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Jorge Giordani

El crecimiento se refiere a un aspecto que tiene un alto sesgo cuantitativo. Si este fuese nulo nos encontraríamos bajo un estadio estacionario, cuándo el mismo resultare negativo implica aspectos de carácter recesivo, especialmente si se mantiene en el tiempo de manera considerable. Finalmente si el crecimiento fuese positivo expresaría la economía una cierta vitalidad la cual puede durar un cierto período.

Al tratarse del desarrollo la situación se hace más compleja dado que aparte de los términos estrictamente cuantitativos, se integran otros muchos de tipo cualitativo que merecen la máxima atención y consideración. De allí la necesidad de tener en cuenta la calidad de la producción, su relación con la población, y todo lo que ha sido dicho entorno a esa extensísima literatura referida al Desarrollo, en negrillas y letra cursiva para abrir una discusión que no se cierra ni aún, ni con poco, en los tiempos actuales de principios de un nuevo milenio.

En el caso venezolano, hoy y aquí, las últimas cifras suministradas por el Banco Central de Venezuela correspondientes al cuarto trimestre del 2004 permiten una discusión acerca de si aún nos encontramos en una fase de recuperación o si bien ya se ha entrado apenas en los inicios de una de crecimiento económico. Polémica interesante desde el ángulo académico, pero que de repente parecería tener un menor interés para quienes deben tomar decisiones en la realidad, tal de hacer que dicho crecimiento continúe en el tiempo de manera permanente. De allí, el análisis del devenir del fenómeno del crecimiento en un horizonte temporal de corto, mediano y largo plazo y la conveniencia de entender cuales factores prevalecen en su dinámica particular.

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Ya hemos afirmado la necesidad de revertir el ciclo de decrecimiento que ha tenido la economía venezolana en las últimas cuando menos tres décadas, de cómo cambiar dicha tendencia para alcanzar niveles de inversión que permitan modificarla. Este fenómeno escapa a la posibilidad de ser resuelto en un muy corto plazo, particularmente al observar la inmensa deuda social acumulada.

A lo largo del presente período de gobierno esa preocupación se ha transformado en ocupación, en acción inmediata, particularmente durante los dos últimos años con la presencia de las Misiones sociales que han permitido no sólo cambiar el rumbo de una política social compensatoria a otra de carácter más activo; sino también el proporcionar bienes y servicios básicos a una población excluida de toda posibilidad de participar en el proceso productivo, en particular, y en la sociedad, en general.

De allí sin duda uno de los éxitos políticos y sociales que vivió el país en los eventos electorales del 15 de agosto y el 31 de octubre pasados.

El crecimiento del producto interno bruto (PIB) en el cuarto trimestre del 2004 de 11,2% permitió cerrar todo el año con una tasa de 17,3%. Nada desestimable desde cualquier perspectiva, aún la de aquellos que solamente observan lo que le falta al vaso para llenarse. Cinco trimestres sucesivos desde el cuarto del 2003 con un crecimiento que abarca sucesivamente a todo el año 2004, desde un 6,6% en el mencionado cuarto del 2003, a un 34% en el primero del 2004, 14% en el segundo, 14,1% en el tercero para concluir con el mencionado crecimiento de 11,2% en el más reciente trimestre de ese año.

Quedaron atrás los siete trimestres sucesivos del 2002 y del 2003. Y más atrás todavía los ocho que cubrieron completamente el 2000 y el 2001. Recuperación si, dado que se retornó sobre una senda interrumpida desde finales del 2001 cuándo el ataque perpetrado a la institucionalidad creada en 1999 quedó marcada con el impacto de misíles de varios megatones de energía.

Durante el cuarto trimestre del 2004 debemos notar el vigor del crecimiento del sector no petrolero privado con un 18,8% lo que viene de nuevo a desmentir las voces agoreras de la oposición política venezolana. El peso relativo de ese sector de un 58,2% hace que la incidencia del mismo en el total del PIB del trimestre sea de 63,2%, casi 11 puntos del 17,3. Pero es que el PIB no petrolero público también creció en un 14% y dado su peso relativo de un 17,1% permitió una incidencia de 13,8% del total. Ambos sectores no petroleros, público y privado, sumaron al total el 74,4%, casi tres cuartos de lo observado durante el trimestre.

Debe destacarse igualmente que para el año completo 2004 el crecimiento observado para el sector privado fue de 18,6% superando al promedio de 17,3%.

Dentro de los aspectos sectoriales también de señalar a la manufactura la cual tuvo un crecimiento durante el cuarto trimestre del 2004 de 16,3% superior a la media de la actividad no petrolera con un 14%. Para todo el año 2004 este patrón se reproduce al alcanzar 25,7% versus un 18,8% del total.

En el caso de la manufactura correspondiente al sector privado se repiten en parte esas relaciones. Para el cuarto trimestre el crecimiento fue de 16,3% en relación a la media de crecimiento de la actividad petrolera de un 14%, mientras que para todo el año 2004 el crecimiento de la manufactura privada fue de un 25,7% comparado con un 18,8% del PIB de la actividad no petrolera del mismo sector.

