la manga: “represéntanos bien o retírate igual que los que vinieron antes que tú.”

Una nueva Venezuela

Durante muchos años, la democracia en Venezuela ha sido sólo ilusoria. En los cuarenta años anteriores a la elección de Hugo Chávez como presidente en 1998, dos partidos tradicionales compartían el poder y competían por la hegemonía en las instituciones más importantes del país. Habiendo heredado de Pérez Jiménez una economía petrolera en 1958, Acción Democrática y el partido social cristiano Copei mantuvieron el flujo de la riqueza petrolera en círculos elitescos, mientras pregonaban al país una retórica nacionalista de “siembra del petróleo”.

Aunque surgió como una organización progresista que libró una fuerte lucha contra la dictadura de Pérez Jiménez, la principal confederación de trabajadores de Venezuela (CTV), rápidamente se subordinó a los intereses partidistas. Con el advenimiento del gobierno neoliberal en los años ochenta esta subordinación les costó caro. Aunque la CTV inicialmente se opuso a la legislación aún más neoliberal en 1989, esta postura se desvaneció a mediados de los noventa. Pactaron con el entonces presidente Rafael Caldera, acción que desató una andanada de reformas y privatizaciones devastadoras para la clase trabajadora y que aceleró el camino de la CTV hacia su propia destrucción.

El clamor a nivel nacional por cambios, que condujo a Chávez de manera avasallante al poder en 1998, no excluía al movimiento laboral. Se multiplicaban las críticas existentes, a las que se sumaban nuevas críticas por parte de trabajadores cada vez mas desencantados con la holgazanería y corrupción de sus supuestos líderes. El compromiso mayor de profundizar los cambios sociales dirigidos a mejorar las condiciones de vida del 80% de la población venezolana viviendo en situación de pobreza, inspiró a muchos trabajadores a incorporarse al proceso, colocando la reforma laboral en la agenda [1]. El principio de democracia participativa, uno de los fundamentos de la revolución bolivariana, ha dejado una profunda impresión que continúa desarrollándose.

El resultado neto ha sido una dramática división en el seno del movimiento laboral, con el retiro definitivo de una vasta proporción de sindicatos y federaciones afiliadas a la CTV. En el 2003, estos sindicatos formaron la Unión Nacional de Trabajadores de Venezuela (UNT) y nombraron un liderazgo interino, que se ha convertido en el portavoz del nuevo sindicalismo a nivel nacional. La UNT todavía se encuentra en su estado embrionario, y hasta la celebración de sus elecciones formales, pautadas tentativamente para el 2005, seguirán careciendo de estructuras internas esenciales para el sindicalismo sectorial. Al no tener sus estructuras democráticas aún definidas, se arriesgan además a que en la sociedad venezolana se perciba como hipócrita su propuesta de democratizar el sindicalismo local. Sin embargo, las transformaciones de mayor envergadura en la sociedad venezolana en los últimos seis años han inspirado a los trabajadores a llegar lejos con relativamente poco; y sus estrechos vínculos con el gobierno le han asegurado a la naciente UNT la presencia en la palestra nacional. A pesar de que su situación es compleja y de que genera dudas en cuanto a su autonomía [2], la UNT se ha constituido en un apoyo clave para el logro de algunos cambios importantes a nivel de fábricas.

Derechos de los trabajadores, derechos Humanos : Coca-Cola Femsa Uno de estos cambios es el papel desempeñado por los trabajadores en sus sindicatos locales. Históricamente, los sindicatos venezolanos se han organizado a nivel de fábrica, mas no a nivel de industria. En cada una de las ocho embotelladoras de Coca-Cola Femsa en Venezuela, existe un sindicato diferente. Actualmente, hay dos en por lo menos una de las plantas. Hastiados de la poca efectividad del viejo sindicato afiliado a la CTV, varios activistas de la sucursal de Valencia formaron un sindicato paralelo, que fue ganando paulatinamente apoyo hasta desafiar al sindicato establecido.

Coca-Cola Femsa embotella, distribuye y vende productos Coca-Cola (incluyendo cerveza, agua, y otras bebidas) en Latinoamérica, con operaciones en México, América Central y del Sur. A pesar de que Venezuela sólo representa el 7.1% de los ingresos totales, (México representa el 66.7%), supera ligeramente el 6.5% de Colombia. Según la “Campaña Internacional para Frenar la Coca Asesina” (http://www.killercoke.org/), esta última cifra es suficiente para colaborar con los paramilitares, responsables de la intimidación tortura y asesinato de activistas sindicales.

