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A veces nos preguntan, otras veces nos preguntamos, si el Foro Social Mundial (fsm) -teniendo en cuenta el enorme esfuerzo que conlleva su organización anual- vale la pena. La respuesta es un contundente si, destacando como elemento fundamental el hecho de que el fsm es hoy en día la máxima expresión social, cultural y política de la sociedad civil global. Su mera existencia, en el contexto de un mundo globalizado, tiene suma importancia como símbolo de esperanza colectiva.

La decisión de internacionalizarlo permitió la inclusión decidida en los procesos -cuantitativa y cualitativa- de Asia y en especial de la India. Además, fue la prueba clara de que el fsm -como ya reza en su Carta de Principios- es un evento y proceso internacional, sin amo ni patria .Esta misma decisión de internacionalización ha favorecido una dinámica de cambios, un proceso de maduración, hacía un foro internacionalizado y descentralizado. Paralelamente, ha creado dinámicas, tendientes a una nueva estructuración del proceso, a democratizarlo, añadiendo valor estratégico al mismo. La celebración de foros regionales y temáticos en múltiples lugares del planeta es un signo de madurez, y muestra que el foro está ganando carácter de proceso, descentralizado, y no solo de evento, centralizado.

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El crecimiento tiene límites, conlleva problemas organizativos, especialmente financieros y logísticos, de difícil previsión y solución. Mumbai esperaba la llegada de 75.000 delegados, y el evento se colapsó al primer día con 125.000 delegados. Este macro foro quizás haya llegado a su techo natural. Pocos sitios habrá en el planeta que puedan absorber más de 100.000 personas, con lo que requiere esta dimensión de preparación logística y de infraestructura. Quizás estemos hablando de 150.000 personas para el próximo foro. Esto significará que en un futuro próximo habrá que limitar la participación.

¿Con qué criterio? Debate difícil, pero necesario. Este crecimiento ilimitado es una situación insostenible a mediano plazo, Porto Alegre quizás aún pueda absorber en el 2005 un número masivo de participantes (¿150.000?), pero África, si fuera esta la decisión para el foro 2006 o 2007, no podrá hacer (con la excepción quizás de Johannesburgo), un macro-foro sería. Semejante evento sería. financiera y logísticamente inviable en el continente africano como está previsto para el año 2006 o 2007. ¿Cuántas capitales en el mundo podrán alojar un evento de semejante magnitud?

¿Tiene valor estratégico el Foro Social Mundial?

¿O meramente valor de masa, macro-evento?

Un evento de 120.000 personas - celebrado en un lugar único (Goreagon-Mumbai, o la PUC, Universidad Pública en Porto Alegre con unos 75.000 delegados) arropa sobremanera la sensación de masa, diversidad y a su vez de unidad del movimiento alterglobalización. Somos muchos, estamos unidos, y esto queda bien visible en Porto Alegre y Mumbai. Aunque es preciso discutir su operatividad, el carácter masificado sigue teniendo indudable valor, transmitir (y vivir) esta sensación de masa, de diversidad y de unión tiene sus puntos a favor. Es importante para los movimientos, una recarga de optimismo y fuerza para la altermundialización. Pero también es muy importante (estratégico) tener esta visibilidad de masa y unión, con cara a los centros neurálgicos de Davos y del G-8. Es como una macro-movilización pacífica en un lugar y un momento del año. Este macro-evento continúa siendo uno de los pocos elementos que pueden inquietar a los nuevos amos del mundo, debido a su imprevisible efecto multiplicador. Hemos de considerar el efecto macro-movilización como de suma importancia estratégica, que no debe ser infravalorado, ni fraccionado. Este evento macro y masa tiene un impacto sociopolítico sin antecedentes, solamente comparable al segundo logro histórico de la sociedad civil planetaria: la movilización mundial el 15 de febrero 2003 contra la guerra, a favor de la paz mundial. Movilización, por cierto, planteada y facilitada por el Consejo Internacional del fsm (Porto Alegre, enero, 2003).

La necesidad estratégica de la existencia del Foro Social Mundial

De manera individual, los participantes del Foro no han adquirido protagonismo internacional, pero es indudable que los foros si. El fsm es el referente global de los movimientos sociales, y no solo para sus integrantes, sino para los grandes centros de toma de decisión política y económica. El Foro se ha convertido en el referente de la voz social global. La mejor muestra son las sesiones a puerta cerrada en Davos, en Ginebra o Nueva York, el debate estratégico sobre el foro y su futuro, sesiones de las que tenemos constancia documentada (no debe de extrañar que tanto Davos como el fsm tengamos infiltrados en las dinámicas enemigas. El Foro está en el punto de mira de los nuevos amos del mundo, más de lo que nos imaginemos. No tanto por lo logrado, sino por su potencial de plataforma movilizadora mundial. Es la primera vez en la historia que la sociedad civil demuestra verdadero carácter y compromiso global y desafía a instituciones políticas y económicas, al representar -en toda su diversidad- una voz global. Estamos cerca de lograr un consenso global sobre los grandes desafíos que enfrentan a la humanidad, la paz y la justicia social.

