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Nos han preguntado por qué hablamos de un primer diálogo nacional, cómo planteamos la intención del diálogo y por qué proponemos la inclusión de los diversos movimientos sociales. Para responder a estas preguntas retomo los acuerdos de varias reuniones de los convocantes y los términos de la propia convocatoria. Con bastante claridad se ha propuesto: Iniciar un proceso para la elaboración de un proyecto nacional de carácter estratégico e integral, construido a partir de un diálogo de los diversos sectores que se oponen al neoliberalismo con el propósito de definir alternativas en torno a los grandes problemas nacionales con una visión de largo plazo, que no descuide los pasos inmediatos a seguir.

El proceso de diálogo debe favorecer, al mismo tiempo, una articulación muy amplia y plural de fuerzas y un posicionamiento firme en términos de propuesta y presencia de los movimientos sociales en la coyuntura.

Se propuso también definir objetivos por etapas, considerando desde esta primera fase del proceso los mínimos necesarios para poder avanzar hacia una mayor profundización y consenso del proyecto.

Se hizo ver que "...la tarea de todos consiste en rescatar la nación y avanzar juntos en la solución de los grandes problemas nacionales. Este es el propósito más importante de todos los mexicanos que suscribimos este llamado. Sigo citando: "Las circunstancias nos obligan a construir una convergencia histórica lo más amplia e incluyente posible, entre los diversos sectores que componen la clase trabajadora del campo y la ciudad, los movimientos sociales y urbanos, los pueblos indios, los profesores, intelectuales, artistas y los nuevos movimientos sociales integrados por altermundistas, ecologistas, movimientos de defensa de derechos humanos, de género y diversidad sexual, estudiantes, jóvenes, braceros y migrantes, pequeños y medianos industriales y comerciantes y por todos aquellos que estén de acuerdo en luchar por un proyecto de nación alternativo al modelo neoliberal".

"Es necesario y además urgente -continúa la convocatoria- abrir un proceso de diálogo nacional. Por todo ello -dice a la letra- convocamos a todos los sectores sociales, culturales y políticos para que avancemos juntos en la elaboración de un diagnóstico sobre los grandes problemas nacionales e internacionales, trazando los aspectos esenciales de un proyecto de nación alternativo y uniendo todas las resistencias frente al capitalismo salvaje y al sistema corporativo para construir una propuesta capaz de disputar la conducción de la nación a la barbarie neoliberal". (Convocatoria al diálogo) Esta es nuestra palabra y expresa nuestro pensamiento, compromete nuestra acción.

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Las tensiones sociales se incrementan desde hace años y aún más en los últimos meses. Las dificultades para encontrar empleo aumentan en todo el país; las empresas medianas y pequeñas enfrentan serias limitaciones de crédito, abasto y mercado: muchas "no dan ni para vivir". Gran cantidad de maquiladoras se desmantelan y se van. La emigración de trabajadores a Estados Unidos es creciente, y cada vez más riesgosa y hostilizada.

La exportación de manufacturas revela no ser un factor seguro de crecimiento económico; la infraestructura para el mercado interno se desarticula y cede ante las cadenas trasnacionales, que por su parte se articulan desde sus bancos de crédito y centros de aprovisionamiento hasta sus centros comerciales y sus distribuidores al menudeo.

El gobierno neoliberal de Vicente Fox y de las grandes organizaciones patronales extranjeras y nativas, con el apoyo expreso del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, insisten en la necesidad de profundizar la estrategia y la política económica neoliberal que nos han sido impuestas en los últimos 20 años. Sin la menor evidencia científica y técnica sostienen que para resolver los problemas del país se necesita aprobar las llamadas reformas estructurales, término con el cual designan la privatización y desnacionalización del patrimonio nacional en su favor, y por el que proponen que la carga fiscal pese todavía más sobre los que menos tienen.

Al mismo tiempo que todas estas fuerzas nativas y extranjeras proponen las reformas legales que legitimarían su política privatizadora y desnacionalizadora, fuera de toda legalidad constitucional, ponen en práctica numerosas acciones que avanzan paso a paso en la privatización y desnacionalización de hecho, de facto, como dicen los abogados. Así, no pasa día en que no aprovechen la crisis para impulsar y fortalecer las reformas estructurales expresadas por el programa estratégico conocido como "el consenso de Washington", renovadas con el Plan Puebla-Panamá y con otros planes militares, económicos, culturales, sociales que buscan hacer de México y toda nuestra América un territorio funcional a los "intereses y valores" de Estados Unidos, de sus grandes compañías y de sus "complejos" de poder militar-político-empresarial.