Sus operaciones en Venezuela son gerenciadas por el Grupo Cisneros, una de las corporaciones mediáticas (radio y TV) más grandes del mundo. Este grupo es también dueño de Venevisión, uno de los medios privados más grandes de Venezuela que jugó un papel clave en el golpe de estado de por 48 horas derrocara al presidente Chávez antes de ser restituido en el poder por elementos miembros leales dentro de la FA ante una masiva movilización popular.

“En Venezuela no están asesinando líderes sindicales como en Colombia” señala José Cardenal, secretario general del nuevo sindicato de la sucursal de Coca-Cola Femsa en Valencia, Venezuela. “Sin embargo han intentado, por vías legales y judiciales, deshacerse de los líderes sindicales que verdaderamente luchan por los derechos de los trabajadores. Ellos se valen de mecanismos legales para intimidar, amenazar y presionar a los trabajadores que tratan de organizarse o de reclamar sus derechos legales.”

El pasado mes de Mayo, después de meses de un incesante proceso de organización, Cardenal, en compañía de otros activistas, lanzó un sindicato paralelo que desafió mediante un referéndum a nivel de fábrica al sindicato ya establecido. Bajo la supervisión del Inspector del Trabajo de Valencia, en presencia de observadores de ambos bandos y de la compañía, y con la participación de un 80% de los trabajadores, el nuevo sindicato obtuvo una victoria de 321 votos a 234.

“Los trabajadores de Coca-Cola Femsa nunca han tenido un salario digno”, explica Freddy Contreras, Secretario de Cultura del nuevo sindicato. “Hay trabajadores que laboran 8 horas en la fábrica, y que al finalizar su jornada se van directo a trabajar como taxistas o en la construcción porque su salario es indigno, insuficiente para vivir.”

Según Contreras, los obreros de Coca-Cola Femsa no podían contar con el viejo sindicato para defender sus derechos. “Anteriormente, cualquier trabajador que reclamara sus derechos pronto se encontraba en la calle,”dice molesto. “El viejo sindicato era corporativo, aliado de la compañía; se dejaron comprar por ella. Los trabajadores nunca se atrevieron a abrir la boca en contra del sindicato, porque sabían que éste podía hacer que los despidieran. La compañía les pagaba salarios a estos sindicalistas, les dotaba de oficina dentro de la fábrica, con lo cual se los metía en el bolsillo, alejándolos de los trabajadores.” “Se podía apreciar, a juzgar por los contratos colectivos existentes, que el liderazgo sindical había pactado con los patronos. En ningún momento dieron la pelea por lograr algún día el ideal de que los trabajadores estuviesen felices y satisfechos por poder hacer que sus familias se beneficiaran de su trabajo".

No, simplemente decían "lo importante es poder llevar algo a la familia". No tiene que ser mucho, siempre y cuando se les pueda llevar algo todos los días."Esta manera de pensar nos parecía inhumana. Era la perspectiva de los patronos, que fortalecía a la compañía y debilitaba al nuevo movimiento laboral.”

A pocos meses después de la victoria refrendaria de Mayo de 2004, aún no han podido lograr muchas de las mejoras de las condiciones laborales a las que aspiran los trabajadores. Sin embargo, el trabajador de línea de ensamblaje Julio Yépez ha notado algunos pequeños pero significativos cambios. “Anteriormente, la compañía no nos pagaba los cesta-tickets, pero desde que entró el nuevo sindicato sí lo ha hecho.” Yépez también percibe mayor amplitud en el nuevo sindicato y confía en que si llega a tener inquietudes con respecto al liderazgo en un futuro, podrá expresarlas sin temor.

Luis Ferrero ha estado trabajando en Coca-Cola Femsa por siete años, desde los veinte años de edad. Siente que el nuevo sindicato asumió una posición firme en lo de los cesta-tickets que se adeudaban a los mecánicos de la fábrica, no sólo obligando a la compañía a cancelarlos, sino a pagarlos retroactivamente. Más importante aún, según Ferrero, el nuevo sindicato ha asegurado el pago de retroactivos de los últimos cuatro años a los trabajadores que se habían visto obligados a almorzar en la línea de ensamblaje.

En una importante victoria política, el nuevo sindicato también ha logrado presionar exitosamente a la compañía para que cancele los salarios caídos durante los dos meses en que Coca-Cola Femsa cerró sus puertas en ocasión del paro general de Diciembre-2002/Enero-2003, convocado para derrocar a Chávez. Se les había dijo a los trabajadores que se les pagaría durante la huelga, pero no habían recibido el pago hasta ahora.

Soluciones políticas a los problemas inmediatos: Votar en contra del neo-liberalismo

Coca-Cola Femsa es sólo un caso más del creciente número de fábricas en donde los trabajadores han comenzado a dar la batalla para retomar los sindicatos de las manos de aquellos líderes corruptos y demasiado amistosos con los patronos. En 2000, la Ford sentó un precedente al convertirse en la primera fábrica de la región en tener un referendo sindical.

