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Hechos como el incendio de Parque Central deben llamarnos a la reflexión sobre cómo entendemos la planificación, la gerencia y la seguridad. Afortunadamente este hecho sólo arrojó pérdidas materiales calculadas en 300.000.000 de dólares. No obstante, acontecimientos como éste tienen un valor formativo incalculable, si lo aprovechamos como oportunidad para analizar y aprender de nuestra visión y concepciones en torno a la seguridad.

Cuando decimos que la seguridad es uno de los principales problemas en Venezuela tendemos a referirnos a la seguridad personal. Reducimos así peligrosamente un concepto complejo que es importantísimo examinar en profundidad. Revisemos por ejemplo ¿Qué se nos viene a la mente cuando pensamos en (in)seguridad social? Probablemente la corrupción, la ineficiencia del IVSS, la deuda social. Y, por supuesto, pensamos también en los programas gubernamentales revolucionarios que buscan aliviar la pobreza y que -a pesar de las críticas- redundan también en seguridad para todas y todos, incluidos aquellos quienes los critican.

¿Y cuando pensamos en (in)seguridad urbanística? Con dolor recordamos el deslave de Vargas que arrasó viviendas construidas en lo que otrora fueran cauces de ríos; los ranchos que después de cada lluvia fuerte dejan familias damnificadas; y hasta la construcción de edificios altos en Lomas del Ávila, bajo los cuales se dice existen ríos subterráneos que, tarde o temprano podrían reclamar su espacio natural.

¿Y cuando pensamos en (in)seguridad industrial? Imposible no recordar el desastre de Tacoa de 1982, que arrojó 154 muertos, más de 500 heridos y 40.000 damnificados. Según investigaciones, el fuego se originó cuando un empleado encendió un cigarrillo en lo alto de uno de los tanques, y por causa de ello estalló el primer tanque, y dado que estos se interconectaban por bajo tierra, se indujo un efecto dominó de explosiones.

La explosión de combustible de Tacoa dejó pérdidas materiales por 75.000.000 de dólares. Además, hay que mencionar el sabotaje petrolero de PDVSA de finales de 2002 y principios de 2003, los múltiples daños a las instalaciones, los derrames, incendios, explosiones de impacto moderado o bajo... pero que pudieron haber sido más graves. Se estima que las pérdidas generadas por este hecho para la industria petrolera alcanzan a Bs. 4.267.000.000; y para la industria y la economía del país asciende a Bs. 9.202.000.000

Reparar en estos acontecimientos y experimentar estados de estupefacción es casi inevitable. Imaginamos que lo que se desborda es indetenible, nos toma la impotencia, y nos sentimos inermes, pese a que sabemos que controlar las variables que originan los accidentes en gran medida está al alcance de decisiones humanas y tecnológicas.

Seguridad y Progreso

La seguridad es un paradigma fundamental para el progreso de personas y familias, comunidades y empresas, gobiernos y naciones. La seguridad, entendida integralmente, es una de las necesidades y derechos prioritarios de todo ser humano. No es así un lujo. Y no es por tanto un factor que pueda abandonarse al azar, o considerarse como aspecto de segundo orden.

Cuando comparamos los costos de mantenimiento, seguridad y gerencia de riesgos con sus beneficios, concluimos que la inversión se justifica con creces en tranquilidad para las personas, aumento de la productividad, preservación de patrimonios y extensión del ciclo de vida de los bienes materiales. Pero ¿cómo concebir y manejar el riesgo en nuestra sociedad? Prevalece el "como vaya viniendo, vamos viendo". Ello habla de la necesidad de sembrar una cultura de mantenimiento y planificación en Venezuela.

Se nos ha novelado como un "País Portátil". Un país culturalmente signado por la improvisación. Pero es mentira que fuimos o somos no hemos sido nunca la "Gran Venezuela" en los terminos economicistas y de derroche que prevaleció en el imaginario consumista de la IV República. Tenemos que conquistar el derecho a dejar de ser habitantes de un territorio portátil y asumir, como parte de nuestra grandeza, que somos ciudadanos de un país extraordinario. Agentes impulsores de un proyecto revolucionario para el mundo. Se hace preciso formarnos en organización, planificación y seguimiento y control de riesgos.

