El jueves 15 de enero, un comunicado de una no muy conocida organización social, La Unión Juventud Boliviana, (UJB) hacía un pedido público al Presidente Carlos Mesa para que retire del gobierno a José Carlos Campero, hijo del jefe en ejercio del MNR, quien -según la denuncia- se desempeña como asesor general del Ministro de Desarrollo Económico. José Carlos Campero fue, hasta el 17 de octubre de 2003, hombre de confianza del Ministro de la Presidencia del gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada, José Guillermo Justiniano.

Obviamente, hasta hoy la medida ha sido ignorada. Sin embargo, Mesa sigue gobernando y difundiendo un discurso de tipo independiente, escondiendo el hecho de que esa “independencia” oculta un grado de sumisión y complacencia a los partidos tradicionales que hasta hoy mantienen sus cuotas en el gobierno. No hay que olvidar que Carlos Mesa llega al gobierno impuesto por una revuelta social que, mediante violentas insurrecciones, exigió la renuncia de Gonzalo Sánchez de Lozada y una enmieda no sólo al modelo económico sino también a las formas cómo se venían manejando las instituciones públicas. Retórica y populistamente, Mesa prometió enmendar el rumbo de la política tradicional, pero pasados ya más de 90 días en el gobierno, este ex periodista se ha revelado como un continuador de las prácticas de la vieja política.

El caso no debería sorprender puesto que Mesa siempre fue un admirador de Gonzalo Sánchez de Lozada, a quien lo unen lazos de estrecha amistad. Por otra parte, desde que entró en la vida política ha venido incumpliendo sus promesas. Primero prometió que si era elegido vicepresidente de la República vendería sus acciones en PAT, para evitar un conflicto de intereses. No cumplió, y más bien sus asalariados y socios (el controvertido Cayetano Llobet y el periodista Mario Espinoza, principalmente) ejercen desde ese canal una defensa cerrada -no exenta de manipulación, a través de la simplificación y frivolización de la información- de la gestión mesista.

Mientras estaba en campaña también prometió a los chuquisaqueños hacer las gestiones necesarias para que el Parlamento se traslade a Sucre, cosa que jamás hizo.

Pero el incumplimiento más importante tiene que ver con el principio básico que guía su entrada en política: la lucha contra la corrupción. Ahora, después de ser Vicepresidente y Presidente alega que no puede hacer nada porque prefiere respetar la institucionalidad, “la separación e independencia de poderes” y que es la justicia la que debe actuar ante los hechos de corrupción. Una falacia completa pues cuando él aceptó ser “candidato anticorrupción” y firmó un documento en el que, sin ninguna presión, se obligaba a sí mismo a luchar contra la corrupción una vez que fuera elegido autoridad, en realidad estaba reconociendo que luchar contra la corrupción en un país como Bolivia implica, fundamentalmente, la asunción de una “voluntad política” que haga viable la investigación y sanción de un sinnúmero de casos de corrupción que, incluso revertirían al Estado cientos de millones de dólares. Para ilustrar esto recordemos, ¿cómo se luchó en Italia contra la corrupción de las mafias? Con voluntad política, creando nuevas normas jurídicas, nuevas instituciones legales, los famosos “jueces manos blancas”. Mesa, como historiador que es, lo sabe pero lo oculta, porque así oculta la falta de decisión de su gobierno para investigar y sancionar la corrupción en la que están comprometidos prominentes hombres del antiguo régimen.

A estas alturas, es ya evidente que Carlos Mesa ha decidido convertirse en un restaurador del modelo que heredó de su amigo Gonzalo Sánchez de Lozada. De ese modo, también, cumple otro rol que le es caro: marcar un punto de continuidad en el poder de los sectores oligárquicos. Como ejemplo de esto se puede tomar fácilmente la lista de personalidades que Mesa escoge para llenar los vacíos que hay en las instituciones. En una aplastante mayoría se trata de allegados a él o a sus entornos, y muchas veces se trata de personajes que han servido fielmente a los ejecutores del modelo que fue derrotado en las calles en octubre del 2003. De este modo, al intentar restaurar un modelo económico y político repudiado por una buena parte de los bolivianos, tratando de modificar a su modo la Constituyente, el Reférendum y la Ley de Hidrocarburos, Carlos Mesa se está convirtiendo en un factor de desestabilización. Es por ello que los líderes de los movimiento sociales se están embarcando ya en la preparación de una tercera insurrección, un hecho que puede repetir, y quizás en mayor intensidad, la violencia de octubre.

A modo de corolario, para que el lector juzgue, vamos a mencionar a algunos -ojo que son muchos más- emenerristas, miristas, tutistas, emebelistas y allegados a Mesa u organizaciones que promovieron el modelo neoliberal y que hoy cumplen altas funciones en el gobierno.

Ministros

Ministro de la presidencia
José Galindo
del equipo de independientes de Goni

Ministro de Relaciones Exteriores
Ignacio Siles
ex MBL, ligado al Opus Dei

Ministro de Hacienda
Javier Cuevas
considerado hombre del FMI

Ministro de Desarrollo Económico
Javier Nogales
fue ministro de Tuto Quiroga

Ministro de Dearrollo Sostenible
Jorge Cortez
militante del MIR

Ministro de Trabajo
Luis Fernández Fagalde
Militante del MIR

Ministro de Participación Popular
Roberto Barbery
fue parte del gobierno de Goni

Ministro de Asuntos Indígenas
Justo Seoane
concejal del MAS en la Chiquitania

Ministro de Agricultura
Diego Montenegro
hombre fuerte de la CAO (ANAPO)

Ministro de Gobierno
Alfonso Ferrufino
militante del MBL

viceMinistros

Relaciones Exteriores
Jorge Gumucio
ex embajador de Goni

Relaciones Económicas
Isacc Maydana
MIR

Coord. Parlamentaria
Ernesto Machicao
MNR

De la Presidencia
Carlos Ágreda
MNR

De Salud
Óscar Larraín
MIR

De Trabajo
Rodolfo Eróstegui
ex PCB, ex MBL, MSM

De Desarrollo Alternativo
Marco Antonio Oviedo
MIR

Participación Popular
Gabriela Ichazo
MNR

Además, Carlos Mesa ha nombrado a una serie de embajadores, violentando la institucionalidad de la Cancillería, pues éstos no siguieron la carrera diplomática.

Guido Capra (MNR): embajador en México.

Ernesto Araníbar (MBL), hermano de Toño Araníbar y autor de la desdolarización en la UDP: embajador ante las NNUU.

René Recacoechea (MNR): embajador en Venezuela.

Florencia Ballivián (MIR): embajadora en Francia.

Susana Peñaranda (MIR): embajadora en Costa Rica