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Gladys Marin

A fuerza de vivir su vida con la irreductibilidad de una eterna rebelde, la dirigente comunista chilena Gladys Marín llegó a su último día convencida de que otro mundo mejor es posible y necesario.

Su muerte ocurrió en la madrugada de hoy en la capital

chilena tras librar con entereza una batalla de casi año y medio contra el cáncer. Gladys Marín Millie nació el 16 de Julio de 1941 en la ciudad de Curepto y recibió su carné de las Juventudes Comunistas (JJ.CC.) a los 16 años, cuando estudiaba magisterio en Santiago de Chile.

Poco después era elegida presidenta de la Federación de Estudiantes Normalistas y encabezaba las luchas por modificar los obsoletos criterios pedagógicos de las Escuelas Normales de su país.

Tras titularse de maestra comenzó a trabajar en un centro para niños con deficiencias mentales. A sazón era miembro del Comité Regional Capital de las JJ.CC. y estaba ligada a la organización de maestros de la Sexta Comuna.

En 1960, cuando el Partido Comunista de Chile (PCCh) salía de 10 años de ilegalidad debido a una llamada Ley de Defensa de la Democracia, Gladys fue elegida miembro del Comité Central de las JJ.CC.

Tres años más tarde era una de las dirigentes del Comando Juvenil de Salvador Allende, que promovía en diversas ciudades chilenas iniciativas como la construcción de parques infantiles, canchas deportivas y lugares para pasear o bailar.

En 1963 contrae matrimonio con Jorge Muñoz Poutays, entonces estudiante de ingeniería, y es elegida secretaria general de las JJ.CC, al frente de las cuales libra grandes batallas por la reforma universitaria y en solidaridad con el pueblo vietnamita.

En 1965 sale diputada por el segundo distrito de Santiago, que comprendía varias comunas de clara composición proletaria. Reelegida con una alta votación, la joven sólo cesa en el cargo a raíz del golpe militar de 1973.

Antes, ha dado una importante e infatigable contribución al gobierno de la Unidad Popular, cuyo líder, Salvador Allende, había triunfado en las elecciones nacionales de septiembre de 1970.

Tras la asonada militar, Gladys pasa a la clandestinidad y a fines de 1973, por decisión del PCCh y contra su voluntad, se asila en la embajada de Holanda en Santiago, donde permaneció ocho meses debido a que la junta golpista le negaba el salvoconducto.

En el exilio asume las tareas de la solidaridad con la causa chilena y recorre diversos países para denunciar los crímenes de Augusto Pinochet.

Estando en Costa Rica en 1976, conoce de la detención de su esposo, quien era miembro de la Comisión Política del PCCh y cuyo paradero jamás se pudo conocer.

A inicios de 1978 regresa clandestinamente a Chile y encabeza el trabajo de resistencia y dirección del Partido en el interior del país. En 1984 es elegida subsecretaria del PCCh y en 1994, en el XX Congreso de la organización, secretaria general (presidenta).

En junio de 1998 fue proclamada candidata a la presidencia de la República como parte de la intención del Partido de armar un movimiento político y social generador de profundos cambios estructurales en Chile.

Antes, en 1997, Gladys había sido candidata a senadora por la circunscripción senatorial poniente de Santiago con una votación que la ubicó en el octavo lugar nacional.

Si no salió electa fue debido al denominado sistema binominal que impedía a las fuerzas de izquierda tener representación parlamentaria.

En septiembre del 2003 a la infatigable luchadora le fue diagnosticado un tumor cerebral en la cabeza. En octubre viajó a Estocolmo, Suecia, donde fue intervenida quirúrgicamente.

A mediados de ese mes se informó que el tumor era un glioblastoma multiforme y que volvería a crecer inexorablemente en la misma zona. El 19 de octubre Gladys viajó a Cuba para iniciar un proceso de rehabilitación.

En marzo de 2004 el presidente Fidel Castro le impuso la orden José Martí, la más alta distinción del Estado cubano.

“Comencé mi militancia enamorándome de la revolución cubana, de su humanismo, de su claridad. Para la juventud chilena, Cuba era un mito y una confirmación de nuestros sueños, de nuestras esperanzas e intuiciones”, dijo Gladys ese día.

“Llevo esta Orden -señaló- como una estrella que nos alentará diariamente”.

Unos días después la presidenta del PCCh regresó a Santiago de Chile, donde fue recibida por cientos de miles de personas.

Tras un par de nuevas visitas a Cuba en el 2004, en una de las cuales fue operada de una necrosis de tejidos, Gladys volvió definitivamente a su patria en diciembre de ese año.

Allí, acompañada de sus hijos Alvaro y Rodrigo, de amigos y de dirigentes del Partido al que consagró su vida, de seguro Gladys Marín encaró la muerte como una vez sentenció que los revolucionarios debían afrontar al mundo: con irreverencias y protestas.