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Crónica de un intento de ‘enmudecer’ la Música ecuatoriana

Con la llegada de Elsa de Mena, Administradora General del Municipio de Quito, se intensificó el proceso de privatización de los principales servicios públicos que ofrece el Cabildo. Parte de esta política neoliberal es el despido masivo (atropellando los derechos laborales) de empleados y trabajadores. En este sentido, el Municipio pretende, mediante argucias y engaños, ‘deshacerse’ de 150 músicos de la Unidad de Desarrollo y Difusión Musical. Tal parece que las autoridades competentes no se imaginan el daño que provocarían al progreso cultural del país. Aquí la historia...

| Quito (Ecuador)
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Cuando empezaron a encantar las melodías...

Hace quince años, el primero de enero de 1990, en la administración de Rodrigo Paz, se creó la Banda Sinfónica. Posteriormente surgieron otras agrupaciones, como la Orquesta de Instrumentos Andinos de Viento, la Banda Municipal, el Grupo Yavirac, el Coro de Quito, entre otros, y se formó el Departamento de Desarrollo y Difusión Musical, hoy denominado Unidad de Desarrollo y Difusión Musical, que, además de los conjuntos antes citados, está conformada por el Proyecto de Marimba Esmeraldeña, el Coro Octeto Kantart y el Ensamble de Guitarras (un total de 150 músicos). En todo este tiempo, el trabajo de los artistas ha sido arduo y beneficioso para el progreso cultural de la capital y del país, a tal punto que en 1994 la Unesco eligió al Departamento de Desarrollo y Difusión Musical del Municipio de Quito como la mejor institución musical de Latinoamérica.

La falta de apoyo y la inestabilidad enmudecieron los acordes

Todo empezó en el año 2000... “Desde que llegó Paco Moncayo comenzó a bajar nuestra producción. Desde un inicio, el General no nos dio ni mucho apoyo ni mucha importancia, no sabemos por qué. Además, existió una marcada inestabilidad en la Jefatura de nuestro Departamento (Unidad): primero ocupó tal función Patricio Aizaga, luego Elsa Moya, después Raúl Garzón y finalmente María Jaramillo; lo mismo ocurrió en la Dirección de Educación y Cultura (instancia superior que dirige a la Unidad de Desarrollo y Difusión Musical), cambios y más cambios... Como es lógico, así no se puede trabajar en paz: muchos proyectos se truncaban o se deshacían por la lentitud burocrática”, manifiesta Raúl Levoyer, representante de la Asociación de Músicos de la Banda Sinfónica Metropolitana.

Y por si fuera poco... inoperancia de los ‘superiores’

A este continuo cambio de jefes y directores de área se sumó la inoperancia de los ‘superiores’ (lógicamente no de todos): “En una Asamblea General de los músicos que conformamos la Unidad de Desarrollo y Difusión Musical, el 99% decidimos desconocer a María Jaramillo como nuestra Jefa: la señora no ha realizado ninguna actividad musical para alentar nuestra producción, y si lo intentó alguna vez, le salió pésimo, haciéndonos quedar muy mal”, asevera Raúl Levoyer. Por ello, las diferentes agrupaciones tuvieron que buscar por propia iniciativa presentaciones en escuelas, colegios, universidades, barrios populares, iglesias, instituciones públicas y privadas, etc., para difundir su trabajo musical y que este no quede en el olvido. “Nuestro mensajero se convirtió en el ejecutor de todas las gestiones culturales, a falta de una verdadera autoridad”, asegura Levoyer.

Hasta que llegó Elsa de Mena y su política neoliberal de irrespetarlo todo A finales de 2004, el Municipio de Quito contrató a Elsa de Mena como Administradora General, para que realice, entre sus atribuciones, la tarea específica de despedir a la mayor cantidad posible de trabajadores y empleados del Cabildo, atropellando sus derechos laborales, y de dejar el camino listo para la privatización de los principales servicios públicos que brinda la institución (objetivo principal de la actual administración socialdemócrata). En este sentido, Elsa de Mena enfiló sus política neoliberal contra el Departamento de Educación y Cultura, y empezó, precisamente, por la Unidad de Desarrollo y Difusión Musical, que alberga a 150 músicos en sus distintas agrupaciones (la mitad de ellos tienen nombramientos definitivos de 15 años y la otra mitad contratos renovables cada año). En enero de 2005, mediante un comunicado del Departamento de Recursos Humanos, se informa que por disposición de Elsa de Mena, los contratos renovables ya no serán de un año sino únicamente de tres meses. Sin embargo, pocos días después aumenta la incertidumbre: por orden de la misma funcionaria se indica que los contratos ya no serán de tres meses sino de un mes, y que los músicos con nombramiento definitivo serán liquidados en tres meses. Aquí empieza la rebelión de la cultura, de la música, de sus intérpretes, en contra del irrespeto neoliberal y de su ejecutante, la ‘Dama de Hierro’.