Las acciones locales aisladas, aunque tengan dimensión global, ya no son suficientes para la protección de nuestros derechos civiles, políticos, económicos y sociales. Un mundo global necesita indudablemente respuestas globales. Esto significa que debemos de estar bien arraigados en el espacio local, desde la óptica local, pero asumiendo la obligación de aunar esfuerzo en el plano global, identificar los grandes desafíos globales, buscar respuestas, y encaminar acciones. Desde lo local hacia lo global, son dimensiones y campos de acción complementario.

Desafíos en el camino:

La diversidad versus la gobernabilidad del proceso, y la utopía como horizonte

Debemos buscar la esperanza y la fuerza en nosotras y nosotros mismos, porque dentro del contexto global actual no podemos esperar una situación favorable, ni previsibles mejoras. Todos los indicadores revelan previsibles empeoramientos de la situación social y medioambiental a escala planetaria.

El mero hecho de la existencia no ya del fsm, sino de los cientos de foros sociales, regionales y temáticos, es un signo de esperanza gigante. La sociedad civil mundial, en su inmensa diversidad, es consciente de la importancia de la unión para enfrentar los grandes desafíos globales, la paz y la justicia social. Debemos dirigir nuestra mirada hacia esta riqueza de diversidad, y esta esperanza colectiva. Aceptar la diversidad, y convertirla en nuestra principal fuerza. Y aceptar la constatación tan simple, y tan profunda, que unidos llegaremos más lejos que con reivindicaciones excluyentes o acciones solitarias.

Con dos desafíos de suma importancia. Uno, la gobernabilidad del proceso. El concepto de gobernabilidad en un mundo cambiante, con estructuras sociales innovadoras de una abrumadora horizontalidad (redes, movimientos de masa, etc.) no puede mantenerse en su conceptualidad tal como lo entendíamos hace unos años. La gobernabilidad del proceso del Foro, incluso de la sociedad civil mundial, no reside ni en estructuras ni jerarquías ni líderes sociales. Estos mecanismos entrarían en profunda contradicción con los fenómenos sociológicos descritos que caracterizan la altermundialización. La aceptación de diversidad de los actores como riqueza, de su papel de verdaderos protagonistas y sujetos de cambio, con estructuras y procesos basados en asimetría y horizontalidad. Solamente aquellos movimientos sociales, e incluso aquellos partidos políticos que sepan asumir esta nueva complejidad serán aceptados como verdaderas plataformas de transformación social. Ningún movimiento, ningún líder social, ningún "Consejo Internacional" (dígase: del fsm) podrá pretender dirigir el proceso, o suplantar la voz propia de la ciudadanía y militancia social.

Nadie puede sentirse representativo de esta multitudinaria diversidad y riqueza social existente en el planeta. Es más, sería oportuno enfrentar estos debates y desafíos (horizontalidad, participación, protagonistas con voz propia, etc.) en todos y cada uno de nuestros ámbitos. Más que iluminados quizás un cielo repleto de millones de estrellitas alumbraría tanto mejor nuestro camino y nos llevaría más lejos. Y estos millones de estrellitas (algunas estrellas fugaces), existen, están allí a la vuelta de la esquina.

La impaciencia individual nos indica que solamente procesos dirigidos y liderados permiten lograr eficacia y eficiencia en la intervención social. Pero la prudencia social nos indica algo diametralmente opuesto, una sociedad civil madura no necesita ni quiere líderes, quiere hablar con voz propia. Lección difícil de aprender para nuestro bagaje de viejas escuelas: solamente los procesos pausados, pero participativos y horizontales, permitirán una intervención social facilitadora de verdadera transformación social, política, económica y cultural. Choca la vieja cultura con nuevas culturas. El viejo mundo (sobre todo la vieja Europa) con otro mundo posible. ¿Estamos dispuestos a abrirle la puerta?

El otro desafío de suma importancia es un tanto utópico como pragmático/estratégico. El fsm tiene que madurar desde un foro evento hacia un foro proceso, y desde una capacidad de aglutinar hacia una capacidad de accionar. Desde un lugar de encuentro hacia un proceso estratégico. El fsm tiene que consolidar su dinámica de proceso, superando la dinámica de evento. Debe convertirse definitivamente en un proceso permanente, local y global, que busca respuestas a los grandes desafíos, y construye alternativas. El foro, los foros, deben demostrar su capacidad estratégica y propositiva, para no quedarse estancado en la resistencia, en el no, sino poder demostrar nuestra capacidad -individual y colectiva- de construcción de alternativas.

Especialmente desde Mumbai muchos participantes se preguntan ¿y ahora qué? Debemos identificar un camino, estrategias locales y globales que permitan ir hacia la transformación social y económica. Quedarnos estancados en un lema Otro Mundo es posible, que si bien emblemático nos expone a preguntas: sobre el cómo, cuándo, con quiénes...

Debemos demostrar una capacidad estratégica de de-construir la sociedad, la política y la economía, para construir este otro mundo posible. Si no asumimos este desafío, perderemos no solamente la credibilidad sino la histórica oportunidad que nos vino regalada con el Foro Social Mundial. Debemos estar a la altura, no solamente de la consigna (Otro mundo es posible), que expresa nuestro horizonte utópico, sino de la coyuntura histórica y actual (Otro mundo está construyéndose), ya que la utopía no es más - ni menos - que el máximo de lo posible. ¿Estamos dispuestos a abrir esta ventana? La utopía como horizonte gigante y a su vez como camino humilde, de pasos pequeños, pisando suavemente?

* Delegada en el Consejo Internacional del Foro Social Mundial