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Karen Hughes (en la tribuna) en Kabul, Afganistán, en compañía de Paula Dobriansky, subsecretaria de Asuntos Globales (febrero de 2004).

El 14 de marzo de 2005, el presidente George W. Bush nombró a Karen Hughes subsecretaria de Estado para la Diplomacia Pública. El cargo estaba vacante desde la renuncia, en el verano pasado, de Margaret DeB. Tutviller.

En el lenguaje políticamente correcto de Washington, la expresión «diplomacia pública» se refiere a las acciones en que se busca influenciar a la opinión pública extranjera. En los diccionarios británicos, esta expresión aparece como sinónimo de «propaganda».

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Harold R. Parfitt

Karen Hughes es la hija del mayor-general Harold R. Parfitt. Nacida en 1956, cuando su padre estaba destacado en un cuartel en París, pasó toda su infancia y su adolescencia en bases militares estadounidenses. En 1965, el mayor-general es nombrado gobernador adjunto y posteriormente gobernador de la Zona del Canal de Panamá y vicepresidente de la Canal Company.

Con excepción del período 1968-75, en que sirvió en Vietnam y después en el Pentágono, permanece en la Zona del Canal hasta que hasta este fue devuelto a la soberanía y administración del Panamá, el 30 de septiembre de 1979.

Karen Hughes se crió, por consiguiente, en un campamento donde no se aplicaba ninguna ley, ni siquiera la Constitución de Estados Unidos. Allí regía solamente la voluntad de su padre, el gobernador. En un ambiente colonial, una división en clases separaba estrictamente a los «gold», o sea, los militares estadounidenses, de los «silver», es decir, los numerosos empleados domésticos panameños.

Es importante señalar que en la base se encontraba la siniestra School of Americas, donde decenas de miles de militares latinoamericanos se adiestraban para la lucha contra el comunismo [1].

Allí mismo, además de los cursos ideológicos, la escuela brindaba una formación en técnicas de tortura. La joven Karen no era en lo absoluto responsable de ese modo de vida racista y de esas atrocidades. Más tarde hubiese podido separarse de todo aquello. Nunca lo hizo.

En los años 70, las asociaciones feministas logran promover una enmienda constitucional a favor de la igualdad en el trabajo. Gracias a esa lucha, la Federal Communications Commission (FCC) vigila minuciosamente los desequilibrios existentes entre hombres y mujeres en la televisión.

Las cadenas se ven obligadas a contratar masivamente mujeres periodistas y a pagar los salarios atrasados a aquellas de sus empleadas cuyas remuneraciones eran inferiores a las de los hombres. Este período brinda numerosas oportunidades a jóvenes ambiciosas, sin que pueda decirse que obtienen su cargo por sus cualidades o por el respeto a las cuotas fijadas.
Karen Hughes se convierte así en periodista audiovisual, oficio en el que no será recordada [2].

En 1984, Karen Hughes cambia de lado del escenario. Se une al equipo de campaña Reagan-Bush, como responsable de relaciones públicas, y así conoce a Bush «Junior». Para la Sra. Hughes, esta experiencia es decisiva: acaba de encontrar su camino. No volverá más al periodismo, prefiriendo dedicarse a la comunicación política.

Asimismo, después de este episodio, Karen Hughes participa en diversas campañas electorales locales hasta 1992, fecha en que es contratada como directora ejecutiva del Partido Republicano de Texas.

Naturalmente, se convierte en vocero del candidato George Bush Junior, que aspira a ser gobernador del Estado. Muy pronto trabaja junto a Karl Rove: ella se ocupa de las relaciones públicas y él de los golpes bajos. Este dúo infernal llega a convertir en ganador a una figura que, fuera del hecho de que su padre era ex presidente de los Estados Unidos, no parecía preparada para este tipo de mandato.

Para esta campaña, la Sra. Hughes utiliza todos los argumentos que considera eficaces, como condenar las nominaciones -efectuadas por el gobernador saliente- de gays y de lesbianas en el gobierno local, e intensificar la lucha contra el aborto. Este mismo papel, y con el mismo éxito, lo desempeñará de nuevo cuando Junior ambiciona llegar a la Casa Blanca. Ella adivina tan bien los papeles que él quiere desempeñar, que él ve en ella a su alter ego.