Todos esos planes han sido publicados por distintas dependencias del gobierno de Estados Unidos, o por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, para no citar sino las principales fuentes. Revelan que la política económica neoliberal ni es exclusiva de los gobernantes de tal o cual país o partido, ni tiene como objetivo principal el desarrollo de nuestros países.

Los datos están a la vista en México: crisis (con artilugios contables) de Pemex, que tantas divisas da al gobierno mexicano mientras éste las carga a la empresa estatal haciéndola aparecer como ineficiente al mismo tiempo que la sigue privatizando y desnacionalizando mediante contratos de servicios múltiples con las megaempresas petroleras y gaseras de Estados Unidos.

En la misma política de entrega de los energéticos de la nación y de destrucción de los derechos nacionales y sociales, se dan el mantenimiento y ampliación de las inversiones de capitales privados en la generación de electricidad, y la privatización progresiva de la seguridad social y del sistema de pensiones.

Combinada con la pérdida de fuentes de trabajo social y público, el gobierno impone la reducción de recursos a la educación en todos sus niveles, y asfixia a la investigación científica y tecnológica, en una política deliberada de importación de saberes y conocimientos que coincide con los proyectos en marcha para la comercialización de la cultura, y para la trasnacionalización dependiente de los servicios médicos y de muchos otros profesionales.

El proyecto conjunto afecta a la inmensa mayoría de los mexicanos, desde los pobres entre los pobres hasta las clases medias altas y las pequeñas y medianas empresas, e incluso amenaza a muchas de las grandes, cuyos propietarios son empujados a convertirse en meros rentistas o a someterse como unidades subalternas de las megaempresas trasnacionales, todo lo cual refuerza al tristemente famoso Tratado de Libre Comercio de América del Norte y anuncia las nuevas embestidas del Plan Puebla-Panamá y del ALCA o Area de Libre Comercio de las Américas, todo a sabiendas de que las principales víctimas serán los pobres y los empobrecidos, a los que el Estado asedia y acosa incluso en sus recios intentos de construir una sociedad y una economía de la sobrevivencia en que son ejemplo especial a apoyar por todos los mexicanos las autonomías de los pueblos indios.

Desde diversos grupos de ciudadanos, campesinos, trabajadores, pueblos indígenas; desde sindicatos, organizaciones sociales, uniones, frentes, partidos políticos, movimientos sociales, han surgido iniciativas, acciones, propuestas, luchas para enfrentar el proyecto neoliberal y el empeño gubernamental de continuarlo y profundizarlo dentro o fuera de la Constitución.

A pesar de la fragmentación de las organizaciones, de la variedad de sus ideologías y sus estrategias, la necesidad de precisar un proyecto mínimo de defensa social y nacional nos convoca como ciudadanos, pueblos y trabajadores a construir un amplio, heterogéneo y solidario movimiento contra el neoliberalismo, que luche lo más eficientemente posible por alcanzar los objetivos centrales de la sociedad y de la nación. Para ese propósito se necesita con urgencia discutir, conversar, consensuar un proyecto nacional -con contenidos mínimos- que sea por sí mismo una fuerza o un instrumento de organización: que permita articular las luchas políticas y electorales con los movimientos sociales, y hacer de éstos el punto principal de referencia de aquéllos.

La reflexión sobre el programa mínimo se debe realizar, con un gran respeto, en todas las organizaciones y movimientos. El pensar y hacer de la solidaridad irá mucho más allá de un mero pronunciamiento verbal hacia la organización de redes y redes de redes para la comunicación y para el diálogo informado que facilite los más distintos tipos de acciones en defensa de la soberanía nacional, de la democracia plural con poder del pueblo y con formas efectivas de representación y participación en la toma de decisiones de interés nacional y social, y en favor de una justicia social que entrañe el respeto a la dignidad y la autonomía de los ciudadanos, los pueblos y los trabajadores.

