En el segundo trimestre de 2004, el Producto Interno Bruto (PIB) creció 13,6% en relación al mismo período del año anterior, con caídas de la inflación (-4,8%) y del desempleo (-3,6%). El sector privado creció 16,1% frente a los 5,9% del sector público. Las mayores tasas fueron las de construcción civil (28,2%), comercio (27,1%) y manufactura (25,7%). La recuperación se inició en el cuarto trimestre de 2003, como fruto de la efectiva nacionalización de la estatal del petróleo PDVSA, de la adopción del control de capitales y de la fijación de los precios de productos básicos.

El ministro de Planificación y Desarrollo, Jorge Giordani, afirmó que “el aparato productivo nacional sigue su tendencia positiva, con estabilidad del cambio y aumento de las reservas internacionales. Dejamos atrás los malos augurios de los profetas del desastre y sus intereses mezquinos”. Según él, la economía venezolana tendrá un crecimiento medio de un 6% en los próximos dos años, período restante del mandato de Chávez.

El desempleo es el más bajo de los últimos tres años: en agosto, la tasa de desocupación fue de 14,2% de la Población Económicamente Activa (PEA) -o 1,7 millón de personas-, con la expectativa de que caiga cerca de un 10% hasta el final del año y que se produzca una reducción del sector informal. La inflación de enero a agosto fue de 14,1%, contra 18,9% en el mismo período de 2003; anualizado, el aumento de precios fue 21,9%, contra 30,4% del año pasado. Con eso, aumentaron las ventas de alimentos, vestuarios y electrodomésticos.

La manufactura creció 53,9% en el primer trimestre y siguió fuerte debido a la fabricación de vehículos, textiles y productos de madera. La construcción civil, de gran impacto en el empleo, creció 40,7% en el período. Durante el primer semestre de 2004, manufactura, comercio y construcción civil acumularon variaciones de 37,9%, 34,9% y 33,6%, respectivamente. El consumo de las familias creció 4,2% en el cuarto trimestre de 2003; 7,9% en el primer trimestre de 2004 y 13,5% en el segundo. Pero el país todavía lucha para superar los daños generados por la frustrada tentativa de golpe de Estado y del sabotaje económico de empresarios asociados a los intereses externos ligados al petróleo.

Venezuela se hundió en la crisis del inicio de 2002 hasta el final de 2003, en siete trimestres de caída del PIB, aumento del desempleo y de la inflación. Según el Ministerio del Trabajo, los tres meses de lockout nacional trajeron graves problemas de abastecimiento de alimentos y bienes esenciales y la destrucción de 750 mil empleos. El índice de precios, que en 2001 varió 12,3%, subió a 31,2% al fin de 2002.

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Los gráficos demuestran con claridad esa crisis y la reactivación en curso. Las continuas caídas de la producción se reflejaron en peores niveles de empleo, renta del trabajador, precios y consumo. Según el ministro de Finanzas, Tobías Nóbrega, aún después de tres semestres de recuperación, el PIB aún se encuentra cerca de 14,5% abajo del valor que debería estar si no hubiesen ocurrido los atentados contra la economía nacional.

La recuperación del crecimiento silenció a la oposición que venía insistiendo en la idea de “rebote estadístico”. Giordani sostiene que “escuchamos los estertores de quienes bajo la denominación de ‘rebote estadístico’ se muestran incapaces de reconocer la recuperación en curso. La pelota cuando es lanzada a la arena, sobretodo con aquellos acontecimientos, no rebota. Ese llamado peyorativamente rebote que ha ocurrido en el aparato productivo venezolano, luego de tener que asumir los embates de la mayor insensatez provocada por quienes pretendieron destruir la producción petrolera nacional y con ello el país entero. Afortunadamente las fuerzas de reserva del pueblo venezolano han dado al traste con estas pretensiones suicidas.

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En los siete primeros meses del año la producción siderúrgica creció 13% y el gobierno viene fortaleciendo las actividades metal-mecánicas y auto-motrices a través de programa conjunto con China. El objetivo es desarrollar ensambladoras de autobús, motocicletas, automóviles, trenes y electrodomésticos. Para respaldar ese y otros proyectos, el gobierno Chávez acelera las obras de modernización de la central hidroeléctrica de Gurí. A pesar de tener la mayor reserva de petróleo pesado del mundo - la sexta más grande de petróleo liviano - y 3,6 billones de metros cúbicos de reservas probadas de gas natural, cerca de 70% de la energía de Venezuela viene de las hidroeléctricas del Estado Bolívar, en la frontera con Brasil.

El aumento de la producción agrícola también es prioridad. En Venezuela, la agricultura, frenanda por la economía petrolera, representa históricamente un 5% del PIB. Este año, algunos Estados ya batieron récordes de producción de fríjol, algodón, arroz, maíz, cebolla y leche. Existen estímulos a la producción de pollo, ganado y puercos y se establecen condiciones para que, en algunos meses, el país reduzca o elimine las importaciones de algunos de esos productos.

Muchas de las áreas de cultivo o creación son pequeñas propiedades rurales organizadas en cooperativas, especialmente en torno de la Misión Vuelvan Caras. Algunas de ellas abastecen la Misión Mercal, la gran red de mercados que cumple el papel de controlar los precios de la canasta básica. Las desapropiaciones y regulaciones de propiedades de tierra improductivas han sido aplicadas en los términos de la Ley de Tierras de 2001. A pesar de eso, existen muchos grandes propietarios involucrados y beneficiados por el proceso productivo.