El nuevo sindicato obtuvo una fácil victoria, dándole así aliento a un creciente movimiento de democratización de los sindicatos locales que ha tomado gran auge en 2004. En los últimos nueve meses, las ciudades gemelas de Venezuela, Valencia y Maracay, donde se concentra gran parte de la industria no petrolera, han sido testigos de ocho referendos sindicales, dando todos como resultado el triunfo de un nuevo sindicato. El incremento exponencial de referendos sindicales y de organización de sindicato paralelos en 2004 se debe en gran parte al papel del estado. Mientras el Ministerio del Trabajo parece haber evitado tomar partido en estas contiendas, una crucial moratoria de la inamovilidad laboral para los trabajadores con salarios más bajos, decretada en 2003, parece haber marcado toda la gran diferencia y haber sido el factor determinante.

“La compañía no podía despedir a los trabajadores que organizasen un nuevo sindicato y que movilicen a los trabajadores para iniciar las luchas por sus derechos, ya que existe una moratoria para la medida de inamovilidad,” señala el director regional de de la UNT en Carabobo, José Joaquín Barreto. “Gracias al gobierno, estos trabajadores tenían el espacio de respiro que necesitaban para organizar el nuevo sindicato y realizar el referendo, y ahora disponen de una de las herramientas necesarias para llevar la pelea hasta la mesa de negociaciones y así lograr algunas victorias concretas.”

La moratoria recientemente prorrogada por el Ministerio del Trabajo, por otros seis meses, resulta un drástico revés para las corporaciones transnacionales que recientemente han multiplicado sus inversiones en el país. Durante los ochenta y noventa, el gobierno venezolano abandonó su tradición de empresas estatales y privatizó, entre otras cosas, los sectores del acero y de las telecomunicaciones, la aerolínea nacional y todas las instalaciones portuarias. Los cambios para los trabajadores de estas fábricas fueron mucho más que un cambio de gerencia. El culto a la eficiencia y a la productividad redujo rápidamente la proporción de empleados a trabajadores bajo contrato, a tal punto que en muchos casos, los trabajadores no sindicalizados superan hoy en número a aquellos que si lo están.

Desde luego que estas tácticas no son exclusivas de las compañías recientemente privatizadas, sino parte de una tendencia neoliberal generalizada. Un ejemplo emblemático, fue cuando la transnacional colombiana Interamericana del Cable redujo sus costos laborales en el mercado Colombiano, donde los trabajadores del cable devengan uno de los más altos sueldos salarios del país. Luego de comprar la recientemente quebrada Cable a sus antiguos dueños en 2001, los nuevos dueños Colombianos han aumentado su productividad de un modo considerable, pero también de un modo predecible, a costa de los empleados de las fábricas.

“No fue ninguna sorpresa que la nueva compañía adoptase la política de eliminar todas las mejoras, todos los beneficios que disfrutaban los trabajadores antes de que cambiara de manos,” señala Barreto de la UNT. “Ya que existía un maridaje en este país entre la CTV y los «sindicato de la compañía», tenían un sindicato profesional aquí que pactó con los nuevos dueños. Despidieron algunos trabajadores pero muchos de ellos no tenían por qué irse. Simplemente perdieron toda la antigüedad acumulada con los antiguos dueños y empezaban desde cero con la nueva compañía. Caída y mesa limpia. De modo que algunos de los trabajadores hoy en día tienen dos ó tres años de antigüedad, cuando en realidad han estado trabajando en la misma fábrica durante 20 ó 25 años produciendo el mismo producto.”

En Interamericana del Cable los trabajadores bajo contrato y no sindicalizados, superan actualmente en número a los empleados organizados en una proporción de 2 a 1.En respuesta a esta situación, bajo el amparo de de la moratoria a los despidos, los trabajadores se comenzaron a formar un nuevo sindicato comprometido con la restauración de los derechos de los trabajadores. A principios de Septiembre, un nuevo sindicato logró desplazar en un referendo sindical al sindicato afiliado a la CTV. El reto ahora es cumplir su compromiso con sus miembros.

“Con el cambio de dueños, nuestras condiciones de trabajo también han cambiado. Hoy tenemos menos de la cuarta parte de los beneficios que teníamos con los antiguos dueños,” señaló el secretario general del nuevo sindicato Jesús Manuel Roa. “Para nosotros está bien el aumento en la productividad”, añade su nuevo secretario de Cultura y propaganda Ramón Alvarado, “un aumento en la productividad es maravilloso, todo lo único que planteamos es que los beneficios se compartan con los trabajadores también.”

