Un grupo de organizaciones políticas del exilio ha dado a la publicidad en el día de ayer un documento en el que se explican las siete razones por las cuales respaldan lo que ellos llaman «El Diálogo Nacional Cubano» propuesto desde Cuba por los dirigentes del llamado «Proyecto Varela» que encabeza el disidente católico Oswaldo Payá Sardiñas.

Es curioso y muy singular este diálogo que proponen los firmantes del manifiesto publicado a plana entera en la edición de ayer lunes en el diario El Nuevo Herald en español. Y digo curioso y singular, a lo que habría que añadir «contradictorio», porque en su primer párrafo se expresa que este «diálogo entre cubanos» no será con Fidel Castro-por primera vez no le agregan adjetivos al dirigente del gobierno de Cuba-, ni será con el régimen castrista-añaden- ni con el Partido Comunista de Cuba.

Pero más adelante, en el cuarto capítulo del documento, se dice que ese: «Diálogo Nacional no excluye a nadie- es decir ni a Fidel, ni al gobierno castrista ni al gobierno comunista- ya que según expresan, todos los cubanos de dentro y fuera de Cuba pueden participar con independencia de partidismos y proyección social».

En que quedamos. Si no hay exclusiones por razones partidistas y no se excluye a ningún cubano ¿cómo entonces se habla de dialogar sin exclusiones y a la vez se dice que no se quiere hablar con el gobierno cubano que es el que, quiérase o no por ellos, es el que tiene el poder en sus manos? Cualquiera que lea y analice el documento de apoyo al propuesto Diálogo Nacional del disidente Oswaldo Payá se dará cuenta que en detrás de todo ese rejuego hay gato encerrado.

Los firmantes apuntan que ese «Diálogo Nacional» propuesto por ellos es un esfuerzo netamente cubano y que surge de la base del pueblo cubano sin ninguna influencia de intereses extranjeros. Pero como dice el refrán popular, primero se descubre a un mentiroso que a un cojo.

Ya que al leer los nombres de los que calzan el manifiesto nos encontramos con las firmas de una serie de personajes que nada tienen de cubanos como es el caso del ex presidente de la República Checa Vaclav Havel, así como aparecen en el manifiesto de una larga relación de dirigentes de organizaciones políticas con las siglas de ODCA o de la IDC y la NDI, es decir la «Organización Demócrata Cristiana de América», la «Internacional Demócrata Cristiana» y el «National Democratic Institute», todas ellas agrupaciones políticas de carácter internacional que operan en abierta confluencia y bajo la influencia del gobierno de Washington.

Los cubanos y las organizaciones que firman también son reveladoras. Ahí están la llamada «Agenda Cuba», el «Cuban Study Group» que es la organización de bolsillo del señor Carlos Saladrigas, La Fundación Cubana-Americana de Jorge Mas Santos, los Hermanos al Rescate del piloto Basulto, el Movimiento Democracia de Saúl Sánchez y la que no podía faltar, la Unión Liberal Cubana, el movimiento de los cuatro gatos de Carlos Alberto Montaner cuya firma aparece muy escondida en el manifiesto, como si con la discreción se pudiera ocultar que ha sido el propio Carlos Alberto el arquitecto de toda esa «carpintería», para decirlo en las propias palabras de Montaner.

¿Para que sirve este documento sepetecientos mil del exilio cubano? Para poco o para nada, como no sea para que algunos nombres figuren en los periódicos y así anotarse un tanto por parte de esta alianza de grupúsculos contra el otro sector de la derecha cubana de Miami que se reúne alrededor del llamado «Consejo por la Libertad de Cuba».

Eso es todo. Una batallita mas en la sempiterna lucha de lidercillos y grupitos ambiciosos del exilio cubano. Y en eso vamos ya por el año 46. Un súper optimista diría: «Un pasito mas y llegamos». Llegarán a cualquier parte menos a Cuba. Porque ahí está el cementerio de Flagler que es el que espera.