El Teatro Sucre, una cortina de humo El objetivo es claro, y así se los hace saber Elsa de Mena a los músicos en una reunión general: el Municipio quiere deshacerse de ellos para ahorrase su presupuesto, ya que se necesita optimizar recursos. La solución, entonces, es enviarlos a la Fundación Teatro Sucre (dirigida por Julio Bueno), quien recibirá una ayuda inicial del Cabildo y luego se hará cargo de las agrupaciones musicales. La funcionaria manifiesta que en el Teatro Sucre recibirán contratos ocasionales por un año y con un sueldo promedio de 900 dólares (cuando en la Unidad se perciben sueldos de entre 250, 300 y 350 dólares). Y es que todo vale a la hora de entusiasmar a los trabajadores y lograr una renuncia rápida y sin problemas. Sin embargo, cuando los artistas interrogan a Julio Bueno sobre lo ofrecido, este les manifiesta que él tiene únicamente contratos ocasionales por horas (lo que en el argot musical se denomina ‘chauchas’). “Nosotros no vamos a renunciar a contratos definitivos para ganar 50 ó 60 dólares por hora; nos llamarán unas cuatro o cinco veces al año (250 dólares anuales). ¡Es una burla!”, exclama Raúl Levoyer. Los músicos comprenden la farsa y endurecen su posición, no van a ceder a las pretensiones municipales. Entonces, Elsa de Mena ensaya otra nueva táctica: manifiesta que los artistas pasarán en Comisión de Servicios al Teatro Sucre en las mismas condiciones, los de contrato con contrato y los de nombramiento con nombramiento, pero que el Municipio ya no será su patrono sino la Fundación Teatro Sucre. En este punto se inicia otro nuevo engaño: de acuerdo a la Ley de Servicio Civil y Carrera Administrativa, los trabajadores que optan por la Comisión de Servicios van en goce de los derechos laborales de la institución que los envía, es decir, en este caso, el Municipio de Quito (que debe seguir siendo el patrono). Otra falacia: según el Artículo 32, capítulo 2, de la misma Ley, la Comisión de Servicios se puede dar entre entidades del Estado, y los estatutos de la Fundación Teatro Sucre señalan que es una persona jurídica de derecho privado (¡?). Otra argucia más, de acuerdo al Artículo 32 de la Ley antes citada, los Departamentos o Unidades donde laboraban los trabajadores pueden desaparecer según conveniencia institucional; a esto se añade que la Comisión de Servicios se produce una sola vez por dos años (no es renovable). No hay que ser un genio para comprender que cuando se acabe la Comisión y los músicos vuelvan al Municipio, estos pueden encontrarse sin su puesto de trabajo y ser forzados a renunciar. Otro dato adicional, Medardo Caizabanda, director de la Banda Sinfónica Metropolitana, asevera: “Tuve una reunión personal con Julio Bueno, director del Teatro Sucre, y él me dijo: ‘Yo a ustedes no les quiero, no les necesito, pero Paco Moncayo me obliga a que les reciba’. Entonces, ¿qué podemos esperar? No tendremos apoyo, gestión cultural, hará que nos despechemos...”.

En busca de aclarar la verdad mediante la armonía de la razón“Podemos aceptar que existe un problema financiero, que hay personal en exceso en el Municipio. Pero lo que debe hacer Elsa de Mena es realizar un estudio serio y darse cuenta que los burócratas en el Departamento de Educación y Cultura se encuentran en el área administrativa y no en los músicos, que por esencia no podemos ser burócratas, porque somos creadores, porque ensayamos, porque ejecutamos el arte”, sostiene Medardo Caizabanda. “Lo que nos damos cuenta es de que esta señora (Elsa de Mena) tiene una falta total de educación integral; ella debe entender que la cultura es una parte innegable de la sociedad y que su desarrollo es el desarrollo de la sociedad. Inclusive hay rumores de que van a reducir también personal en el área de Educación y en Parques y Jardines”, asevera Raúl Levoyer.

