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Muerte de Juan Pablo II

El «Opus Dei» quedó huérfano: sus consecuencias para Rusia y para el mundo

Con la muerte de Juán Pablo II muchos quedaron huérfanos, pero se debe reconocer que el principal huérfano es el "Opus Dei" - la obra más predilecta del fallecido Papa de Roma-, esa única diósesis católica sin límites.

| Moscú (Rusia)
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El Papa Juan Pablo II visitando España.

Con la muerte de Juán Pablo II muchos quedaron huérfanos, pero se debe reconocer que el principal huérfano es el "Opus Dei" - la obra más predilecta del fallecido Papa de Roma-, esa única diósesis católica sin límites. Me tocó en suerte entrevistarse en muchas ocasiones con sus representantes tanto en el extranjero como en Moscú.

Juán Pablo II precisamente creó de la organización marginada y revolucionaria sui generis del mundo católico una poderosísima fundación que en dependencia de las simpatías o antipatías se califica de "grupo de santos", "soldados del Papa" o de "mafia sagrada".

El "Opus Dei" fue la principal respuesta del fallecido Pontífice a los cambios alarmantes para los cristianos que se operan en el mundo contemporáneo. Ya en su mensaje apostólico de 1995 el Papa escribía: "Que no sea suprimida la Cruz de Jesucristo, pues de ser suprimida, el hombre no tendrá raíces ni perspectivas, será nulo.

Es el grito desesperado de las postrimerías del siglo XX, el grito de Roma, Constantinopla y Moscú". El llamamiento tan desesperado obedecía no sólo a que el mundo cristiano comenzaba a perder sus posiciones, por ejemplo, frente a la intensa ofensiva misionera del Islam, sino también porque el mundo basado en el lucro y la injusticia social, inmoral desde el punto de vista cristiano, comenzó a triunfar.

Estos días uno de mis colegas, al comentar la muerte de Juán Pablo II, escribió que los rusos le recordarían como luchador contra el comunismo. Es verdad. Pero si mis conciudadanos conociesen poco más al Pontífice, en su memoria quedaría grabada la imagen no sólo de luchador contra el totalitarismo, sino también de defensor infatigable de la justicia social.

Precisamente en vida de este Pontífice, en el polo contrario al "Opus Dei", con la bendición de Karol Wojtyla, se desarrollaba el ala izquierda del catolicismo: la "Teología de la Liberación", con cuyo autor el peruano Padre Gutiérrez me entrevisté también por más de una vez.

Karol Wojtyla, siendo niño, soñaba con ser portero de fútbol y más tarde actor, lo que hoy recuerdan con frecuencia, pero no se debe olvidar que al estudiar la teología trabajaba también en la cantera y conoció perfectamente la vida de las capas menesterosas y el peso del pico que manejaban los obreros.

Consideraba que era necesario luchar contra la pobreza, aunque, naturalmente, no imitando los métodos de los bolcheviques. En estos esfuerzos el Papa contó con la ayuda del "Opus Dei", cuyo fundador San José María Escrivá, ya en 1928, en la España católica conservadora, abrió nuevos caminos de "santidad", este importantísimo dogma de cualquier Iglesia y religión.

Según la idea de San Escrivá, todos los hombres y mujeres pueden alcanzar la santidad. Y, además, para ello no es necesario encerrarse en un convento, mortificar la carne ni alimentarse de saltamonteses secos.

Todo lo contrario. Retirarse del mundo de tentaciones habiéndose recluido en la celda, es mucho más fácil que vivir en el mundo conservando su honradez y fe. Intente alcanzar la santidad en la vida sin dejar de ser buen hogareño, hombre de negocios o jurista, ofrecía Escrivá. La doctrina, sea elaborada por un católico, es, no obstante, plenamente conveniente para el mundo contemporáneo de Rusia y de muchos otros países impregnados de corrupción y demás inmundicias.

Si una gran parte de su vida San Jose María Escrivá era marginado, pues durante el pontificado de Juán Pablo II, el fundador del "Opus Dei" recorrió impetuosamente el camino desde enfant terrible del Vaticano hasta el santo canonizado por la Iglesia. El Papa vio en sus ideas un nuevo atractivo para evangelizar el mundo de hoy.

Naturalmente, el Papa comprendía muy bien que el camino que un hombre de negocios o un jurista tendría que recorrer para alcanzar la santidad, es escabroso y largo. Pero es importante darle un empujón por las espaldas. En vida de Karol Wojtyla aumentó en flecha el número de cardinales, obispos y simplemente sacerdotes adeptos al "Opus Dei".

Por ejemplo, ya en 1991, cuando en ocasión de la fiesta de Santa Trinidad el Papa beatificó a 61 sacerdotes, 20 de ellos resultaron miembros de su diósesis predilecta. No se descarta la posibilidad de que en el próximo Cónclave que elegirá a un nuevo Pontífice, el "Opus Dei" no escatimará esfuerzos por asegurar la victoria de su partidario. La fundación "Opus Dei" tiene el chance.

¿Se refiere todo ello a Rusia? Sí, indudablemente. Por más de una vez las ideas demostraron hasta qué punto eran cosa material. Y hasta qué punto las ideas no reconocen los postes fronterizos. Máxime que desde el principio mismo el "Opus Dei" se concebía como "diósesis sin fronteras". Vale la pena recordar también el pasado. No se sabe aún quién cultivó en el terreno ruso más ateos: el comunismo o las ideas de Voltaire. Entretanto, ellas acudieron a Rusia con el pasaporte de turismo.

¿Habrá la pena tener miedo a las concepciones ideológicas del "Opus Dei"? No lo creo. No es necesario abrazar el catolicismo en el país ortodoxo por excelencia; tampoco es obligatorio en el siglo XXI encerrarse en los conventos para ponerse a salvo de las tentaciones mundanas.

Pero ser honesto, o, por lo menos, emprender tal intento, no estaría de más para nadie, ni para el hombre de negocios ni para el jurista. Incluido el nuevo ruso. También por esta razón lloramos la muerte de Karol Wojtyla. ¡Tal vez su noble idea pueda surtir cierto efecto!

Fuente
RIA Novosti (Rusia)

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