Es común oír que el gobierno Chávez se beneficia de los precios altos del petróleo, pero la realidad en el es simple. Hasta septiembre de ese año, el valor medio de la canasta venezolana de petróleo alcanzó US$ 32,5 por barril. Mientras tanto, los valores recibidos de la exportación de petróleo por el actual gobierno de Venezuela son inferiores a los de las cinco administraciones anteriores.

El actual gobierno recibió de las exportaciones petrolíferas 26% del valor recibido en el primero gobierno de Carlos Andrés Pérez (1974-79); 35% del recibido en la gestión de Luis Herrera Campíns (1979-84); 56% del recibido por Jaime Lusinchi (1984-89); 49% del recibido en el segundo mandato de Pérez (1989-93); y 85% del segundo mandato de Rafael Caldera (1994-98). “Admitiendo que los precios se mantengan en US$ 30 por barril por el resto del año, en 2004 la Venezuela recibiría 60% de lo que recibió en 1974”, asegura Nóbrega. El presidente de PDVSA y ex-secretario general de la OPEP, Alí Rodríguez, señala que, para recibir por las exportaciones petrolíferas las cuantías equivalentes a 1974, el barril debería costar cerca de US$ 73. Se Debe resaltar que, en el principio de 1999, un barril de petróleo costaba US$ 9, cerca de 303% menos que un barril de Coca-Cola.

Se sabe que desde 1970 existe acentuada caída en la contribución fiscal petrolera. Estas representaban 21,5% del PIB en el primer gobierno de Pérez; 17,9% en el de Campíns; 11,3% en el de Lusinchi; 15,9% en el segundo gobierno de Pérez; e 9,3% en el de Caldera. En 1998, año en que Chávez fue electo, ese indicador llegó a 5,5% del PIB, él más bajo de la historia. Chávez buscó reverter el cuadro, causando inmediatas reacciones de los sectores comprometidos con el gran capital internacional que resultaron en el golpe, en el lockout y los sabotajes contra la economía.

Entre 1999 y 2002, la contribución fiscal de origen petrolero representó, en media, 8,9% del PIB, con tendencia de alta. En octubre, fue elevado uno de los impuestos sobre las compañías de petróleo que actúan en la Faja del Orinoco, de 1% para 16,66% del valor de venta del barril. La acción tiene como base la Ley de Hidrocarburos de 1943, vigente durante la llamada “Apertura petrolera” de los años 90, cuando fueron hechas las concesiones a los conglomerados Exxon-Mobil, Chevron-Texaco, Total-Fina-Elf e Conoco-Phillips.

“Seguimos desmontando la estructura entreguista y apátrida de la antigua PDVSA, que hacía acuerdos con base en los intereses transnacionales. Entramos en la fase de nacionalización real del oro negro. Aquí impera la soberanía nacional, no el neoliberalismo”, afirmó Chávez, en el momento del anuncio.

Otro punto importante: entre 1974 y 2004, la población venezolana creció de 12,3 millones a 26 millones. Así, el ingreso petrolero per cápita hoy es bastante inferior. Aún con rentas de exportación del petróleo más pequeñas, en el actual gobierno (en terminos reales y per cápita), los gastos públicos están un 30% del PIB, arriba de la media de los gobiernos anteriores.

El gobierno Chávez se ha caracterizado por las inversiones en salud, educación, habitación, seguridad e infraestructura en niveles inéditos. Por primera vez, los recursos del petróleo van directamente a la mayoría de la población, como parte del plan para desactivar los mecanismos generadores de la miseria. El Censo de 2001 mostró que 63% de la población vivía en barrios o áreas consideradas marginales. Chávez propone democratizar el capital financiando núcleos de desarrollo endógeno; cooperativas; micros, pequeñas y medianas empresas.

Hay tres mecanismos para impulsar ese plan: inversiones públicas, misiones sociales e inversiones privadas. PDVSA fue convertida en herramienta de lucha contra la pobreza, destinando recursos para atender las necesidades básicas de la población y fomentar programas de capacitación profesional. Las Misiones Sociales no tratan solamente de solucionar problemas de insuficiencia alimentaria, analfabetismo, desempleo y exclusión social. La idea es que las mayorías históricamente excluidas se incorporen al aparato productivo por medio de una red de misiones orientadas por el recién-creado Ministerio de Economía Popular. “La política de inclusión ultrapasa el enfoque asistencialista del modelo rentístico. El objetivo es crear un mecanismo de superación de la pobreza, vía capacitación permanente, creación de puestos de trabajo, defensa del sueldo real y garantía de servicios públicos cada vez mejores”, explica el ministro Elías Jaua.

En el tercer frente está la inversión privada, que representa 75% de la creación de oferta agregada interna y concentra el núcleo fundamental de la formación bruta de capital en el país. Sobretodo después de la victoria en el referendo, Chávez tuvo importantes encuentros con empresarios de diferentes regiones y sectores productivos con el objetivo de reunir recursos especiales para la creación de una empresa aérea nacional, una empresa de telecomunicaciones, la recuperación de estructura productivas y planes de cosecha.

Esas medidas también buscan aumentar las relaciones con los países latinoamericanos, en lo que Chávez llama de proyecto bolivariano de integración. Como ejemplo, está la reciente entrada de Venezuela en el Mercosur y los encuentros con gobiernos y empresarios de Argentina, Brasil, Chile, Colombia e Uruguay. Este conjunto de acciones ha generado evaluaciones positivas, inclusive del Fondo Monetario Internacional (FMI), que calcula el crecimiento del PIB venezolano para más de los 12% este año. De igual manera, el último informe de la Comisión Económica para la América Latina (Cepal) ratifica que, en 2004, la economía del país impulsará la media latinoamericana. En ese panorama, las afirmaciones de los ministros del área económica son aún más optimistas y prevén crecimiento consistente del PIB en los dos próximos años.

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