La desinformación: otra arma de la privatización En alguna medida, los grandes medios de comunicación, especialmente la televisión, se han hecho eco de este problema, dando espacio fundamentalmente a la versión oficial. Por ejemplo, el alcalde Paco Moncayo manifestó públicamente que la Banda Sinfónica Metropolitana ha tocado una sola vez al año y que por eso no representa el presupuesto que tiene... “Esto es una mentira, lo que sucede es que el Área de Educación y Cultura nos organizó un solo concierto importante: Quito Mítico. Pero lo que no se dice es que por nuestra autogestión, la Unidad de Desarrollo y Difusión Musical ha tenido un total de 380 presentaciones en el 2004 (la Banda Sinfónica, 57), tanto en Quito como en otras ciudades del país. También se ha manifestado que nosotros, además de nuestro sueldo, cobramos aparte por cada presentación, y eso también es una falacia, pues ¡no cobramos nada!, nuestra labor es difundir nuestra actividad y ayudar a desarrollar la cultura en el Ecuador”, manifiesta Raúl Levoyer.

No se toma en cuenta a las Unidades Musicales A pesar de que el Municipio capitalino cuenta en su Unidad de Desarrollo y Difusión Musical con ocho agrupaciones de primer nivel, estas casi no son tomadas en cuenta en eventos importantes como, por ejemplo, ‘Quito Capital Iberoamericana de la Cultura’. Para este evento de trascendental importancia, en el cual se debía resaltar particularmente nuestro arte y cultura, se prefirió gastar ingentes cantidades de recursos en contratar a artistas extranjeros: “Es una viveza criolla... En vez de aprovechar a nuestra Unidad en los diferentes eventos culturales que tiene Quito, lo que hacen los ‘empresarios de la cultura’ es un negocio con el presupuesto del Municipio: contratan a músicos de toda índole, preferentemente extranjeros, pagando cantidades exorbitantes, y en muchos casos nosotros dudamos del costo real”, sentencia Medardo Caizabanda. Lo mismo sucede en los principales eventos de ‘Agosto, Mes de las Artes’ y en los Conciertos de Música Sacra, donde jamás se toma en cuenta a las agrupaciones de la Unidad Musical; se prefiere gastar en otros artistas... En estos gastos inútiles y fastuosos (contratación de terceros) debería ahorrar presupuesto el Municipio y no despidiendo de la manera como lo está haciendo a 150 músicos que han trabajado por más de 15 años en el desarrollo y la difusión musical de nuestro país.

Consecuencias nefastas para el desarrollo cultural A más del daño que se causa a los músicos como trabajadores, hombres y mujeres que necesitan de un sustento económico básico y fijo para mantener a sus familias, la actual administración socialdemócrata, en el caso específico de la cultura, lo que está logrando es echar por la borda 15 años de estudio, investigación y producción musical, que han alentado el interés de la comunidad por el arte y la cultura. “Tuve la oportunidad de asistir a la II Conferencia de Compositores de Bandas Sinfónicas, realizada en Brasil. Y luego de analizar las experiencias concretas de los diferentes países, lo que se sacó en conclusión es que el Ecuador, a pesar de los problemas políticos y económicos, tiene una potencialidad en lo referente a Bandas Sinfónicas y Bandas Populares (esto debido en gran parte al Proyecto Nacional de Bandas Populares que nosotros tenemos). Me pregunto, ¿qué pasará con esta potencialidad si el Municipio logra su cometido de deshacerse de nosotros?”, cuestiona el maestro Medardo Caizabanda Todo este programa neoliberal que apunta hacia la privatización de los servicios que presta el Municipio está sintetizado en el documento ‘Plan Equinoccio 21’ que, en el área que nos interesa, expresa su deseo de “globalizar la producción económica de la cultura”. ¡Es decir, la creatividad, el arte, la música... tendrán el trato de una mercancía! ¡Así es la lógica neoliberal! Habrá que preguntar al pueblo de Quito, el cual mediante el pago de sus impuestos sustenta, entre muchas otras cosas, a la Unidad de Desarrollo y Difusión Musical, si está de acuerdo con la política socialdemócrata de arrojar a la calle a los músicos; hay que preguntar a las escuelas, colegios, universidades, iglesias, barrios populares... y muchos otros sectores que gozaron de 380 presentaciones de la Unidad (solo hablando del año 2004) si están de acuerdo con que el encanto de la música desaparezca de golpe... si están de acuerdo con que la magia termine, o que se tenga que pagar por ella...

