Por ejemplo, en las telenovelas ¬-ahora pensadas para toda latinoamerica- se rompe con lo propio, se generalizan argumentos y escenarios. Una vez globalizado el capital la imagen hace lo mismo. Actores, libretos, escenarios, tramas, esquemas, estéticas, valen para cualquier lugar.

La cultura se “extranjeriza” en nombre del mercado.

Charros colombianos, héroes y villanos, rompen con los niveles primarios de identificación: el lenguaje y el entorno. Hoy día las telenovelas se han saturado con imágenes exhuberantes, sobreactuaciones, guiones simples y reiterativos, tiempos -e inclusive ritmos- diferentes a los que en su cotidianidad vive e identifica al colombiano.

Transformaciones que tienen su costo. Las nuevas producciones se caracterizan por su incapacidad para el encuentro con la ironía, propia de uno de los mejores momentos de la telenovela colombiana, iniciado cuando este género se encontró con el país diverso, conectado con las costumbres y hablas de las regiones que lo conforman(1).

Invasión de «realities»

Pero no sólo son las telenovelas las que han perdido sentido nacional y calidad. La invasión de “realities” en la pantalla chica, recurriendo al expediente fácil y simple de gran escenografía, basados en experimentos de convivencia humana, deteriora profundamente lo poco que se había logrado en la televisión colombiana. Se cree que se mejora, pero el resultado es un retroceso: copia y dependencia de la producción extranjera, donde por el simple hecho de incorporar más tecnología se considera que es de mejor calidad.

Lo más desafortunado es que no hay ningún nivel de creación propia. La investigación ahora es un recuerdo. Todos los “realities” están basados en programas ya producidos en otros países, y multiplicados por todo el mundo: se está copiando a la CBS, ABC, NBC, Terra España, Telecinco, Fox, Televisa, TV Azteca, Sky...

Los escenarios varían: convivencia diaria, la vida en un gimnasio, en un camión, en una isla, en un hospital, “Big Brother”, “Supervivientes: expedición Robinson”, “Survivor”, “La isla de los famosos”, “La Academia”, “Operación Triunfo” “American Idol” hasta “Confesiones”, auténticos relatos de asesinos, grabados en videos por fiscales (2).

Todos basan su producción en la mirada directa y televisada de la intimidad. Pero sus dramas y conflictos reales o imaginarios, no son más que otra expresión de la decadencia que manifiesta, en su globalización, la televisión criolla.

Esta importación de modelos llega a tal punto que poco importa si no tienen calidad. Así ocurre, por ejemplo, con «Matrimonios con hijos», un seriado del canal Caracol, cuya producción es un mal intento de reproducir -fuera de contexto- la serie norteamericana “Married with children”, que fue una de las series con más años en la televisión gringa, un clásico del humor negro, antecesor de los Simpson.

En la versión colombiana de esta serie, los guiones son forzados, la cotidianidad representada demasiado elaborada, poco cercana a nuestra cultura, con un humor ajeno y lejano de la ironía y picardía colombiana. A ello se suman las risas falsas, recurso clásico del formato de los Estados Unidos. En otras palabras, la serie es una clara muestra de lo que no se debe hacer y de lo que no es nacional, así se produzca en el país.

TV. «acomodada»

Con una producción nacional que en los últimos años quedó reducida, basicamente, a dos canales privados no era mucho lo que se podía esperar. El reciente cierre de Inravisión, para colmo, anula otra puerta. Como todos sabemos, la inversión privada busca ante todo, lucro, el sentido público podrá sobrevivir por ahí, pero no es lo básico.

Sin embargo, la legislación vigente aún establece algunas restricciones. Por ejemplo, que el 70% de las producciones emitidas en el horario estelar (7:30 p.m. a 10:30 p.m.) sea nacional. Según el tope de inversión extranjera que rige en la legislación colombiana, ningún canal o concesionario de espacios puede tener más del 40% de dineros extranjeros. Muchos consideran que si se libera o se baja el tope, se ahondara, aún más, la crisis que vive la televisión nacional.

Ésta posibilidad es casi un hecho una vez entren en vigor las reglamentaciones que traerá el TLC. No es casual, por tanto, la preocupación manifiesta de las dos grandes cadenas privadas del país(3), pulpos criollos que una vez eliminadas todas las competidoras, ahora muestran su terror por la llegada de las multinacionales.

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La pantalla se inundará de más enlatados si se impone el TLC. Pero si esto no sucede, ¿quién nos garantiza que ahora sí contemos con una televisión de calidad? Sin interés por lo nacional, por las culturas regionales, por las minorías, sin respeto ni estímulo a las pequeñas productoras, continuaremos padeciendo malas copias e ingresando a la intimidad de «famosos» y otros que nada tienen que mostrar al país más que su afán de ganar otro tanto de dinero.

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[1] 1 Jesús Martín Barbero y Sonia Muñoz, Televisión y Melodrama, Producciones como Gallito Ramírez, Sigo siendo el rey, Caballo Viejo, rompieron con los esquemas y argumentos de lo que existía en ese momento. 2 Ma. Del Rosario G. Prieta Eibl, Reality shows: invasión a la intimidad personal 3 Para Paulo Laserna, presidente del canal Caracol, el TLC es absolutamente inconveniente para la televisión, pudiendo generar una pérdida de la identidad, porque es desculturizador. Entrevista El tiempo, 24/10/04