Seguridad y Gerencia

Peter Drucker destaca en uno de sus libros que "los países subdesarrollados no son países subdesarrollados, sino países subgerenciados". Habla de países cuyos estándares de planificación, organización, motivación y control para cumplir con eficacia y eficiencia los grandes objetivos se encuentran por debajo de rangos aceptables. La paralización de la industria petrolera, el incendio de la Torre de Parque Central (donde funcionaban Infraestructura y Minas) son evidencia de nuestro estado de subgerencia en materia de seguridad.

Si bien la gerencia como disciplina surgió a partir de las necesidades de la empresa privada, sus principios hoy por hoy se aplican a la par a la gerencia gubernamental y no gubernamental. No obstante, nuestra cultura de gerencia del riesgo es precaria y para enrumbarnos hacia la solución de un problema hay que reconocerlo, analizarlo, en fin levantar un diagnóstico que oriente las acciones futuras y corrija las fallas.

Las decisiones en materia de seguridad son a la vez estratégicas y políticas, y de particular incumbencia y responsabilidad de la alta gerencia. A modo de ejercicio ponemos sobre la mesa algunas preguntas que la alta gerencia gubernamental y empresarial podría estarse haciendo en este moemento ¿cual cree usted sería el ranking del país en una medición integral de seguridad? ¿Cual sería el ranking del sector o de la organización que usted gerencia? ¿Qué medidas concretas podría usted tomar para corregir las fallas en los próximos 4 días, 4 meses, 4 años?

Nuevos paradigmas en Gerencia del Riesgo

Existen diversos modelos desde el cual es posible pensar y abordar el riesgo. Uno de los más innovadores es el que Mensch-Technik-Organisation GMBH &CO. Consulting aplica actualmente en la industria nuclear, la aviación y los sistemas ferroviarios europeos. Desde una visión sistémica se considera al empleado y a su experiencia como el factor clave para la mejora continua hacia estándares de calidad total en materia de seguridad. La vieja premisa que afirma que "errar es cosa de humanos" es asimilada para enfrentar los accidentes no desde la mera inculpación o recriminación, sino desde una visión proactiva, inteligente y prospectiva de reingeniería de la seguridad en términos de aprendizaje compartido empresa-trabajadores. Se busca capitalizar los accidentes, cuasi-accidentes y eventos negativos como laboratorios de aprendizaje colectivo. Se logra así reducir la siniestralidad a su mínima expresión.

Seguridad es soberanía

Así como el Presidente Chávez ha insistido que la seguridad alimentaria de Venezuela no es un simple asunto de economía, que pueda dejarse enteramente a las reglas del mercado, la seguridad es igualmente una dimensión estrechamente ligada a la plena soberanía de un país.

Un ejemplo fabuloso de rescate de nuestra soberanía y consolidación de la seguridad del Estado venezolano fue la recuperación de los sistemas informáticos de PDVSA. Sistemas que habían sido tercerizados, entregados del todo a las manos de terceros, de una empresa privada (Intesa). Decisiones como ésta, que conceden la soberanía del producto más estratégico del país al dominio externo, lo menos que produce es vértigo.

Ya fuere por acción u omisión podríamos estar cediendo nuestra soberanía en materia de seguridad. Y Venezuela ha decidido desarrollar políticas de nuevo tipo, enrumbarse hacia un desarrollo inclusivo, sostenible y a largo plazo. Es preciso entonces repensar la seguridad como un área estratégica al servicio de un desarrollo humano orientado por el paradigma endógeno. La revolución, debe concienciar que todo evento desastroso es por definición, previsible. Y asumir así el máximo control posible de los incidentes que suceden en nuestro territorio y nuestras organizaciones.

Así como las instituciones gubernamentales de nuevo tipo han logrado elevar significativamente el Índice de Desarrollo Humano en Venezuela, estamos hoy ante el reto de superar el índice de improvisación, la planificación insuficiente y el mal entendido concepto de ahorro. Debemos marchar hacia la recuperación de nuestra soberanía más amplia, lo que desde luego incluye nuestra soberanía en materia de seguridad.