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A bordo del avión presidencial Air Force One con George W. Bush y Karl Rove


Cada vez más escuchada por George W. Bush, dirige muy pronto el sector de relaciones públicas de la presidencia. En septiembre de 2001, supervisa los minutos de silencio en memoria de las víctimas de los atentados.

Más tarde, junto al publicista John Rendon, crea el Coalition Information Center que logrará hacer creer a la opinión pública que Estados Unidos ataca a Afganistán para capturar a Osama Ben Laden y así hacer justicia.

Es también ella quien concibe la Office of Global Communications (Oficina de Comunicaciones Globales), cuyo funcionamiento revelamos en estas columnas mucho antes de que fuese documentado por la comisión Butler [3].

En todo caso, la Sra. Hughes deja la Casa Blanca a fines de 2002, oficialmente para dedicarse a su vida familiar. Pero este alejamiento no le impide participar todas las semanas en las reuniones del White House Iraq Group (WHIG) y emitir sus consejos sobre cómo hacer creer a la opinión pública que Estados Unidos ataca a Irak para confiscar allí sus armas de destrucción masiva.

El distanciamiento tampoco le impide dirigir las relaciones públicas en momentos de crisis para la Casa Blanca, como cuando Paul O’Neill publica un libro devastador para el equipo presidencial, o cuando familias de las víctimas del 11 de septiembre reprochan al Bush el haber utilizado videos de los atentados en los cortos publicitarios de su campaña por la reelección.

Con un control total de todo lo que dice, a pesar de una agresividad desbordante, Karen Hughes se ha especializado en reparar los disparates verbales del presidente sin caer a su vez en ellos; aparte de algunas imprudencias como sus declaraciones de que los partidarios del aborto eran más peligrosos que los terroristas.

Su nombramiento como subsecretaria de Estado para la Diplomacia Pública fue propuesto por James Baker III [4], quien controla este cargo en el que había situado anteriormente a su ex amante Margaret DeB. Tutwiller [5].

Edward Djerejian, director del Institut Baker y autor de informes sobre la Diplomacia pública, hizo algunos comentarios a los medios masivos de comunicación: «Queda mucho por hacer. Cuando se derrumbó la Unión Soviética, creímos que las guerras ideológicas habían terminado y desmantelamos nuestras herramientas de comunicación internacional. Desde entonces nada nos ha salido bien» [6].

También presente en su nombramiento, el publicista David Morey aclara: «La verdad es la mejor propaganda del mundo; por eso su trabajo será decir la verdad como propaganda, y hacerlo hábilmente, y creo que ella lo logrará» [7]. Así que ya estamos avisados.

[1] Ver: Anuario interno de los graduados en la Escuela de las Américas, biblioteca del Réseau Voltaire (en francés).

[2] BushWomen, Tales of a Cynical Species por Laura Flanders, Verso, 2004.

[3] «Les États-Unis et le Royaume-Uni font propagande commune» (Los EEUU y el Reino Unido hacen su propaganda juntos), texto en francés, por Thierry Meyssan, Voltaire, 21 de enero de 2003.

[4] «James Baker III, un ami fidèle» (James Baker III un amigo fiel) texto en francés, Voltaire, 16 de diciembre de 2003.

[5] «Vendre la démocratie de marché» (vender la democracia de mercado) texto en francés, Voltaire, 13 de febrero de 2004.

[6] «Much needs to be done. When the Soviet Union collapsed, we thought the ideological wars were over and dismantled our international communications capability. Ever since, we really haven’t gotten it right». Citado en «Karen Hughes picked to polish U.S. image» por Julie Manson, diario de TexasHouston Chronicle, 15 de marzo de 2005.

[7] «Truth is the best propaganda around the world, so it will be her job to tell the truth as propaganda, and do that in a very skillful way, and I think she’ll do that». Citado en «Hughes Is Picked for Image Job» por Paul Richter, diario Los Angeles Times, 15 de marzo de 2005.