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Su condición de catedrático universitario y de analista de la realidad política de América Latina le permite tener una visión muy certera de los fenómenos sociales que vienen suscitándose en el continente.

Atilio Borón, doctor en Ciencias Políticas, es el presidente del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) con sede en Buenos Aires, Argentina. En diálogo con www.cronicon.net hace una serie de observaciones muy críticas sobre el devenir político de las democracias de los países latinoamericano y de la profundización del modelo neoliberal.

- ¿Desde el punto de vista académico no cree que se hace necesario impulsar un debate amplio sobre lo que debe ser la democracia latinoamericana en los inicios de este nuevo siglo?

- Sí, lo que hay que proponerse en estos momentos es una discusión seria y a fondo en América Latina. Esta discusión está lamentablemente pendiente todavía porque seguimos prisioneros de concepciones tradicionales sobre lo que es la democracia, me parece que hemos empezado a abordar el tema con más franqueza, nos hemos sacado de la cabeza algunos tabúes, antes no se podía discutir la democracia en Cuba porque se asumía tal como lo requería el argumento de la derecha de que la isla era una dictadura, simplemente porque allá tienen un régimen político-democrático diferente. A mí me parece muy importante marcar esto porque ha sido inclusive reconocido por uno de los grandes teóricos políticos de los Estados Unidos como el profesor Robert Dahl, quien sostiene que uno de los problemas de la teoría convencional de la democracia ha sido el de suponer que hay un solo modelo y en realidad hay más de uno.

El modelo cubano, en mi concepto, es uno de ellos y en muchos sentidos es muy superior al de los otros países de Latinoamérica. El grado de accesibilidad que tiene el pueblo de Cuba a sus representantes es absolutamente inédito en este continente y es un aspecto muy importante porque habla del control popular sobre los dignatarios que en el resto de países no existe, porque una vez que se elige a los diputados y senadores se acaban las posibilidades de los electores de controlar y de exigir una rendición de cuentas efectiva. Además hay que tener en cuenta las palabras de Fidel Castro cuando señaló que Cuba no es un paradigma, no es un modelo a imitar porque ‘lo que hemos hecho no es lo que queríamos hacer, es lo que nos han dejado hacer ‘ en condiciones de guerra, de agresión, de bloqueo, pero de todas maneras creo que tenemos muchas cosas que aprender de la experiencia cubana.

- Naciones Unidas en un reciente estudio señala que la democracia en América Latina no ha respondido a las necesidades más apremiantes de los países de la región. ¿No será al contrario, que el esquema neoliberal el que ha horadado la democracia?

- Claro, yo creo que lo que le falta decir a ese estudio del PNUD es que la democracia neoliberal le ha fallado a los pueblos. Acá el problema no es la democracia, el problema es el neoliberalismo. En esto hay que ser contundentes: es el neoliberalismo el que ha impedido y que ha distorsionado el ejercicio de la democracia en América Latina.

- ¿No cree que también hay crisis de representación en América Latina?

- El proceso neoliberal ha sido alimentado también por la crisis que vienen enfrentando los formatos tradicionales de representación política. La protesta social en la región es un síntoma de la decadencia de los grandes partidos populistas y de izquierda, de los viejos modelos de organización sindical y de las formas tradicionales de lucha política y social.

- ¿El esquema neoliberal ha generado mayores contradicciones sociales en el continente?

- Sí, precipitó el surgimiento de nuevos actores sociales que modificaron de manera notable el paisaje sociopolítico en varios países. Es el caso de los piqueteros en Argentina; los pequeños agricultores endeudados en México, organizados en el movimiento “El campo no aguanta más”; el fortalecimiento de los sectores indígenas en Bolivia y Ecuador. Habría que añadir a los jóvenes privados de futuro por un modelo económico que los condena a su suerte. En fin, el neoliberalismo dio paso a la aparición de un voluminoso subproletariado que Frei Betto ha denominado “pobretariado” del cual hacen parte desempelados, subempleados y trabajadores precarizados e informales.

- Los gobiernos que se dicen de izquierda en América Latina no han podido liberarse de las presiones del Fondo Monetario Internacional y han continuado desarrollando políticas de claro tinte neoliberal. ¿A que atribuye usted esa contradicción entre el discurso político de campaña y la praxis en desarrollo de la labor de gobierno?

- En el caso de Argentina, que es mi país y es lo que mejor conozco puedo señalar que el de Kirchner es un gobierno que tiene intenciones de abandonar el rumbo del neoliberalismo que ha seguido la política argentina durante tantos años. Esto se expresa sobre todo en materia institucional, en una ofensiva para reducir el papel que tradicionalmente han tenido las Fuerzas Armadas y en ese sentido ha sido bastante exitoso pero en materia económica este gobierno como el de Ricardo Lagos en Chile y el de Lula en Brasil siguen estrictamente las reglas del Fondo Monetario Internacional y eso es lo que explica los graves problemas económicos que estamos teniendo. Si bien en Chile esos problemas tienen menor envergadura que en Brasil y Argentina, de todas maneras están ahí en gestación que terminarán estallando a mediano plazo porque la aplicación de las medias neoliberales han terminado convirtiendo a este país en uno de los más desiguales e injustos de América Latina hoy. En resumen, sigue habiendo políticas neoliberales a pesar de que haya una retórica de centro-izquierda que prevalece en la mayoría de nuestros países.

- ¿Cuál es la lectura que usted hace respecto de la política de derecha que está aplicando el gobierno de Álvaro Uribe en Colombia?

- Si bien no conozco de cerca la experiencia colombiana, pero lo que me parece es que hay un intento más de lo que tanto hemos conocido en América Latina de asegurar la reelección del presidente Uribe, estos intentos han terminado mal, en el caso de la Argentina con Menem y en Perú con el caso de Fujimori las experiencias fueron funestas. La reelección desvía la atención de los gobiernos y se enfoca a la tarea subalterna que es la de preparar las condiciones que hagan posible prolongar el mandato presidencial. Veo con preocupación esa insistencia del presidente Uribe a muy poco tiempo de haber iniciado su periodo de gobierno si se tiene en cuenta que hay una labor pendiente muy grande por hacer en Colombia para reconstruir sólidamente las bases de una democracia efectiva y genuina. Este país tiene un récord bastante triste en ese sentido por los factores de violencia y represión muy fuerte, por la amenaza de desintegración nacional y por lo tanto las prioridades de Uribe deberían ser otras.