En carta del 24 de septiembre, invocando exenciones por motivos de seguridad nacional, la Agencia Central de Investigación de Estados Unidos (CIA) negó al Sunshine Project una solicitud de información relativa a la participación de dicha agencia de espionaje en un proyecto de uso de agentes biológicos en la erradicación de cultivos de marihuana en Filipinas. La solicitud la presentó Sunshine Project con base en la ley de libertad de información (FOIA).

Los fundamentos de la negativa de la CIA y las curiosas circunstancias que rodean el proyecto apuntan a la posible participación de EEUU en el programa de armas biológicas. Pero la cancelación del programa denota el potencial positivo, en términos de seguridad biológica, de las regulaciones de salud, medioambiente e investigación.

El Sunshine Project se enteró del proyecto de erradicación de marihuana de Filipinas en diciembre del 2000. El 22 de ese mes, el Director del Programa de las Naciones Unidas para la Fiscalización Internacional de Drogas (UNDCP) Pino Arlacchi reseñó este programa en su informe a la Comisión de Estupefacientes.

Los planes de EEUU y UNDCP de usar hongos como agentes en la erradicación de cultivos en Colombia fueron parados a principios de 2001 por una ola de protestas de organizaciones no gubernamentales en Colombia y de funcionarios gubernamentales en Ecuador, Venezuela, Perú y Brasil. Sin embargo, con la financiación de EEUU, un proyecto paralelo de UNDCP con sede en Tashkent (Uzbekistán) continúa trabajando en un hongo para erradicar los cultivos de amapola. Este agente, motivo de graves problemas ecológicos, está diseñado para ser usado principalmente en Afganistán contra el Talibán.

El proyecto de Filipinas, sin embargo, fue pintado como algo distinto a EEUU actuando a través de UNDCP. El informe de Arlacchi da a entender que se trata de una idea filipina, insinuando apoyo internacional un controversial enfoque de erradicación biológica, que ha sido tildado de como guerra biológica por organizaciones no gubernamentales.

Inmediatamente después de la publicación del informe de Arlacchi, el Sunshine Project presentó al Departamento de Agricultura de EEUU (USDA) una solicitud al amparo de la Ley de Libertad de Información sobre el proyecto filipino, puesto que el Servicio de Investigación Agrícola de ese ministerio es el líder científico de los proyectos de erradicación biológica en Sur América y Asia Central. USDA respondió rápida e inequívocamente diciendo no tener conocimiento del programa filipino.

Si bien la respuesta de USDA aparentemente respaldaba la insinuación de Arlacchi, en el sentido que dicha actividad correspondía a un esfuerzo de erradicación domestico, una investigación realizada en Manila por una ONG filipina mostró un retrato muy diferente y mucho más detallado de la realidad.

El gobierno filipino había detenido el proyecto un poco más de un año antes del informe de Arlacchi. El proponente y líder científico del truncado proyecto no era filipino sino de Sri Lanka. El científico no trabajó para un centro filipino, sino era profesor de microbiología en una universidad estadounidense dirigida por una denominación protestante. El proyecto del microbiólogo fue endosado por el comité antinarcóticos, pero solamente como un experimento en un invernadero. Más aún, las facultades del comité antinarcóticos se limitaban a endosar el proyecto y no contaba con la potestad de conferir permisos gubernamentales.

De hecho, el proyecto nunca inició trabajos de investigación ya que los organismos gubernamentales pertinentes -los ministerios de Salud, de Medio Ambiente y Recursos Naturales, y de Ciencia y Tecnología-, nunca concedieron los permisos.

A finales de 1999, cuando la preocupación internacional respecto del uso de armas biológicas en los cultivos ilícitos se acaloró, el microbiólogo cingalés decidió salir de Filipinas. El profesor dijo que había sido enviado a otra universidad de la denominación, en Estados Unidos.

Los funcionaron filipinos rápidamente archivaron el “no proyecto” más de un año antes de que el director de UNDCP lo reseñara en su informe. Un sondeo realizado en 2001 entre los departamentos de ciencias biológicas de las universidades en EEUU (y Canadá) pertenecientes al grupo religioso no encontró persona alguna que coincida con la descripción del director del proyecto cingalés.

A algunos rebeldes filipinos se les acusa de participar en narcotráfico, financiando sus operaciones mediante el comercio de marihuana. El uso propuesto de los agentes de erradicación se asemejan a la situación en otras partes del mundo, donde las armas biológicas están siendo lanzadas en una mezcla explosiva de operaciones antinarcóticos y contrainsurgentes. En Suramérica, una meta de la erradicación biológica es golpear a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), en tanto que el programa de erradicación de amapola con hongos en Afganistán está destinado para funcionar en perjuicio del Talibán.

Al de recibir la respuesta negativa de USDA a la petición de libertad de información, el Sunshine Project presentó inmediatamente la solicitud ante la CIA, debido al papel de dicha agencia en contrainsurgencia y antinarcóticos y porque esa agencia fue la originó y nutrió la estrategia de erradicación biológica a través de financiación de proyectos de investigación en los setenta.

El uso de las exenciones a la Ley de Libertad de Información basadas en razones de seguridad nacional como fundamento para negarse a responder a la solicitud indican la posible participación de esa agencia en el truncado proyecto. El apelar a las exenciones legales, en lugar de negar su participación (diciendo no existe documentación) levanta sospechas, puesto que no hay razón para tomar esa medida legal a menos que exista documentación al respecto.

Desenterrar la posible participación en el proyecto de Filipinas casi se equipara a las noticias vergonzosas sobre trabajo de la CIA en defensa biológica publicadas por el diario New York Times el pasado 4 de septiembre. Según el New York Times, un grupo de funcionarios de la CIA trabajaron en un proyecto denominado “Clear Vision” que consistió en fabricar un modelo de bomba biológica y planearon fabricar ántrax genéticamente modificado, todo esto dentro de un programa de “defensa”. Clear Vision lesionó la Convención de Armas Biológicas, el principal instrumento internacional contra la guerra biológica.

La cancelación del proyecto filipino demuestra que los funcionarios de salud, medio ambiente, ciencia y agricultura pueden jugar un rol importante para frenar la investigación en armas biológicas. Con frecuencia, esas agencias comprenden mejor que las autoridades policivas o incluso militares los peligros derivados del uso inapropiado de los patógenos. Si los ministerios hubiesen otorgado los permisos al director del proyecto, se habría dado paso a un proyecto vergonzoso y peligroso.

Respaldada por leyes fuertes, tales como la reciente Ley Modelo en Bioseguridad de la Unión Africana que criminaliza el uso hostil de la ingeniería genética, regulaciones vigilantes en salud pública, bioseguridad e investigación pueden mejorar la seguridad contra el desarrollo y uso de armas biológicas.

Desde Austin (EEUU) y Hamburgo (Alemania), este artículo apareció originalmente el 10 de octubre 2001 en Sunshine Project (USA)

Visitar el sitio web de Sunshine Project: http://www.sunshine-project.org/indexesp.html

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