Si esa es una utopía, es nuestra utopía. Y tiene bases históricas y sociales muy fuertes y que cada vez serán más fuertes en México y el mundo. En cualquier caso, para consensuar el programa y compromiso mínimo de defensa de la nación parece indispensable aclarar y precisar problemas y políticas como:

  1. La defensa de los derechos a la soberanía del pueblo mexicano, y a la propiedad y usufructo pleno sobre sus recursos naturales y energéticos, incluidos el petróleo, la electricidad, el agua, los bosques, las tierras.
  2. La defensa del sector público y social de la economía y los servicios gratuitos o subsidiados de educación, salud, suficiencia alimentaria, agua, etcétera.
  3. La defensa de los derechos de los trabajadores, consagrados en la Constitución, incluido el Seguro Social, y la seguridad social. 4. La defensa de las garantías individuales y sociales, y de la libertad de expresión.
  4. La defensa de los derechos de los pueblos indios plasmados en los acuerdos de San Andrés, así como de las autonomías de facto que viniendo de la Colonia se renuevan y reformulan en nuestros días.
  5. La renegociación de la deuda externa y la cancelación de la enorme carga impositiva que significa.
  6. La renegociación y en su caso la cancelación de la deuda del gobierno con la banca por los créditos que ésta le ha hecho para el pago de las quiebras bancarias y empresariales...
  7. El alto a los actos violatorios de la Constitución que están desestructurando a la nación y al Estado con privatizaciones y desnacionalizaciones basadas en una lógica patrimonialista de gobierno.
  8. La defensa del derecho a reformar la Constitución sólo con la Constitución, y la de enfrentar la fuerza del pueblo a cualquier acto de fuerza golpista que intenten las oligarquías al ver cómo no funciona su democracia de pocos para pocos y con pocos, y quienes ya crean el clima necesario de rumores, escándalos y miedo para imponer un régimen aún más autoritario y represivo, "a solicitud del pueblo y dada la ineficiencia y corrupción de los políticos gobernantes" que ya no les sirven (muchos de los cuales, por cierto, en una actitud autodestructiva acumulan pruebas y hechos que confirman la bondad de su propia destitución).

El anterior es un programa mínimo de un gobierno alternativo. Si se considera que no es posible aplicarlo, se estará considerando -me parece- que es necesario sacrificar el desarrollo nacional. Cualquier concesión que se haga en relación con los requerimientos mínimos para el desarrollo nacional alternativo tenderá a disminuir y hasta a anular las posibilidades de ofertas democráticas y sociales con las que se pueda en verdad cumplir.

El programa mínimo de las estructuras alternativas de los movimientos, las organizaciones y los partidos políticos requerirá, en todo caso, construir consensos sobre estructuras alternativas para una transición efectiva a la democracia, la liberación y la justicia social. Entre esas estructuras alternativas destacan:

1. El formar un bloque histórico, que se articule en todo lo posible en redes presenciales y a distancia que dialoguen entre sí y coordinen acciones conjuntas de pueblos y trabajadores. Cualquier acción de unos "pocos" que pretendan imponer a fuerza sus ideas será el principio de un fracaso indudable. Las ideas sobre "el interés general" y "el bien común" sólo son viables con apoyos generalizados que hagan de la moral colectiva una fuerza de masas. Pues, ¿cómo se puede luchar por "el bien común" o "el interés general" sin una moral colectiva, y también personal? Nomás no se puede.

2. El conversar, consensuar y construir una política de alianzas sobre la base del programa mínimo no negociable. El Dialogo será necesario para precisar y comprometerse con lo no negociable. En general, no se puede ni se debe negociar cuando las ventajas que se logran a corto plazo implican grandes pérdidas a largo plazo, como ocurre con la lógica que impone el neoliberalismo a sus políticos subordinados.

3. Establecer una red de redes, con grupos responsabilizados de facilitar el intercambio de información y análisis, así como los diálogos y acciones consensuadas de las organizaciones y sus miembros... La práctica del diálogo con respeto a los demás y el logro libre de consensos en proyectos particulares que incluyan una o varias luchas, es indispensable en movimientos históricos como los actuales en que no hay una clase con un partido con una ideología (si acaso los hubo en el pasado), y en que, respetando las diferencias, se buscan y promueven las coincidencias y las acciones concertadas. Sólo así se creará un proyecto histórico común de corto y largo plazo.

4. Es necesario vincular las redes o complejos de organizaciones y movimientos con programas de pedagogía de la liberación, con espacios de diálogo-enseñanza-aprendizaje, de toma de decisiones colectivas, de monitoreo permanente de los objetivos que se buscan; con retroalimentación de las experiencias que en la práctica se tienen, todo a fin de hacer más efectivos los programas de acción colectiva y de integrar a ellos números crecientes de participantes.