Otro sector que mantiene un crecimiento significativo aún con un cierto retardo respecto al resto es el de construcción. Durante los cuatro trimestres del 2004 mantuvo tasas positivas de 42,4%, 30,3%, 41,6% y 18,1% en el cuarto trimestre. Anualizada respecto al 2003 la tasa de su PIB fue 31,8% muy superior también al 18,8% del total ya mencionado. Si observamos el volumen físico ejecutado durante los años 2003 y 2004 fue inferior y casi la mitad de aquellos valores que se tuvieron durante los años 1999 al 2002 inclusive.

Todo ello permite pensar que la capacidad se encuentra muy por debajo de lo alcanzado en años anteriores, y de esto el poder predecir, en base a los esfuerzos que se han realizado y se continúan haciendo, que dicho potencial incidirá positivamente en el próximo crecimiento a observar en los trimestres por venir.

Debe hacerse mención también a dos componentes de la demanda agregada interna. Por un lado, el consumo final privado que se ha mantenido durante el año 2004 a una tasa de crecimiento de 16,6%. Por otro lado, la inversión bruta fija la cual tuvo una tasa de crecimiento para el año de 43%. Dentro de este crecimiento de la inversión el crecimiento en el rubro de maquinarias y equipos fue de 73,4%, y para los vehículos una tasa impresionante de 122,2% anual. Tales factores contribuyeron a un crecimiento de la demanda agregada interna en promedio de 27,9% para el año 2004.

Cifras, tasas y referencias que muestran apenas un aspecto de esta recuperación que empieza a transformarse en crecimiento. Según algunas proyecciones que se reconocen como posibles para el año 2005 puede lograrse un crecimiento que al menos puede encontrarse dentro de un rango entre un 5 y 6%. Sin entrar en la discusión de los modelos teóricos que explican el crecimiento, aún insatisfactorios por cierto, algunos datos empíricos los cuales nos hemos permitido mencionar, permiten inducir un período de crecimiento que podrá superar varios trimestres en el horizonte. En esta perspectiva nos ubicamos tratando que ese crecimiento continuado, en concordancia con la política de inclusión social permita encaminarnos por la ruta de un verdadero desarrollo.

Nuevos retos

Las sociedades a través de su propia historia transitan diversos caminos y van encontrando vías de convivencia. Son avatares difíciles algunos y menos traumáticos otros.

No hay duda de los momentos vividos por los venezolanos a partir de la arremetida que comenzó a finales de diciembre de 2001 que puso en jaque la paz y tranquilidad de todos. Sectores poderosos con inmensos privilegios y apoyados con recursos externos sembraron intranquilidad a costa de mantenerse por cualquier medio. Consideraban suyo el territorio, pretendían dominar a su antojo la renta petrolera, buscaban seguir acumulando riqueza a espaldas de la mayoría.

Con pérdidas ingentes la producción petrolera fue paralizada, situaciones inconcebibles se sufrieron hasta escasear lo que era impensable, la gasolina. Todo ello y mucho más ocurrió. Pero de nuevo Venezuela volteó la página, dejando atrás a estas elites, el pueblo tomó la calle, adquirió conciencia de sus derechos, y volvió a derrotar de nuevo viejas pretensiones, antiguos privilegios, así se hizo protagonista de su propio destino.

La derrota sufrida por quienes haciendo uso de un derecho constitucional, que les fue difícil de aceptar en su momento, ha permitido abrir cauce para nuevos retos. Un primero se deriva de la necesidad de acatar los principios constitucionales que se negaron en abril de 2002. La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV) sometida a prueba dictó pauta en su articulado acerca de los derechos refrendarios. El artículo 72 se aplicó en el proceso finalizado el 15 de agosto de 2004 con una victoria que ratificó la continuación del gobierno actual hasta la finalización de su período constitucional.

De nada valieron los intentos que se dieron a partir de diciembre de 2001 para poner de lado la CRBV. El pueblo venezolano soberanamente selló la situación dando nuevamente otra lección de dignidad. Privó la Constitución y relegitimó a las autoridades libérrimamente elegidas. Reafirmación constitucional es la primera lección que se deduce de tal acto. El reto de su profundización, dentro de la Constitución todo, fuera de ella nada fue lema que corrió abundantemente el país antes del proceso refrendario.

Un segundo reto se encuentra en la recomposición del tejido social. La base que apoya el proceso de cambio dio lecciones importantes. La emoción colectiva que se vivió dentro del proceso refrendario a partir de organizaciones políticas, la novedosa presencia de las Misiones sociales, las organizaciones sociales mismas, y la infinidad de formas organizativas que desarrolló la población venezolana constituyeron un ejercicio novedoso que no podrá dejarse de lado en el futuro cercano.

Todo ello dentro de la Constitución Bolivariana y en el marco de un proceso constituyente que sigue su marcha. El camino del desarrollo requiere no sólo de modificaciones en el aparato productivo que conduzcan al crecimiento social, también los actores deben consolidar sus fuerzas para crear viabilidad y darle continuidad a los cambios que han sido propuestos. Fácil sería decir que se hace camino al andar, pero es que el tránsito de lo que comenzó el 6 de diciembre de 1998 tiene un legado difícil de ocultar.

El empoderamiento adquirido por los sectores populares venezolanos ha demostrado que no permitirá retrocesos. En ese andar ya hemos visto la recuperación, empezamos a observar el crecimiento y con seguridad, dada la tenacidad mostrada por el mismo pueblo venezolano, vendrá el desarrollo acompañando lo que hoy son sacrificios y seguramente mañana serán retos transformados en realidades.