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Ocasionados por maremotos, erupciones volcánicas, deslizamientos o, eventualmente, el impacto de un meteorito, los tsunamis son uno de los fenómenos naturales más destructivos. Pero tan extraños no nos deberían parecer los tsunamis, pues los expertos registran en el mundo, por lo menos, uno por año. Aunque no siempre representen riesgos para personas o bienes materiales. En Europa el primer gran tsunami de la era moderna causó 60.000 muertos en Lisboa en 1755.

Poco más de un siglo después, en 1868 y 1877, dos maremotos frente a las costas peruanas y chilenas, desencadenaron sendos tsunamis que cruzaron el Pacífico causando graves daños en Hawaii.

Según el Observatorio sismológico del SurOccidente, (OSSO), el instituto colombiano miembro del Sistema de Alarma de Tsunami del Pacífico (Pacific Tsunami Warning Center), “la gran mayoría y los más grandes ocurren en el Océano Pacífico, causados en las zonas de subducción”. Cuando dos secciones de la corteza terrestre chocan, una placa puede ser forzada hacia las profundidades de la Tierra.

La placa forzada, usualmente es derretida cuando llega a profundidades con unos 1.000° de temperatura. A este proceso se le llama “subducción”. La corteza derretida asciende nuevamente hacia la superficie. Por esto, la formación de algunos volcanes, montañas e islas está conectada con el proceso de subducción y deriva continental. América se mueve así unos 7 centímetros por año en dirección oeste. La litosfera derretida también libera gases de la atmósfera atrapados en el suelo. Esta subducción de la litosfera contribuye al reciclaje de la atmósfera.

Falta más comprensión y apoyo gubernamental

Chile, Perú, Ecuador y Colombia están ubicados al frente de una zona de subducción paralela a sus costas y que con 5.000 kilómetros de longitud es la más larga del mundo. La zona de subducción colombo-ecuatoriana está a sólo 150 kilómetros de sus costas. En efecto, “Colombia y Ecuador fueron golpeados en 1906 y 1979 por tsunamis que causaron muerte y destrucción”, como lo confirmó Hansjürgen Meyer, de OSSO, encargado del Sistema de Detección y Alerta de de Tsunamis en Colombia a DW-WORLD. La proximidad a la fuente y las amargas experiencias han creado en países como Chile, Colombia, Perú, Ecuador y Nicaragua una cierta conciencia del peligro, aunque la investigación, su implementación y apoyo por parte de los gobiernos nacionales a las instituciones comprometidas tendrían que ser mayores y mejores.

En “La falsa alarma”, Ricardo Mena, de la oficina de Naciones Unidas para Asuntos Humanitarios (UNDHA), relata en un impresionante análisis todo un cúmulo de limitaciones y errores percibidos a raíz de la información sobre un tsunami y la subsiguiente, aunque fallida, evacuación de las costas ecuatorianas. El 4 de octubre de 1994 el Centro de Alerta para Tsunamis en el Pacífico (PTWC) de Hawai, emitió una alerta de tsunami para toda la cuenca del océano Pacífico debida al sismo de 7.9 grados de magnitud (Richter) ocurrido al norte de Japón, que provocó muertos, heridos y daños en la isla de Hokkaido y en las Kuriles de Rusia. Esta alerta provocó revuelo en América Latina y caos en Ecuador.

Dos buenos ejemplos

Aún así, en Colombia y Chile se están haciendo loables esfuerzos de protección de la ciudadanía, como lo demuestran los ejemplos de Tumaco y Antofagasta, respectivamente. Las autoridades locales están realizando investigaciones como medidas de prevención, y mejorando las deficiencias y errores cometidos en emergencias pasadas.

Los riesgos de tsunami en América Latina parecen estar más cerca del continente que lejos de él, por lo menos en lo que concierne al Océano Pacífico. Por eso para O.S.S.O. “es de gran interés predecir para las costas colombianas, de manera cuantitativa y detallada, los efectos de tsunami de origen cercano y lejano”.

El Mar Caribe, aunque más tranquilo, no está libre de fuentes de riesgos de tsunamis. La zona de subducción de las Antillas Menores es la más susceptible de convertirse en foco de un tsunami, que tampoco es del todo ajeno a esa región.

Mega-tsunami desde las Canarias

Pero el mayor peligro, no sólo para todo el continente americano, sino también para Africa y Europa no viene del occidente sino del oriente. De la isla española La Palma en el Océano Atlántico. Los científicos calculan que una erupción del volcán Cumbre Vieja podría derramar unos 500 mil millones de toneladas de tierra y rocas al mar.

“Esa sería la fuente de un mega-tsunami hasta ahora inédito en la nueva era sobrepasando todo lo conocido hasta ahora”, dice a DW-WORLD el sismólogo Lars Serana, de la Agencia Federal alemana de Ciencias Geológicas y Materias Primas, con sede en Hannover. Olas de unos 20 metros de altura se dispararían con rumbo a las costas Este del continente americano y arrasarían metrópolis como Nueva York o Buenos Aires, es la convicción de los expertos.

Los temores son fundados. A unos 2.000 metros de altura, los geólogos descubrieron en Cumbre Vieja una gran grieta, probablemente, ocasionada por repetidas erupciones que amenazan con derrumbar el flanco oeste de dicha isla canaria. Desde 1493 se mantienen en erupción 7 de los 120 volcanes de la cadena del fuego de 14 kilómetros de longitud que caracteriza a La Palma. Así que la pregunta no es tanto si se producirá un mega-tsunami, sino ¿cuándo?