El Periódico OPCIÓN respalda a los músicos de la Unidad de Desarrollo y Difusión Musical del Municipio de Quito en su lucha por hacer respetar sus derechos laborales; rechaza rotundamente la política privatizadora que ha emprendido la actual administración; se opone a que la cultura y el arte sean privilegio de unos pocos; está en desacuerdo con que se ponga precio al derecho de soñar, de crear y de sentir ...

“Las artes no solo son cuestión de distensión emocional, sino de seguridad nacional” Luis Beltrán, presidente de la Asociación de Artistas Profesionales de Pichincha.

Muchas autoridades que están enquistadas en el poder o en los departamentos llamados a la protección de la identidad cultural, creen que el arte es solamente cuestión de espectáculo, de ir a tomarse un trago e ir a aplaudir a un artista y nada más. Las artes no solo son cuestión de distensión emocional, sino de seguridad nacional. Nosotros, como artistas profesionales, pensamos que con la globalización, el TLC y todo este proceso despiadado que los imperios económicos quieren implantar en América, pretenden borrar, eliminar, la identidad cultural de los pueblos, para quedarse ellos con el monopolio del espectáculo, con el monopolio del comercio de los bienes y servicios, según ellos ‘de buena calidad’. Personalmente, en el caso que nos compete, yo no veo mal que los músicos de la Banda Sinfónica Metropolitana pasen a formar parte de la Fundación del Teatro Sucre, siempre y cuando este traspaso sea debidamente sustentado con los recursos económicos suficientes, porque nada saca el Teatro Nacional Sucre llenándose de músicos si es que no tiene ni el proyecto ni los recursos económicos para desarrollar el talento de nuestros compañeros músicos, que van a ser trasladados, por no decir despedidos. Si es que no hay un proyecto sustentable, que de alguna manera mejore el trabajo de los artistas del Municipio, entonces yo creo que es un desacierto terrible del Cabildo quiteño”. La Unión Nacional de Artistas Populares de Ecuador, UNAPE, ante la problemática que viven los músicos del Municipio de Quito, hace público su manifiesto:

Los habitantes de esta bella y desprotegida ciudad nos hemos enterado con asombro e indignación que el Consejo Metropolitano ha resuelto destruir el patrimonio cultural de la ciudad de Quito, cancelando a 150 artistas que son el orgullo del arte nacional, ya que representan e interpretan la verdadera identidad cultural de los quiteños al difundir música nacional y folclórica de nuestro país, con altísimas proyecciones de calidad y maestría, ante la sugerencia de una ilustre dama ‘quicuyesca’ que tiene dólares en los ojos y en los oídos. Con un movimiento de su varita mágica hecha de productividad y eficiencia, el señor Alcalde Metropolitano, ilustre hombre público, por más señas de la Izquierda Democrática, héroe del Cenepa y primer personero del ilustre Quito, relicario del arte de América y Patrimonio de la Humanidad, ha resuelto dejar sin sus cargos ha 150 músicos populares por el único pecado de amar el arte, romperse el alma para defenderla y producirla y haberse constituido en la más alta expresión de la cultura y el arte de nuestra ciudad. La Unión Nacional de Artistas Populares del Ecuador (UNAPE), que reúne en su entorno a pintores, escritores, músicos, teatreros, periodistas y hombres de cultura de todo el país, rechazan esta medida grosera y facistoide, que intenta acabar con el arte popular, que venían difundiendo los músicos cancelados para el pueblo de Quito, y señala que no es otra cosa que un intento facistoide para acabar con la cultura popular de la ciudad, siguiendo el ejemplo del nazismo y del franquismo cuyo grito triunfal fue: ¡abajo la cultura, viva la muerte! La UNAPE convoca a todos los artistas populares de Quito y del país para que se agrupen y defiendan el patrimonio cultural que quieren arrebatarnos los globalizadores sirvientes del Imperio, ansiosos por imponer la colonización cultural, el cemento y la productividad, en lugar de la canción nacional y el arte popular. Por la Directiva Nacional de la Unión Nacional de Artistas Populares del Ecuador,Ever Jumbo, presidente Terry Pazmiño, vicepresidente.

Opción

El periódico alternativo Opción es un quincenario ecuatoriano que apareció el 21 de enero del 2001, un año después del derrocamiento del presidente Jamil Mahuad, en un escenario de crecimiento de la lucha de los pueblos. Recoge en sus páginas los principales anhelos, la cultura, y las luchas de los pueblos de Ecuador, América Latina y el mundo. Opción busca desentrañar la esencia de los problemas, denunciar a sus responsables y contribuir en la construcción de una propuesta política popular, unitaria, antiimperialista y de transformaciones profundas.

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