Empero, el presente año que se iniciara con su intento por reagruparse y enfrentar la política de Gutiérrez termina con un retorno a los peores tiempos y con la escena copada por Febres Cordero y Bucaram. Ni siquiera el bueno y el malo, el cretino y el sensato sino el malo y el peor, los dos Padrinos.

En estos 15 años, el poder había exhibido los rostros de Bucaram, Febres Cordero, Durán Ballén, Alarcón, Mahuad, Noboa: el fanfarrón, el «coronel», un antiguo representante de compañías extranjeras de la era de Camilo Ponce, el bailarín, el «decididor» de los aparatos tecnocráticos, el «notable», figuras casi todas ellas propias del valetudinario Ecuador oligárquico. Las tempestades sociales y políticas barrieron con todos, salvo Febres Cordero y Bucaram. A ellos se han sumado, Alvaro Noboa, el hombre más rico del Ecuador, una suerte de muñeco gritón y gesticulante sin nada por dentro, y Gutiérrez el impávido, sin nada por dentro y por fuera.

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La escena política del actual Ecuador, más que el drama propio de la era moderna, es una suerte de farsa, candomblé, mojiganga, sainete, espectáculo, misa negra, burlesque, macumba, entremés, payasada, guiñol, chacota, bufonada, circo: la obscenificación de la política. La globalización, al despojar a los Estados nacionales de gran parte de su poder y capacidad política, ha contribuido a la transformación de las grandes confrontaciones históricas en revista de variedades. Un sistema político que expresa la renuncia a toda concepción de país y de historia. La descomposición del Estado, en suma.

Pero, la crisis de las instituciones -Congreso, Corte Suprema, Gobierno- no solo expresa sino que sirve de cortina de humo para la continuación de la transferencia de la soberanía a través del TLC, la subordinación a la estrategia militar estadounidense, la renuncia a la jurisdicción ecuatoriana sobre las compañías extranjeras, la concesión de inmunidad de los soldados yanquis, el hundimiento de barcos ecuatorianos por la armada norteamericana. En tanto entre bastidores se deciden los procesos fundamentales, en la escena el imaginario político de los ecuatorianos se encuentra copado por la lucha a dentelladas por los escombros de las instituciones estatales entre el Partido Social Cristiano y la troika Bucaram-Noboa-Gutiérrez.

Todo ello ocurre en un momento en que soplan nuevos vientos en América Latina -a los triunfos del movimiento bolivariano venezolano, del Frente Amplio de Uruguay y de la izquierda chilena se suma la abrumadora victoria de los sandinistas- y surge una alternativa, todavía embrionaria, al poder imperial absoluto. La derrota de Rumsfeld, Uribe y Gutiérrez en la reciente reunión de Ministros de Defensa de América Latina y el surgimiento, muy débil aún, de la Comunidad Sudamericana de Naciones, abren ese horizonte.

¿Qué pasa en el país que luego de las grandes luchas que llevaron a la caída de Bucaram y al 21 de enero de 2000, hayamos desembocado en un sainete tan lamentable en que el pueblo solo asiste como espectador perplejo?.

Las fuerzas políticas legales de la izquierda ecuatoriana -Partido Socialista, MPD, Pachakutik-, tienen una enorme responsabilidad. Mientras en otros países la unidad de la izquierda -Frente Amplio, PRD en México, el primer PT- logra grandes victorias, en Ecuador se profundiza su atomización. En las ultimas elecciones fueron cada una por su lado, en alianzas dudosas, algunas de ellas vergonzosas.

En la presente crisis institucional su conducta ha sido más lamentable aún. Lejos de generar un polo de condensación y un referente ajeno a las disputas oligárquicas, capaz de enrumbar la lucha política por los objetivos básicos, han ido a la cola de los dos contendientes oligárquicos en la disputa de los despojos del Estado, de los despojos de los despojos, como si hubieran perdido todo proyecto de cambio y renovación.

Empero, en las últimas elecciones, sumados sus votos obtuvieron el 18 por ciento del total, punto de partida excepcional. Más aún, en unión con los movimientos sociales -CONAIE, FENOCIN, Frente Popular, UNE- conformarían una poderosa energía social y política capaz de derrotar al TLC, el Plan Colombia y poner al Ecuador en el gran movimiento latinoamericano en formación, liberándolo de la actual política que lo ha convertido en el ariete de la estrategia norteamericana de dividir a la América del Sur.

La CONAIE ha planteado distancia frente a las actuales disputas oligárquicas y ha llamado a luchar por los objetivos cardinales: derrotar al TLC y a la vinculación del país en la estrategia militar imperial. La crisis institucional, expresión de la pérdida de soberanía, exige también una solución que bien puede ser la de elecciones anticipadas de Presidente de la República y la convocatoria conjunta a una Asamblea Constituyente junto con la realización del referéndum sobre el TLC.

Entonces la izquierda social y política retomaría su rumbo.