5. De los espacios de diálogo-acción surgirán promotores en busca de bases que se organicen y que se integren por la persuasión intelectual y moral y por el propio aprendizaje. Si los promotores llegan a ocupar un lugar en la coordinación del movimiento impulsarán con su propia conducta como mensaje, el aprender a mandar obedeciendo y el aprender a obedecer mandando. En ningún caso el respeto a las bases entorpecerá el liderazgo democrático de líderes que enseñan a aprender conocimientos, y que aprenden a oír y hablar, a aguzar la inteligencia colectiva sobre problemas a enfrentar y acciones a seguir. Más bien, en todos los casos, se recordará que las fuerzas dominantes, en México y el mundo, han pasado de un neoliberalismo supuestamente democrático, y en realidad elitista, a un neoliberalismo de guerra y a una guerra preventiva de conquista y apropiación de territorios y riquezas, así como de mano de obra superbarata. Y si en esta guerra usan las más variadas combinaciones de medios pacíficos y violentos que tienden a endurecer a las organizaciones democráticas del pueblo tachadas por ellos de populistas, es decir, de no ser elitistas, ni la democratización desactivará o desarmará a las organizaciones populares, ni la disciplina consentida y acordada por las bases olvidará su carácter de disciplina democrática de mujeres y hombres realmente libres.

6. Será siempre necesario reparar en los detalles que se viven, reflexionar y profundizar en la práctica de las ideas entre los propios integrantes de los movimientos y entre los variados grupos y organizaciones que los integran. En cualquier caso se dará tanta importancia a la creación de un México realmente posible como al seguimiento de las estructuraciones alternativas, emergentes, aquellas que ya se advierten en los distintos espacios nacionales, latinoamericanos, e incluso mundiales: como los caracoles en Chiapas y las autonomías de facto de los pueblos indios, o los renovados intentos de construir un frente democrático nacional que no sea destruido por la cooptación, la corrupción y la mediatización que tanto han debilitado a los partidos políticos y a muchas organizaciones de la sociedad civil y que van a amenazar constantemente a las organizaciones de las bases. 7. Precisar la normatividad interna de grupos y movimientos para que todos sus integrantes se atengan a las mismas reglas. Rechazar la lógica de que "las reglas se aplican a todos menos a mí y mis cuates", y de que "quiero la democracia en el país pero no en mi organización".

Esta es la lógica que crea nuevas desigualdades y debilidades en las propias alternativas. Luchar, así, contra las diversas formas de clientelismo o de populismo, de escepticismo, cinismo o conformismo, y por la aplicación universal de las reglas a los compañeros de la base o la coordinación, sin excepción de parientes, amigos o coterráneos. Estar conscientes de que la violación de la moral colectiva debilita toda acción colectiva.

El punto de partida

En las condiciones iniciales del cambio estructural, los actores de la alternativa habrán de articular a los movimientos y organizaciones sociales que en las más distintas formas luchan contra el neoliberalismo. Necesariamente se enfrentarán a quienes intenten detener la construcción de un bloque histórico o pretendan reducirlo a una maniobra electoral. El diálogo se propondrá responder a algunas preguntas que todo el mundo se hace: ¿qué país queremos?, y ¿cómo nos organizamos? La respuesta no puede convertirse en un posicionamiento de personas con miras a las elecciones presidenciales de 2006. Las organizaciones y las redes de los pueblos, de los ciudadanos y de los trabajadores tienen en todo caso que señalar los compromisos mínimos e irrenunciables que cualquier aspirante a un gobierno municipal, estatal o nacional se compromete a realizar. Deben luchar contra todo intento de "membretismo" de organizaciones y de "suplantación" de bases para posicionamientos políticos.

El diálogo nacional se propone reforzar las resistencias patrióticas y sociales realmente existentes e iniciar un diálogo mayor de articulación de fuerzas y compromisos morales y políticos. Nadie podrá detenerlo. Si nosotros sólo lo iniciamos, los pueblos de México forjarán en cualquier circunstancia su voluntad, sus organizaciones, y su moral de victoria, intentando, en todo lo que puedan, caminos pacíficos y legales y, si no los dejan, otros que impulsarán, tarde o temprano, la liberación nacional, la democracia y la justicia social, para el socialismo y la sobrevivencia de la humanidad en un mundo mejor y posible.

El pueblo mexicano será capaz de resolver los problemas que se proponga resolver.

Convenceremos y venceremos.