JPEG - 16.6 KB
Alí Primera

La noticia corrió rápido por Caracas y toda Venezuela, aquella triste madrugada de carnaval del 16 de febrero de 1985: el cantor del Pueblo, Alí Primera, había muerto en un accidente de tránsito.

Aun hoy, dos décadas después, a muchos les parece todavía imposible que un hecho como ese pudiera rendir a quien la muerte tantas veces rozara en atentados, amenazas y allanamientos.

Una multitud acompañó los restos del poeta-cantor muerto a los 44 años y padre de siete hijos, cuya música estuvo siempre al lado de los pobres.

Me han dicho que el pueblo/ se encuentra indefenso/ cual pichón de gaviota/ les juro que lo he visto/ como un anciano herido/ como un niño de pecho/ como un grano de trigo/ solo frente al molino/ pero creo en tu fuerza/no será para siempre.

Alí Rafael Primera Rosell nació el 31 de octubre de 1942 en Coro, ciudad cabecera del estado Falcón, distante 453 kilómetros al oeste de esta capital.

Pobre desde la cuna, huérfano de padre a los tres años, desempeñó varios oficios desde limpiabotas a los seis años hasta boxeador, trabajos que no lo desanimaron para continuar estudios.

Se trasladó a la capital venezolana para cursar la enseñanza media, obtuvo en 1973 el título de bachiller y al año siguiente se incorporó como alumno de Química en la Universidad Central de Venezuela.

Su etapa de compositor y cantante la inició paralelamente, primero como una afición y progresivamente a tiempo completo.

Las primeras composiciones, Humanidad y No basta rezar, fueron un gran éxito y con la segunda participó en el Festival de la Canción Protesta en la Universidad de Los Andes, donde se dio a conocer.

Recibió una beca para continuar estudios en Rumania en 1968, y en Europa grabó su primer larga duración titulado Gente de mi tierra, vetado por el gobierno de turno de Venezuela.

Debido a ello fundó su propia disquera, El cigarrón, con la que grabó 13 discos. Fue en Suecia, años después, donde tuvo sus hijas María Fernanda y María Angela. Regresó a Venezuela en 1973 y cuatro años más tarde conoció a Sol Musset, con quien tuvo cinco hijos más.

Dos grandes estudiosos de Alí Primera, Jesus Franquis y Andrés Castillo, coinciden en que, aun cuando su obra fue considerada dentro de la canción protesta, que fructificó en Venezuela entre 1970 y 1980, Primera insistió en denominarla siempre canción necesaria.

El propio Alí señaló, en una entrevista: “Nuestro canto no es de protesta, porque no hacemos una canción por malcriadez, no la tomamos para encumbrarnos ni hacernos millonarios, es una canción necesaria”.

Y agregó: “Cada día nos motiva a hacerla más profunda, pues un hombre armado de una canción y una poesía humana, es un hombre desarmado para la envidia y para ser un hombre malo”.

No canto porque existe la miseria/ sino porque existe la posibilidad de borrarla/ de erradicarla de la faz de la tierra.

Su música representa para los venezolanos un nuevo tipo de relación humana, en la medida en que concreta un diálogo fraterno y de cooperación solidaria.

Se valió de su buen gusto y notable intuición, sin dejar a un lado una buena dosis de audacia, para componer melodías que eran un llamado al combate. Su canto se multiplicó en defensa de a humanidad.

Al ver al viejo descalzo/ quise darle mis zapatos/ y me dijo no hace falta/ lo que importa es tu conciencia/ no es importante el ropaje/ sino distinguir a fondo/ los que van comiendo dioses/ y defecando demonios.