¡Cómo no podía ser de otro modo, la incontinencia verbal que aqueja al embajador de Estados Unidos, el funcionario de tercera o cuarta fila, James Curtis Strubble, produjo otro de sus misiles! Felicitó al gobierno y calificó de “fascista” al movimiento etnocacerista. ¿Será que nuestro país, o más precisamente, ciertas pandillas no pueden vivir sin los certificados de buena conducta que este señor de tiempo en tiempo regala al Perú? ¡Qué desverguenza!

¿No hay quién le diga a Curtis Strubble que esta es una bronca entre peruanos y en la que su palabra bienaventurada, es falaz, ociosa y entrometida? ¿Quién se cree este señor? ¡De tal palo, tal astilla! Si Bush, bombardea Irak o hace cuanto le viene en gana con tal de asegurar la estrategia imperial, matonesca, blanca y unipolar de Estados Unidos en el mundo, en este pequeño lugar llamado Perú, Curtis Strubble se siente en plenitud de derechos para dar sus dictámenes sociológicos.

Vamos a recordarle al embajador Curtis Strubble lo que le ocurrió en Buenos Aires, en la Casa Rosada, a un colega suyo, sin duda de mayor entidad, igual caradura y con un personaje que la historia argentina venera como a uno de sus más controvertidos gobernantes, Juan Domingo Perón. En efecto, Spruille Braden, diplomático estadounidense de lengua larga, acostumbraba a declarar a la prensa porteña y a decir cuánto le venía en gana. Creyó que podía hacer lo mismo en el rostro de Perón y éste le dio por toda respuesta que a los que pedían en la Argentina lo que estaba exigiendo Braden, se les llamaba “hijos de puta”. Furioso el gringo se fue dejando su sombrero que fue ocasional balón de fútbol para los edecanes del entonces coronel Perón.

Obviamente, en los años 40, el discurso antimperialista tenía mayor eco y por lo menos Perón, sí que hablaba el castellano argentino con los puntos sobre las íes. ¿No hay aquí algún diplomático, acaso gobernante, o siquiera parlamentario que pueda decirle a Curtis que de cuando en vez es bueno usar bozal para no pecar de intruso en convite ajeno? ¡No hay ningún delito, ni de opinión ni de nada, cuando se invoca la dignidad de un país a resolver por sí mismo sus problemas! ¡En cambio sí es vergonzoso tener recurrentemente que subrayar las imposturas de Curtis que son múltiples y todas impertinentes!

Pero aquí los congresistas callan; los ministros no dicen gran cosa; la burocracia se esconde con la cabeza gacha; hoy la televisión y el periodismo se han dedicado a magnificar el entierro de los caídos policiales en Andahuaylas. Una sola pregunta: ¿hicieron lo mismo con los dos muertos de Arequipa en junio del 2002, aniquilados por orden del mediocre y farsante ese de Fernando Rospigliosi cuando era ministro del Interior? ¿Unos muertos son más valiosos que otros? ¡Qué tal farsa!

¿Nadie aconseja al presidente Toledo para no desbarrancar por las avenidas confusas de calificaciones que no vienen al caso como es el tildar a los Humala de terroristas? ¿No es el Poder Judicial y sus equipos los llamados a establecer el delito y la o las penas que correspondan a sus autores? ¡Este disparate tiene que ser parado ya mismo!

James Curtis Strubble debía leer la historia. Que no haya alguien con pantalones en el oficialismo o en el establishment, no significa que le pasemos por alto sus continuas tropelías e intromisiones de comisario auto-nombrado. Por lo menos, desde mi tribuna modesta, yo le digo: go home Mr. Sharp Tongue!

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que se suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!