Sindicatos Democráticos, Sindicatos Responsables

La UNT ha desempeñado un papel importante en su apoyo a los refrendos sindicales locales. La asesoría legal y el conocimiento (producto de las experiencias en otros referendos sindicales locales) transmitido por los organizadores de la UNT a los activistas locales aislados, les ha dado a estos últimos un contexto y un foro a nivel nacional. La UNT se ha colocado a la vanguardia del activismo laboral, lo cual le ha hecho ganarse el apoyo de algunos de los sectores laborales más militantes del país. Existe en Venezuela una tradición de distanciamiento de las bases obreras por parte de los líderes. Sin embargo, la democratización de los sindicatos locales apoyada por la UNT, se ha constituido también en referencia para la organización a nivel nacional.

Los trabajadores están conscientes del profundo arraigo del sindicalismo al viejo estilo y aún persisten los recuerdos de los intentos por parte de movimientos en el pasado, de refundar los sindicatos venezolanos. Si bien es cierto que durante el último año y medio la UNT ha asumido posturas importantes en defensa de los derechos de los trabajadores, no es ningún secreto que muchas de estas posturas también han beneficiado a la confederación. Además, los estrechos vínculos de la confederación con el gobierno garantizan que el tema de la autonomía sindical dará pie a acalorados debates en el próximo congreso nacional pautado para Diciembre.

Los delegados seguramente aspirarán a que los líderes nacionales se sometan a los mismos parámetros que estos han estado proponiendo a los liderazgos locales (acercamiento a las bases, democracia sindical, etc.) y probablemente intentarán establecer, en la medida de lo posible, mecanismos que resguarden al movimiento laboral de un retorno al viejo sindicalismo corporativista. De cualquier modo, la lógica detrás del incremento de la participación a nivel local se puede aplicar fácilmente a nivel nacional. Además, existe un gran paralelismo entre la manera en que los trabajadores perciben tanto a los viejos como a los nuevos sindicatos locales, así como a la CTV y a la UNT.

Las entrevistas a los trabajadores de base en el estado Carabobo revelan un patrón común: sus intereses primordiales son mejoras en sus condiciones de trabajo, sus salarios y beneficios tales como atención médica y pago de vacaciones. Si bien muchos trabajadores están realmente conscientes de las implicaciones políticas de las acciones en que han participado, la democratización del sindicato como tal les parece importante básicamente porque mejora su nivel de influencia dentro de esta organización laboral.

El aumento en la participación y la celebración regular de asambleas en las cuales los trabajadores se sienten libres de hablar públicamente y hasta de criticar al sindicato son importantes, no tanto en términos de un aumento abstracto del nivel de participación como en lograr que el liderazgo sindical responda a las bases.

Esto es cierto tanto para la confederación nacional como para los sindicatos locales. Como dijera Freddy Salazar, mecánico de Owens Illinois, “el nuevo sindicato sólo ha estado algunas semanas, de modo que es un poco prematuro para evaluar sus logros. Lo que puedo decir es que el referendo sindical fue importante porque nos demostró que también podemos remover líderes que ya no nos representan, no sólo para designar unos nuevos... Si el sindicato no representa nuestros intereses, sabemos -y ellos también- que simplemente podemos convocar otro referendo sindical y reemplazarlos, tal como hicimos con el antiguo sindicato.”

En la lucha a nivel más general por democratizar la sociedad venezolana, el control obrero de las fábricas es esencial para institucionalizar la igualdad social y económica. El control de los sindicatos es un primer paso necesario. ¿Qué papel desempeñarán, si acaso, estos nuevos sindicatos en la promoción del control obrero? ¿Se limitarán a garantizarles a los trabajadores un cómodo lugar en los comités gerenciales? ¿O llegarán tan lejos como para promover tomas de fábricas? ¿Qué posición adoptará el gobierno? ¿Qué ideología tendrá este movimiento? La parte II de esta serie abordará estas interrogantes, basándose en el caso cogestionario de la empresa estatal de electricidad Cadafe, y en el de Venepal, una compañía papelera recientemente tomada por los trabajadores.

[1] Es necesario destacar que si bien muchos obreros organizados pueden no estar en este 80%, es probable que tengan familiares desempleados, ó auto-empleados de manera precaria en la economía informal. Además, a menudo comunidades enteras, donde la mayoría de las familias viven por debajo de la línea de pobreza, dependen indirectamente de que en su comunidad hayan algunas personas con buenos empleos. Finalmente, a pesar de que existe muy poca documentación al respecto, se percibe que la economía informal está integrada básicamente por mujeres. Esta relación entre los trabajadores formales e informales en ocasiones ha derivado en una poderosa solidaridad que trasciende la fábrica. Volveremos a abordar tratar este concepto cuando se analice la toma de Venepal en la parte II

[2] El debate dentro y fuera de la UNT sobre la naturaleza de su relación con el gobierno será abordado más adelante en esta serie